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Ocio y Cultura

LITERATURA

José María Merino: "Para expresar emociones, el español ofrece una asombrosa gama de matices"

El escritor leonés acaba de ingresar en la Real Academia de la Lengua, en la que abogará por recuperar palabras olvidadas del acervo popular.

Comenzó amando los diccionarios (los consulta desde los siete años) y ha terminado formando parte de la Real Academia Española (RAE), la casa que los "fabrica". "Hemos cerrado un ciclo", sonríe el escritor leonés José María Merino, de 67 años, quien ingresó en la RAE el pasado 27 de marzo. Autor de novelas, cuentos, libros de viajes, relatos infantiles, poemas y minicuentos (género en el que se ha consagrado como un auténtico especialista), Merino luchará para que pervivan -"aunque pocos las utilicen"- palabras arrinconadas del acervo popular y se opondrá a que se aprueben vocablos que son "hijos de la pura circunstancia".

Enumere algunas de las virtudes de nuestro idioma.

Es una lengua riquísima, con un vocabulario muy amplio, que se ha descompuesto mucho menos que el inglés.

¿El inglés se ha descompuesto?

Se ha simplificado más que el español, se ha vuelto un idioma funcional.

Pero nos está ganando la batalla.

No hay que analizarlo como una guerra. La investigación y los medios tecnológicos los dominan los países de habla inglesa. Sin embargo, para expresar emociones, para explicar cómo es el hombre, el español ofrece una asombrosa gama de matices.

¿Usted entiende que unos señores tan sesudos, sabios e inteligentes como los académicos hayan aprobado "guay"?

Los modismos demasiado volátiles no deberían entrar en la Academia. En cambio, hay palabras que utilizaban nuestros padres, abuelos y tatarabuelos que yo aprobaría.

¿Por ejemplo?

Cegarato.

¿Qué significa?

Es un cegato agudizado; el que ni ve ni se entera. Siempre es preferible un arcaísmo a un idiotismo.

Al público le encantan sus minicuentos.

Empecé a escribirlos como un juego y me han dado muchas satisfacciones.

¿Por qué tiene éxito este género, por su atractivo literario o porque la gente es cada vez más vaga para leer?

Si aciertas a contar una historia atractiva en pocas palabras, el público se queda con ganas de más. El problema surge cuando se pretende que cualquier cosa sea un minicuento. Es un género fácil de adulterar.

Háblenos de sus relatos favoritos.

Podría mencionar veinte o treinta, pero escogeré un puñado: "La ventisca", de Alexandre Pushkin, una maravilla; "La corista", de Chejov, otra maravilla; "Rikitikitabi", de Kipling, un relato que mezcla tradición y fábula. Un cuento que a mí entusiasma porque en cuatro páginas te da todo un mundo es "Lo desconocido", de Pío Baroja. Continuando con la tradición realista, habría que incluir "Los hombres del amanecer", de Ignacio Aldecoa, que trata de dos hombres viejos y sin recursos que se dedican a buscar bichos, y "Rosamunda", de Carmen Laforet. Y finalizaría con "Continuidad de los parques", de Cortázar, que es uno de los mejores ejemplos de metaliteratura, de cuento dentro del cuento.

¿Ha leído a Ken Follet?

No. Cuando leo literatura popular, elijo a Stephen King. Es un maestro en organizar tramas y crear suspense. Le admiro.

¿En qué trabaja en estos momentos?

En mayo saco un libro de relatos que se titula "Las puertas de lo posible (cuentos de pasado mañana)", publicado por Páginas de Espuma, y ahora estoy dándole vueltas a una novela cuyo núcleo central es una tesis doctoral sobre la primera guerra carlista.

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