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Ocio y Cultura

FLAMENCO

José Menese: "La cualidad de mi cante es que suena a gitano"

El cantaor, máximo representante del flamenco puro, actuó anoche, con gran éxito, en el Auditorio de Zaragoza, acompañado por el guitarrista Enrique de Melchor, y hoy domingo lo hará en el Teatro de Alcañiz.

PREGUNTA.- ¿Qué quiere tomar, Menese?

RESPUESTA.- Un zumo de tomate, sin hielo.

P.- Yo creía que los flamencos solo tomaban finos.

R.- Ya no bebo vino. Tengo glucosa.

P.- Y además, creo que ha salido de una reciente operación.

R.- En efecto. Es que tengo más cornás que Diego Puerta.

P.-¿Dónde nació?

R.- En La Puebla de Cazalla, a media hora de Sevilla.

P.- ¿Un pueblo con afición al flamenco?

R.- Sí, con mucha afición.

P.- Empezó usted joven a cantar.

R.- A los 16 años. Yo trabajaba en la zapatería de mi padre, y por las noches me escapaba al Bar Central, que era donde se reunían los aficionados, y donde yo me formé. Yo estaba más verde que una nuez, cantaba lo que escuchaba en la radio. Imagínese que era imitador de Antonio Molina, con lo ortodoxo que soy ahora. Aunque no me avergüenza decirlo.

P.- ¿Y cómo se produce el salto?

R.- Pues gracias al poeta Francisco Moreno Galván, que quería sacar un cantaor de su pueblo como fuera, y le dijeron que el hijo del rubio Meneses, como le llamaban a mi padre, sonaba "muy bien". Y Moreno Galván se quedó prendado de "mis formas". Así que le preguntó a mi padre que si me dejaba ir a Madrid; dijo que sí, y en 1962 estaba ya en Madrid. Al año siguiente grabé mi primer disco, y hasta el día de hoy, que estoy aquí, tomándome este zumo de tomate en Zaragoza.

P.- Usted es cantaor flamenco, pero no gitano.

R.- No solo no soy gitano, sino que, por parte de madre desciendo de escoceses, de aquellos que vinieron a Cádiz, a la guerra de 1827, o así. Remedios, mi madre, era de apellido Scott.

P.- ¿Un payo puede cantar flamenco de verdad?

R.- Los cantaores mejores son los gitanos, porque por raza, por tradición, son los que impregnan el cante de eso que se llama duende, el "pellizco", la "transmisión". Pero yo tengo una cualidad: sueno a gitano.

P.- ¿Y cómo se consigue eso?

R.- Me he preocupado de convivir con los gitanos, de verdad. En Barcelona estuve tres meses viviendo con ellos, en las barracas. Conocí a un gitanito de mi compañía, y me fui con él a Montjuic. Dormíamos en el mismo catre y bajo la misma manta. Fue una experiencia tremendamente hermosa. Llevo 45 años defendiendo al pueblo gitano y lo seguiré defendiendo.

P.- Pero la voz no se cambia así como así, a voluntad…

R.- Mi voz es así de naturaleza… Dese cuenta que en el flamenco no hay escuelas. Perdería mucha frescura. El flamenco es un poco salvaje. Las seguirillas, las tonás…, son cantes de desgarro, te tienen que rasgar por dentro.

P.- Usted fue un niño mimado de la izquierda en el periodo de la transición y antes. Qué pasa, ¿que ahora le miman menos? ¿Es que ya no hay izquierda?

R.- Fui mimado por los intelectuales de izquierda… Pero ahora los intelectuales se cuentan con los dedos de la mano; y los que se interesan por el flamenco puro, ninguno. La cultura en estos tiempos está por los suelos. ¿Se ha fijado que en los mítines nunca hablan de cultura? ¿Que los políticos nunca hablan de cultura?

P.- ¿No hubo un exceso de politización, es decir, de manipulación, del flamenco por parte de la izquierda en la transición?

R.- Uf…

P.- Le consideran un purista del flamenco. Pero usted también trajo renovación al cante...

R.- Soy más que purista, puro. No solo en el cante, sino en mi relación con las personas. Miro a los ojos…, y ahí se me revela si el personaje va con franqueza. En cuanto a la renovación, hay que recordar que Moreno Galván, que orientó mi carrera, era muy exigente, y que sus letras tenían un gran contenido social, y eso a los intelectuales del momento les gustó un montón. Pero hoy no hay ni un intelectual al que le guste el flamenco.

P.- Hay una copla de Moreno Galván que es muy autobiográfica…

R.- "Mi padre y mi hermano Diego,/ zapateros como yo/ y en casa de zapateros/ descalcitos andamos tós". Es que éramos once hermanos, y ya se puede figurar…

P.- ¿Cómo ve el flamenco de hoy día?

R.- Es que no le puedo hablar.

P.- Querrá decir que no me quiere hablar...

R.- Es que es un desastre.

P.- Mucha percusión y muchos cajones…

R.- Y lo que falta es lo otro… Es que el flamenco actual no existe. Cuando yo recuerdo a Mairena, el Talega, los Chocolates… No le veo remedio.

P.- ¿Y Camarón?

R.-Ah, ese es un fuera de serie, de otro mundo, Ahí tengo que quitarme el sombrero.

P.- Él también le admiraba a usted…

R.- Alguien le dijo que lo había grabado todo, pero él replicó que todo no, que había una mariana que grabó Menese y que era imposible de mejorar.

P.- ¿Quiénes han sido sus maestros?

R.- Yo pertenezco a la escuela mairenista, pero me formé con mi propia personalidad. Admirar, admiro a muchos, todo lo que suena puro, Juan Talega, Fernanda de Utrera, Terremoto, Chocolate…

P.- ¿Sus palos fundamentales?

R.- Los palos duros, la soleá, las seguirillas, los tientos, las tonás…

P.- ¿Qué es para usted el flamenco?

R.- Es mi vida, es mi tarjeta de identidad. La forma de expresarme y de decirle al mundo quién es José Menese.

P.- ¿Qué cosas le enorgullecen más de toda su carrera?

R.- Cantar, de por sí, es el mayor orgullo. Luego puedes recordar cosas, que has actuado en el Olimpia de París, en la sede de la ONU, o que interpreté una saeta, en un festival de Varsovia, con una orquesta dirigida por Penderecki, y ello, por cierto, gracias a un amigo aragonés, el maestro José Peris, que es el músico más importante que nos queda.

P.- ¿Qué quiere hacer en el flamenco que todavía no haya hecho?

R.- Seguir siendo cómo soy y cantar cada día mejor. Porque lo que se puede perder en voz se gana en sapiencia.

P.- Es usted una persona fuerte…

R.- Pero mi fuerza no está en el cante, está en que soy sensible y pasional y quiero mucho a la gente.

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