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PLAN DE AJUSTE

Zapatero, el presidente desbordado

Con la confianza de los mercados agotada y acorralado por su propia negación de la crisis, Rodríguez Zapatero ha reaccionado al borde del precipicio.

Zapatero, el presidente desbordado
Zapatero, el presidente desbordado

LA evidencia ha terminado por imponerse. Tras su repetida negación, la crisis ha logrado visualizarse gracias a las medidas que, precisamente, tratarán de frenarla. Algo es. Su simple verbalización resultaba incómoda en la Moncloa y la ocultación formaba parte de la idea fuerza de una política económica que, por inane e irresponsable, había destrozado la imagen de España ante los mercados internacionales. ¿Grave? Sin duda alguna, pero quizá no tanto como la pérdida de soberanía sufrida por España en la escena internacional. Sin autoridad ni frescura política, la reacción tuvo que llegar tras la presión de Bruselas, el FMI y hasta el propio Barack Obama. Afectado por la rotundidad de los agentes alarmados, Rodríguez Zapatero, cedió a la presión evidenciando su tardanza en la toma de decisiones.

Las medidas adoptadas son, en cualquier caso, insuficientes. Demoradas en exceso, llegan cargadas de una conflictividad que dificultará su imprescindible aplicación. Tarde y con afección en exclusiva sobre las cuentas públicas, Rodríguez Zapatero aborda tan solo el cincuenta por ciento del problema -el control de gasto-, sin reparar en que la caída de los ingresos hace insostenible el modelo del Estado del bienestar que dice defender. Por ello, no parece descabellado pensar que la cesta de impuestos será revisada. A la subida del IVA del mes de julio se sumarán otros incrementos que no tardarán en llegar. La caja está vacía y el ahorro no es sinónimo de liquidez.

Rodríguez Zapatero ha optado por sacar la tijera buscando el aplauso internacional -tal y como ayer mismo ocurrió- guiado por el deseo de recuperar su crédito como gestor y gobernante pero, en realidad, sus sonoras medidas de ajuste no abordan los problemas en profundidad, tan solo los bordean. Así, donde dice recorte en el salario de los funcionarios habría que poder leer reforma de la función pública y reorganización de las administraciones del Estado. Tampoco nada se sabe de la obligada e imprescindible reforma del mercado financiero. Con más de una entidad aún acogotada por la presencia de activos tóxicos en sus cuentas y pese a las ayudas para su saneamiento procedente del Fondo de Rescate, el dinero continúa sin fluir destinándose, en exclusiva, a garantizar los balances de las entidades.

Habiendo gobernado sin el establecimiento de un marco de prioridades, de exigencias compartidas por las comunidades autónomas que definiesen el modelo de país por el que se estaba trabajando, hoy quedan en suspenso inversiones y políticas sociales que en su momento fueron calificadas de estratégicas. Las limitaciones que se fijan a la ley de dependencia o la supresión de los 2.500 euros del cheque-bebé son dos claros ejemplos de la falta de credibilidad con la que cuenta el modelo que defiende Rodríguez Zapatero, que ha demostrado que solo queda garantizado en época de abundancia.

Zapatero es hoy un presidente desbordado. Cada vez son más los miembros del PSOE, e incluso del PP, que distinguen entre el presidente y el Partido Socialista. Dos realidades marcadamente distintas y que ayer se rompieron definitivamente sin posibilidad de reconciliación. ¿Será Zapatero el candidato socialista a la presidencia del Gobierno en las próximas elecciones generales? Pese a mantener el control del partido, ¿conserva la confianza del aparato y la militancia? La evidencia y la gravedad del ajuste marcaron ayer el fin del zapaterismo y a las dudas que ya existían sobre la idoneidad de su figura como cabeza de cartel electoral se añaden una desastrosa gestión que da entrada en la carrera a personajes como José Blanco o Alfredo Pérez Rubalcaba.

Con las medidas para el control del gasto público, y otras más que habrán de llegar, enfilaremos el camino de salida de la crisis, aunque a corto plazo volveremos a hundirnos. Nuestra recesión tendrá forma de uve doble: caímos, vivimos el espejismo de una falsa recuperación, y volveremos a caer para ascender nuevamente, aunque la salida será lenta. El freno de la aportación de la inversión pública al PIB y la reducción salarial de los funcionarios, que moderará el consumo, lastrarán el crecimiento pero, especialmente, dañarán la confianza que parecía había comenzado a recuperarse. Todos los expertos aseguran que en 2010 la destrucción de empleo continuará y que el mercado laboral no contará con el músculo necesario como para recuperarse en breve. La venta del modelo keynesiano como sinónimo de generación de riqueza -el Fondo Estatal es un ejemplo de ello- ha demostrado su inutilidad, pero lo que realmente ha fallado es la generación de confianza. Hoy estamos así. Aquejados de una sensación de orfandad que, además, corre el riesgo de dejarnos sin pensión.

El presidente Rodríguez Zapatero ha optado por sacar la tijera buscando el aplauso internacional, guiado por el deseo de recuperar su imagen

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