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Ocio y Cultura

MUSEOS

La genial obra de Pablo Gargallo halla refugio en Montemuzo durante la Expo

El palacio zaragozano exhibe desde ayer 61 piezas del gran escultor aragonés, cuyo museo está en obras. La exposición se puede visitar hasta el 21 de septiembre

"Creo que ya puedo estar tranquilo, ya he conseguido lo que quería". A Pablo Gargallo, el gran escultor nacido en Maella en 1881, le llevó treinta años de carrera poder escribir esta frase, en la que aludía a su escultura "El profeta". Y eso que, desgraciadamente, murió en 1934, antes de que esa obra llegase a fundirse en bronce, como era su deseo y como hoy día la podemos contemplar. Ahora, esa pieza magistral de madurez se puede ver de nuevo en Zaragoza, en el palacio de Montemuzo, junto con otras 60 esculturas de Gargallo.

Afortunadamente, la Fundación La Caixa y el Ayuntamiento de Zaragoza se han puesto de acuerdo para que el magnífico trabajo de este artista esté en la capital aragonesa durante la Expo, a pesar de que el Museo Pablo Gargallo siga cerrado porque las obras de remodelación se han prolongado más de lo previsto.

Otro hermoso y céntrico palacio renacentista, el de Montemuzo, situado en la calle Santiago (entre la calle Don Jaime y la plaza del Pilar) es en estos momentos un marco idóneo para albergar temporalmente (hasta el 21 de septiembre) las obras de Gargallo, repartidas entre el patio, unas salas de la planta baja y la galería del primer piso.

Estas piezas, como recordó ayer el secretario de la Fundación La Caixa, Lluís Reverter, han estado desde el cierre del Museo Gargallo difundiendo el genio del escultor por diversas ciudades (Salamanca, Santander, La Coruña, Las Palmas, La Laguna) y viajarán a Málaga en otoño.

Clásico, vanguardista, único

"Gargallo no es cubista, ni surrealista, ni expresionista... Es Gargallo. Hay grandes individualidades cuya capacidad creativa ha hecho que avance la historia del arte, y Gargallo es una de ellas", decía ayer Rafael Ordóñez, jefe del Servicio de Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza y comisario de la exposición inaugurada ayer. Ordóñez, que ejerció de guía en la primera visita, fue desgranando las claves de la obra del artista maellano, que a lo largo de su trayectoria combinó la creación de piezas de corte clasicista con originalísimas esculturas experimentales en las que no solo usó el cobre, el plomo y el bronce como materias primas... sino también el vacío. De hecho, su gran aportación a la vanguardia escultórica fue precisamente la incorporación de los huecos para sugerir volúmenes, logrando con unos trazos mínimos de materia configurar espectaculares figuras, como el mencionado "Profeta".

Gargallo se formó como artista en Barcelona, donde su familia se había trasladado a vivir, y fue allí donde recibió los primeros encargos, que le convirtieron en un artista respetado. Sus estancias en París lo acercaron a destacados artistas de vanguardias, entre ellos Picasso (cuya cabeza esculpió y al que usó como modelo desnudo para "El aragonés"), y le ayudaron forjar su propio estilo. Gargallo es sobrio y sensible en sus obras más "clásicas" (como sus deliciosas maternidades), imaginativo en sus máscaras de recortes metálicos y genial en sus trabajos con el vacío, como muestran "Homenaje a Chagall" o la cabeza de "Kiki de Montparnasse".

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