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ARTE URBANO

El grafiti resucita el túnel de Waterloo

"En sólo unas horas, con un par de centenares de botes de pintura espero que podamos transformar un agujero oscuro, olvidado y sucio en un oasis artístico". El deseo de Banksy se ha hecho realidad. Con la ayuda de una treintena de los mejores grafiteros del mundo, el artista urbano más famoso del Reino Unido y uno de los más cotizados del planeta, ha conseguido que el túnel de Leake Street, junto a la estación londinense de Waterloo, sea por fin transitable.

Hasta entonces, pocos osaban cruzar ese pasadizo decrépito. Ahora, se ha convertido en una atracción turística más desde que el negro de sus paredes se ha llenado de coloridas imágenes de nuestro tiempo. Hay espacio para todos: desde George Bush y Osama Bin Laden a Elvis, aunque con metralleta en lugar de guitarra, pasando por una Mona Lisa musulmana y una chocante imagen del Papa; o más bien, medio papa, pues la figura de Bendicto XVI, de tres metros de altura, se transforma de cintura para abajo en la de Marylin Monroe con su falda al vuelo y sus piernas al aire.

Mientras para algunos, estas obras, que podrán contemplarse hasta octubre, son arte, para otros es sinónimo de vandalismo. Bansky precisamente está liderando la batalla contra los ayuntamientos de Londres que quieren acabar con todas las pintadas sin distinción, porque "no pueden decidir si algo es arte o grafiti". Poco tiempo después de esa declaración, Bansky respondió con un nuevo mural, en el que un empleado municipal acaba con una pintura rupestre. Ésta imagen, como la del Buda con collarín o la del árbol del que brotan cámaras de seguridad, alegran ahora el túnel de Waterloo; para ver sus otras obras, basta callejear por la capital británica.

Portavoz de la protesta

Cada vez que se descubre una nueva pintura de Banksy es noticia. Este artista, acogido con simpatía por el ciudadano de a pie, se ha convertido en cierto modo en un portavoz de la protesta contra una sociedad de consumo, vigilada las veinticuatro horas del día. Lo curioso es que nadie sabe con exactitud quién se esconde detrás de este joven con capucha; incluso su agente asegura que nunca le ha visto. Se cree que su verdadero nombre es Robert o Robin Banks y tiene 34 años. El pasado mes de octubre un individuo le pilló con las manos en la masa y lo fotografió con su móvil. Y aunque después su imagen dio la vuelta al mundo, eso ni siquiera ha restado fascinación por este artista que cuenta entre sus admiradores a actores de Hollywood, como Angelina Jolie o Brad Pitt. Y es que el mismo 'establishment' que Bansky satiriza le ha acogido con entusiasmo.

Esta exposición es una prueba de que el arte urbano se ha hecho un hueco en el Reino Unido. Tanto es así, que incluso la Tate Modern ha decidido ceder su fachada para que seis artistas del grafiti, incluido el barcelonés Sixeart, hagan de ella lo que se les antoje. Para ver el resultado habrá que esperar al 23 de mayo. Mientras, el túnel de Waterloo sigue recibiendo la visita diaria de cientos de curiosos que antaño hubieran pasado de largo.

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