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Ocio y Cultura

HISTORIA

Agustina de Aragón, el mito de la heroína del Portillo

Tal día como hoy, de hace dos siglos, comenzó a fraguarse la leyenda de una mujer que contribuyó, con otros numerosos y aguerridos combatientes zaragozanos, a que la lucha heroica de la ciudad contra el enemigo invasor despertase las conciencias y las simpatías de otros pueblos y de otras naciones. A pesar de eso, no está previsto ningún acto conmemorativo de esta efeméride.

"Personajes históricos como Agustina de Aragón representan la vertiente más romántica de la guerra, a pesar de la crueldad de aquellos acontecimientos", asegura José Antonio Armillas, comisario del Bicentenario de los Sitios de Zaragoza.

La figura de esta mujer, sin embargo, puede haberse agrandado más de lo que por sus méritos merecía, según algunos historiadores y estudiosos. Entre ellos, el cronista y escritor Mariano Faci, quien afirma que tanto la figura de esta mujer como la del general Palafox -al que califica del "peor estratega militar" de los Sitios de Zaragoza- se han magnificado y han pasado a la historia como grandes héroes por la necesidad que tienen los pueblos de verse reflejados en personajes que atesoran las virtudes que anhelan.

El caso es que su participación en aquella refriega supuso el comienzo del mito, aunque estuviera en la puerta del Portillo por casualidad, porque la había mandado la condesa de Bureta a llevar víveres a los combatientes.

En la madrugada del día 1 de julio, se había registrado un incesante bombardeo que abrió varias brechas en la Aljafería y en el Portillo. Palafox, que había sido derrotado en Épila al intentar cortar las líneas de abastecimiento enemigas, volvió ese día con hombres de refuerzo para hacerse cargo de la defensa. Los franceses atacaron a la vez por la puerta de Sancho, por el convento de Agustinos y por el Portillo. Es aquí donde aparece Agustina Zaragoza, quien encuentra agonizante a uno de los artilleros de la batería y advierte que el gran cañón de "a 24" está listo para el disparo y prende fuego a la mecha. Sobre estos y otros sucesos de la contienda circulan más de una versión, aunque nadie discute que fue ella quien dispara la batería. Sin embargo, Mariano Faci otorga mucho más mérito al carretero de Vendrell Francisco Riera, quien, por caprichos del destino, se encuentra en esos momentos en Zaragoza y es reclutado con su vehículo para trabajar en la defensa de la ciudad. Este hombre muestra también un heroico comportamiento, según se desprende de su propio relato de los hechos que hace en un memorial dirigido a Palafox y que obra en poder de la Fundación Zaragoza 2008.

Para José Antonio Armillas, el comportamiento de Agustina no debió ser tan casual pues, al estar casada con un artillero y vivir siempre en guarniciones cerradas, debía estar muy familiarizada y al corriente del funcionamiento de los cañones y del trabajo de los artilleros.

El caso es que, a partir de ese momento, la noticia de estos hechos se va extendiendo por todo el mundo. En España, su hazaña es de sobra conocida. Prisionera tras la capitulación del segundo Sitio, el 20 de febrero de 1809, es conducida a Francia con su marido, que había llegado a Zaragoza con los refuerzos, y su hijo. Este muere en Ólvega, víctima de la epidemia y del cansancio. El párroco, al redactar la partida de defunción, recalca que es hijo de Agustina Zaragoza, la famosa artillera. Aún tuvieron otro hijo, de nombre Juan. En 1823 fallece su esposo, enfermo de tisis, y ella marcha a Almería, donde más tarde se casa con Juan Cobos, Barón de Cobos de Belchite, médico, y pasan a residir en Valencia, de donde van a Sevilla y luego a Ceuta, donde Agustina presta servicio en el Regimiento de Infantería Fijo de Ceuta como subteniente hasta su retiro por edad. Falleció en Ceuta el 29 de mayo de 1857 y fue enterrada allí.

En junio de 1870, el Ayuntamiento de Zaragoza consigue trasladar, con todos los honores, sus restos, que fueron depositados de forma provisional en el Pilar. En 1908, se instalaron definitivamente en la Capilla de las Heroínas de la Iglesia del Portillo, junto con los de Manuela Sancho y Casta Álvarez.

Realidad y ficción

Como ha puesto de manifiesto Ana María Freire, profesora de la UNED de Madrid, en la figura de Agustina, la realidad ha sido desfigurada por la leyenda, que ha dado origen al mito, al personaje protagonista de obras novelescas y teatrales, zarzuelas y películas.

Esta investigadora ha buceado en su expediente militar y en los datos aportados por la hija de la heroína en una novela histórica que aporta datos que explican y complementan algunos hechos que no habían sido conocidos o que no estaban completos.

En las artes

El heroico acto de Agustina fue inmortalizado por las artes plásticas. Francisco de Goya le dedicó uno de sus grabados de la serie "Los desastres de la guerra", titulado "¡Qué valor!" (imagen superior), en el que una esbelta figura femenina, de espaldas, aplica el botafuego a un cañón rodeado de artilleros muertos. En esta obra, según Armillas, Goya refleja a la perfección la grandeza del acto, enfrentando la delicadeza de su figura con el imponente cañón.

También Juan Gálvez pintó al óleo en un cuadro que la representa en actitud serena, con el brazo izquierdo apoyado sobre un cañón y el derecho extendido, sosteniendo un botafuego. Por su parte, Mariano Benlliure erigió en 1908 un monumento a Agustina que se colocó en la plaza del Portillo, muy cerca de donde tuvo lugar la hazaña que la hizo inmortal.

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