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Ocio y Cultura

ESCULTURA

Crivillén abre un centro de arte dedicado a Pablo Serrano en el centenario de su nacimiento

El museo, de 1.000 metros cuadrados, quiere explicar la figura del escultor y convertirse en un espacio para el arte contemporáneo.

El legado artístico de Pablo Serrano puede verse sobre todo en el museo que lleva su nombre en Zaragoza, fruto de un largo proceso, con muchas tensiones entre la DGA, los herederos del escultor y los patronos de la fundación dedicada a preservar su memoria. Ese centro, cuya actividad nunca ha llegado a despegar totalmente, está actualmente cerrado por obras de ampliación. El espacio que se gane será dedicado, fundamentalmente, a exposiciones permanentes y temporales de otros artistas. Se desconoce cómo quedará la exhibición de esculturas de Serrano cuando los trabajos terminen. Las obras cuentan con un presupuesto de 23,5 millones de euros y está previsto que concluyan en julio de 2009.

El nuevo edificio tendrá una superficie total de 7.479,96 metros cuadrados, de los que 3.500 estarán destinados a exposiciones. En la ampliación están previstos nuevos espacios de servicio al público, como una tienda, una cafetería, un salón de actos y una biblioteca, entre otros, lo que permitirá mejorar la atención al visitante, así como desarrollar un mayor número de actividades y también ampliar las ofertas culturales.

El director de los trabajos es el arquitecto aragonés José Manuel Pérez Latorre, responsable también del proyecto del actual edificio, que fue inaugurado en mayo de 1994

El artista y el hombre

Pablo Serrano nació en la localidad turolense de Crivillén en 1908. Hijo de Bartolomé Serrano, veterinario, empezó su formación artística en Zaragoza. Luego la desarrolló en la Escuela de Artes y Oficios y en la Academia de Bellas Artes de Barcelona. Con apenas 20 años, emigró a Montevideo. Entre Uruguay y Argentina pasaría los siguientes 25 años de su vida.

Después de un tiempo de aclimatación al continente y de algunos reveses personales, en 1935 recibió su primer encargo importante: las puertas para la cripta del colegio de San José, en Rosario (Argentina). Un trabajo en bronce que recibió elogios generalizados. En 1946, cuando se encuentra en un proceso de ruptura más drástica con su formación académica y está desarrollando sus primeras tentativas de abstracción, resultaría decisivo su encuentro con el pintor uruguayo Joaquín Torres García, figura del constructivismo histórico.

A lo largo de la siguiente década, en la que irá cosechando numerosos galardones, la obra de Serrano oscilará entre una figuración matizada por una estilización expresionista y un mayor alejamiento de las convenciones de representación, como ocurre en su proyecto de monumento para "El prisionero político desconocido" de 1953.

En 1954 regresó a España y, nada más llegar y tres años más tarde intervino en Madrid en la formación del grupo El Paso, en el que figuraban igualmente los pintores aragoneses Antonio Saura y José Manuel Viola.

La catarsis expresionista

Desde estos momentos, la escultura de Pablo Serrano se empieza a definir con un estilo personal acentuadamente expresionista.

A partir de 1961, Serrano da comienzo a una nueva serie: "Bóvedas para el hombre", de concepción monumental y cósmica, que después irán evolucionando. Una variante de esta serie la constituyen las bóvedas lumínicas, los hombres bóvedas y los hombres con puerta, de superficies redondeadas y concavidades bruñidas que, como símbolos de la comunicación, resumen la incertidumbre de las relaciones del hombre con sus semejantes.

Desde la inclusión de la obra de Pablo Serrano en la exposición "Spanish Painting & Sculpture", de 1960, en el Museo de Arte Moderno en Nueva York, la presencia de las creaciones del escultor en grandes exposiciones y certámenes internacionales será continua, un itinerario que se prolongará hasta su antología en el Museo del Ermitage, en Leningrado, en 1982.

Serrano murió en su casa de Madrid en 1985, a consecuencia de un fallo hepático. "No llegó a darse cuenta de que se moría", dijo su viuda, la pintora Juana Francés. La armonía formal le respetó hasta su última hora.

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