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ARTE

El Guggenheim explora los enigmas de Juan Muñoz

Con 80 piezas, es la primera y más importante retrospectiva dedicada en España al artista fallecido en 2001. Incluye algunas de las obras más destacadas de un "ilusionista" que renovó el lenguaje escultórico del siglo XX.

Balcones solitarios, escaleras y ventanas ciegas, pasamanos con filo, multitudes risueñas y silenciosas, enanos parlantes o atentos al silencio. Cada pieza de Juan Muñoz (Madrid, 1953-Ibiza, 2001) encierra un enigma, una ilusión o una paradoja. Unos enigmas que explora la más extensa e intensa muestra dedicada por un museo español al prematuramente desaparecido creador, en cartel en el Guggenheim de Bilbao hasta el próximo al 5 de octubre.

Es la primera retrospectiva española de Juan Muñoz y llega desde la Tate Gallery a la ría de Bilbao para ratificar el creciente valor de uno de los artistas más capaces relevantes de su tiempo, renovador del lenguaje escultórico y que abrió nuevas vías al arte contemporáneo. "Un embaucador capaz de narrar con sus esculturas e instalaciones como Borges lo hacia con sus cuentos", asegura la comisaria de la espectacular muestra.

Reúne en la segunda planta del museo bilbaíno piezas muy diversas que ponen de relieve la enorme capacidad de Muñoz para crear tensión entre lo ilusorio y lo real e inquietar a un atónito espectador que observa y es observado. Recorre los casi veinte años de trayectoria creativa de Muñoz, de 1984 a 2001, a través de sus trabajos más destacados, obras poco conocidas en muchos casos que permiten lecturas inéditas de la compleja naturaleza de su proyecto artístico.

 

Comisariada por Sheena Wagstaff, conservadora Jefe de la Tate Modern que dirige Vicente Todolí, la muestra consta de cerca de 80 obras entre esculturas, instalaciones, dibujos, obras radiofónicas y escritos. Unas piezas que revelan aspectos poco estudiados del extenso e innovador registro de este singular creador prematuramente desaparecido y que, según Sheena Wagstaff "trabajaba como un mago, como un ilusionista que salpicaba todo lo que hacía con un gran sentido del humor".

Dualidad

Desde sus primeras obras arquitectónicas de los ochenta -escaleras, balcones y pasamanos situados en lugares imposibles- pasando por sus suelos ópticos en los que se desdibujan los límites del espacio y el tiempo, hasta sus instalaciones dramáticas y teatrales de su última época, la obra de Muñoz no dejó de sorprender e inquietar. En espacial sus escenografías, conformadas por grupos de figuras humanas a escala casi natural que evidencian la soledad del individuo en la sociedad. "En todas sus piezas -apunta la comisaria- hay una tensión y un dualidad entre el espacio privado y el público, entre el interior y el exterior".

 

Las obras e instalaciones de Juan Muñoz que rescata el Guggenheim se han dispuesto según el criterio de Carmen Giménez, quien le trató en Nueva York al inicio de su carrera y quien le presentó a Richard Serra, con quien Muñoz se ha reencontrado metafóricamente en el Guggenheim.

Las piezas de Muñoz se reparten por toda la segunda planta del Guggenheim y juegan con el espectador y sus sentimientos, provocándole desasosiego y acentuando la sensación de aislamiento tan característica del mundo contemporáneo. Su obra plástica evidencia su capacidad para proponer nuevas formas de contemplación y reflexión, insistiendo "en esa tensión borgiana entre lo fantástico y lo real", una manera de concebir sus trabajos que, según Sheena Wagstaff, "lo convirtió en uno de los grandes renovadores de la escultura contemporánea". "Se presentaba a sí mismo como un embaucador, un ilusionista que creaba mundos paralelos y que tuvo el valor de trabajar contracorriente y servirse de la figura humana cuando era un anatema, cuando al tendencia vigente era el minimalismo" resume la comisaria.

La muestra incluye una de las pieza que contribuyó a su consagración 'Many Times´ (Muchas veces, 1999) una inquietante reunión de un centenar de asiáticos sonrientes y sin pies. Figuras de "evocación goyesca y velazqueña", según Carmen Giménez, inmersas en un animada y silenciosa charla en la que el espectador querría entrar.

Sonidos

Juan Muñoz también se definía a sí mismo como "un narrador" y aplicó a sus obras tridimensionales ese carácter narrativo que superaba los límites de unas piezas que elaboró con papel maché, resina o bronce.

 

Grafómano impenitente, la palabra dicha o escrita y la imagen en movimiento jugaron también un papel crucial en su obra, de modo que salpicó su producción de piezas sonoras y audiovisuales. Entre ellas destaca 'A man in a room, gambling´ (Un hombre en una habitación, jugando) creada junto al compositor Gavin Bryars y difundida en su día a través de la Radio 3 de la BBC. También colaboró en sus piezas sonoras con el narrador John Berger y con el músico Alberto Iglesias.

La muestra, que se abre al público el martes, ha sido organizada por el Guggenheim de Bilbao en colaboración con la Tate Modern de Londres, esa 'catedral´ del arte contemporáneo que acertó a calibrar enseguida el enorme talento de Juan Muñoz y que le cedió su espacio mas emblemático, la sala de turbinas, para una de sus mayores y más inquietantes instalaciones, 'Doble bind´ (Doble atadura). Una Tate que se adelantó también a todos y ofreció entre enero y abril de este año esta gran retrospectiva del artista madrileño, fallecido en plena madurez a causa de un aneurisma hará en agosto siete años. En Londres 95.000 personas visitaron esta muestra que viajará después a Oporto y Madrid (Reina Sofía).

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