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PINTURA

La erosión y el erotismo de Julia Valdés

La pintora cubana expone en Zaragoza sus sensuales óleos y grabados, en los que se reconoce la herencia artística de creadores como Manolo Millares y Antoni Tàpies. Sus obras se podrán ver hasta el próximo 16 de julio en la galería Carmen Terrerros

Julia Valdés (Santiago de Cuba, 1952) conocía bien España, pero jamás había expuesto en Zaragoza. Y le encanta hacerlo, en la galería de Carmen Terreros, cuando la Expo 2008 inicia su impredecible aventura. Julia Valdés es una pintora de texturas, de planos, de transparencias y veladuras, una pintora que usa el collage y la estética de la arpillera, lo cual invita a pensar en afinidades creadoras con Manolo Millares y Antoni Tàpies, que "son mis pintores españoles favoritos. A mí me interesa hacer una pintura actual, contemporánea, que muestre mi personalidad desde la abstracción y el uso del color. Me interesa la materia misma, el soporte, porque el material refuerza mis intenciones y se expresa en sí mismo", señala esta artista próxima a una mística del vacío, de la ausencia y del paisaje.

Recuerda que siempre estuvo cerca del arte: su padre era escultor y profesor en Santiago de Cuba, realizaba retratos y volúmenes más o menos abstractos, y "en los últimos años de su vida trabajó mucho el mármol de Carrara y la madera. Todo ese mundo influyó en mi sensibilidad y en mi vocación". Su propio padre también realizó un arte de síntesis en el que se mezclaban las tradiciones que "nos conforman a los cubanos: la hispana, la asiática, la africana".

Julia Valdés empezó realizando cerámica, pero pronto se pasó a la pintura. Explica: "La pintura es una forma de comunicación y es un lenguaje, y a mí me interesa transmitir experiencias humanas desde la abstracción, como la erosión del tiempo -afirma-. La pintura me permite expresarme más allá de las palabras, más allá de los códigos locales, quizá por eso he optado por una obra más universal, lejos del costumbrismo o de la estética naïf tan nuestra. Cuando pinto percibo un placer sensual; por gustarme, me gusta hasta el olor de las pinturas".

La pintura de Julia Valdés también es una pintura de la luz y del claroscuro, con planos y horizontes, con cortes agresivos, con rupturas, y sin anécdota alguna. "Yo no hago literatura de la pintura. Pinto dos cuadros a la vez, y lo hago con rapidez. Avanzo, investigo, experimento. Creo que mi obra ofrece muchas lecturas: una vinculada con el tiempo, con la memoria afectiva en el tiempo y en el espacio, pero también hay una carga erótica: esas veladuras y transparencias sugieren la sensualidad, lo que está oculto, los pliegues del cuerpo. Incluso, con esos cortes dramáticos que suelo realizar con una antigua máquina de coser soviética, se puede pensar en una gran vagina". Julia Valdés es una enamorada de la luz española. Dice que le encanta dibujar y que ha ilustrado varios libros de autores cubanos. El estado de su corazón ante los cambios en la isla es "optimista". También trabaja el grabado, y en la muestra de la galería Carmen Terreros presenta una veintena de óleos y una amplia colección de monotipos.

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