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Nacional

VIAJE OFICIAL

Zapatero y el Papa dialogan sobre educación

El jefe de Gobierno visita al Pontífice, aunque no como presidente español sino en calidad de presidente de la UE.

El Papa y Zapatero, durante su entrevista
Zapatero y el Papa dialogan sobre educación y libertad religiosa en su primera cita en 4 años
AFP

José Luis Rodríguez Zapatero cumplió ayer por fin un trámite diplomático que no ha sabido o querido saldar en cinco años: visitar a Benedicto XVI en Roma. El presidente del Gobierno visitó en 2004 a Juan Pablo II, ya muy enfermo, pero aún no había acudido a entrevistarse con su sucesor, bajo cuyo mandato se han producido fricciones entre el Gobierno socialista y la Santa Sede. Solo se habían visto en Valencia en 2006, con ocasión del viaje de Ratzinger a España. Tras la aprobación del matrimonio homosexual y el divorcio rápido, los momentos más tensos ya quedan atrás y se han ido recomponiendo las relaciones.

La audiencia cierra simbólicamente esa distancia, aunque ha tardado. Según fuentes diplomáticas, Zapatero salió "muy contento" tras una entrevista de 25 minutos. Luego despachó en profundidad con el número dos, el secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone, durante 50 minutos. El portavoz vaticano, el jesuita Federico Lombardi, definió la charla, en la que el jefe del Ejecutivo alabó la pronunciación española del Pontífice, como "cordial" y "muy positiva".

Sin embargo hay pequeños peros que recuerdan la tirantez de esta relación. Zapatero ha envuelto retóricamente la visita en sus obligaciones como presidente de turno de la Unión Europea. Fue lo primero que dijo ante los medios. Es decir, como si ir a Roma tocara por razón de una agenda ajena. Al Vaticano podía servirle como excusa, pero no ha sentado muy bien que Zapatero calzara a última hora el mismo día una reunión con el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, que eclipsaba la audiencia o relativizaba su importancia.

Como demostró en la farsa de rueda de prensa posterior a ese encuentro, con sendas declaraciones de obviedades sin preguntas sobre el euro y la crisis, fue una cita de lo más banal. Berlusconi, gran oportunista, habría presionado también para encajar la cita, pues la foto haciéndose carantoñas con Zapatero le viene bien para irritar a la oposición, que siempre ha apreciado al líder socialista español.

Zapatero luego se quedó solo y respondió a una pregunta de los periodistas italianos y a otra de los españoles, entre medio centenar de acreditados. Apenas sirvió para saber nada. La delegación española prefirió no celebrar un encuentro con la prensa en el patio de San Dámaso. Se optó por abordar las preguntas sobre la audiencia papal en la rueda de prensa con Berlusconi, pero hacerlo suponía otra afrenta.

La solución fue dejar solo a Zapatero, una vez que Berlusconi, para pasmo del presidente del Gobierno, abandonó la sala donde se presentaron juntos. Los servicios auxiliares del primer ministro italiano colocaron la bandera de España detrás de Zapatero para que explicara entonces el contenido de la entrevista con Benedicto XVI.

Lo que se sabe del encuentro es lo habitual de estos casos: muy poco. Zapatero explicó que hablaron de la crisis económica, de los valores en juego, del papel de la Iglesia en el diálogo religioso y la Alianza de Civilizaciones. Tras repasar los temas más europeos, el jefe del Ejecutivo solo aludió a las relaciones bilaterales al final de su exposición. Afirmó que están "en un buen momento" y que al hablar de "educación y la libertad religiosa" cada cual expresó sus ideas en un "tono absolutamente correcto".

Por su parte, el Vaticano divulgó uno de sus escuetos comunicados que no contenía un solo adjetivo para evaluar el encuentro. Señaló que conversaron, en el plano español, sobre "la presentación eventual de una nueva ley sobre la libertad religiosa y la sacralidad de la vida desde su concepción". Es el primero de estos temas bilaterales el que más interesa ahora a la Iglesia, que teme que se pongan en discusión la exhibición pública de crucifijos y símbolos religiosos.

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