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PATRIMONIO-ARAGÓN

La iglesia de la Mantería, víctima de una restauración maldita <br />

Las humedades retrasan la intervención en las valiosas pinturas barrocas de Claudio Coello, cuyo deterioro sigue progresando. La DGA y las Escolapias aún discrepan sobre el desplome de una de las cúpulas.

R. C. L. Zaragoza Actualizada 17/04/2008 a las 08:31
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La llaman "la capilla sixtina" de Aragón por la magnífica decoración pictórica que el artista barroco Claudio Coello realizó sobre sus muros y techos en el siglo XVII. Hablamos de la iglesia zaragozana de Santo Tomás de Villanueva, conocida como "la Mantería". Desgraciadamente, esos impresionantes frescos están muy necesitados de una restauración que sigue pendiente. Son muchos los problemas que se han ido sucediendo y han demorado más de lo deseable un buen arreglo de las pinturas: inestabilidad de las cúpulas, mal estado de las cubiertas, inadecuados repintes en la década de los 50, humedades excesivas… La Mantería es como una joya maldita.

La iglesia fue construida por los agustinos y pasó a propiedad de las Escolapias a finales del siglo XIX. María Jesús Boned, miembro de esta congregación, explica que, ya en 1884, "se fajó todo para que no se hundiera la cúpula central". Sin embargo, no ha sido esa cúpula (con una forma convencional de media naranja) la más problemática, sino las cinco originales cúpulas elípticas que la iglesia posee. En 2001, mientras una escuela-taller de restauración acometía el arreglo de dos de ellas cúpulas, la llamada "del Evangelio" se desplomó, con el agravante de que debajo se encontraban dos personas que resultaron heridas.

Boned argumenta que ese desplome se debió al indebido serrado de una de las sujeciones de los apoyos de la cúpula (se estaban arreglando las cubiertas de forma paralela a la restauración, porque se detectó que la lluvia se filtraba al interior). Pero el Gobierno de Aragón achacó el derrumbe primero a las filtraciones de agua y luego a la inestabilidad que habían creado algunas intervenciones anteriores, amén del propio diseño elíptico. "La cúpula central es poco preocupante, pero no así las elípticas. Son elipses mal construidas, porque en realidad son dos pequeños semicírculos unidos por una curva, y el hundimiento fue por una acumulación de malos tratamientos. La humedad influyó, pero fue sobre todo un problema estructural", explicaba ayer a HERALDO el jefe de servicio de Conservación y Restauración del Patrimonio Cultural de la DGA, Vicente Domingo.

Algo similar describe el arquitecto Joaquín Soro, responsable del arreglo y refuerzo de las cubiertas que se llevó a cabo tras el desplome de la cúpula del Evangelio, trabajo que concluyó en mayo del año pasado. "La cúpula se cayó por problemas muy complejos. El proyecto de construcción va contra natura, son cúpulas elípticas y trabajan mal, tienden a abrirse en la parte superior y a hundirse en los riñones (su nivel intermedio). Se habían ido deteriorando y estaban en estado bastante malo, por eso bastó una actuación sobre ellas, a lo mejor el descargarlas, para que un elemento que ya estaba mal cediese". Por fortuna, tras la reciente intervención quedaron todas estabilizadas (incluso se reconstruyó la que se cayó) y al fin parecía que se podría acometer la anhelada restauración de las pinturas.

Humedad y degradación


Pero no. Solventadas las filtraciones del techo, ha resultado que la iglesia todavía arrastra otro problema con la humedad, esta vez procedente del suelo. María Jesús Boned comenta con amargura que ellas ya sienten "cierto recelo de que no se acabe nunca, aunque con buena voluntad se puede conseguir". Las escolapias ven cómo las preciadas y preciosas pinturas se siguen degradando, hasta el punto de que en el suelo, en algunos sitios, se puede ver cómo se han depositado restos de pigmentos caídos de la decoración de los techos, la única que se conserva después de que la de los muros se perdiese casi en su totalidad debido a que la iglesia fue usada antaño, por ejemplo, como almacén de madera y para alojar soldados.

Boned, Domingo y Soro son unánimes en señalar la urgencia de los trabajos de restauración, aunque hay matices sobre el momento oportuno de su comienzo. Joaquín Soro, que ha elaborado el proyecto para eliminar la humedad, cuenta que, "no hay ningún problema para actuar de forma paralela con la restauración de las pinturas" -puesto que el sistema de elimin ación de la humedad se hará en la parte baja del edificio y las pinturas están de cornisa hacia arriba-, pero indica que "lo aconsejable sería hacer una operación después de la otra". Soro, que tiene previsto entregar esta semana al Gobierno de Aragon el proyecto para que se pueda licitar la obra cuanto antes, detalló que las humedades "son ascensionales, suben por el muro por capilaridad" y tan abundantes que en la pared que da a la calle Palomeque "se ha medido una humedad del 96%, y así no se puede pensar en restaurar las pinturas".

Para corregir el problema, propone crear "barreras antihumedad situadas a un palmo del suelo, que impiden que la humedad suba, y unos canales a lo largo del muro, ventilando la cara exterior del cimiento". "Es un sistema que se ha utilizado en la iglesia de San Gil y en la Lonja, es pasivo y en iglesias complicadas ha dado buen resultado", dice Soro. Además, pretende aumentar la ventilación de la iglesia, para menguar la humedad ambiental, "abriendo ventilaciones en puntos opuestos", como rejillas en las ventanas (ya hay alguna en los vanos de las linternas de las cúpulas).

La falta de ventilación actual se debe, en parte, a que el templo no está abierto a visitas. Boned dice que por parte de las Escolapias no hay inconveniente para abrirlo al público y que, de hecho, ella elaboró unos horarios para las visitas porque el convenio con el Gobierno de Aragón recogía esa posibilidad. Sin embargo, Vicente Domingo, aunque reconoce que "cuando había visitas había más ventilación natural", no se muestra partidario de abrirlo: "No creo que fuera bueno, porque si hay muchas personas dentro también se expande la humedad", aclara.

Según explica Soro, de forma complementaria "las monjas van a hacer reforma en las cocinas (en dependencias próximas a la iglesia) y comprobarán que no haya fugas de agua en los desagües". Además, el arquitecto ha incluido en su proyecto una petición al Ayuntamiento para que "haga una comprobación del alcantarillado y el abastecimiento de agua para ver si hay escapes" en la zona.

Las sales, otras enemigas


Otra cuestión problemática en las restauraciones son las sales que se acumulan en los morteros que sirven de base a las pinturas de muros y techos. "Cuando hay filtraciones en las cubiertas, los gaunos de las palomas disueltos generan sales, que se quedan en los poros de los morteros y siguen dando mal, porque se mojan y se secan en función de la humedad del aire. Cada vez que las sales cristalizan, rompen el material en el que están y ése es uno de los problemas más graves en restauración", detalla Josep Gisbert, del Equipo Arbotante, un grupo de la Universidad de Zaragoza especializado en piedra y materiales pétreos. Ellos hicieron hace unos años un estudio para la Mantería y previsiblemente se ocuparán de hacer otro antes de la restauración de las pinturas. También hicieron estudios para la restauración de la "Regina Martyrum" del Pilar y en las pinturas de Goya en la Cartuja de Aula Dei. Además, Gisbert explica que su equipo es "pionero" en la creación de tratamientos para eliminar esas sales.




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