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Los populares sienten que el PSOE les roba el discurso para arrinconarles hacia la derecha

Dirigentes del PP discrepan de la dirección y denuncian su pasividad ante la ofensiva socialista.

"Lo que le ocurre a Rajoy es que quiere heredar a Zapatero", denuncia una parlamentaria crítica del PP haciendo suyo del término elegido por José María Aznar para desacreditar la estrategia de oposición de su sucesor. Quienes, como ella, discrepan de la dirección popular denuncian su pasividad ante la ofensiva socialista que ven perfectamente orquestada para ocupar el espacio del PP con la intención de arrinconarlo hacia su derecha. El equipo dirigente también cree que el Gobierno se acerca a sus posiciones y le roba el discurso en temas como el agua, el terrorismo, la crisis, la inmigración, o la guerra de Afganistán.

Los dirigentes afines a Rajoy están convencidos de que la hostilidad de la pasada legislatura no dio buenos resultados, resulta de todo punto inoportuna en estos momentos y sería penalizada electoralmente. Sostienen que no pueden enfrentarse al Ejecutivo por el hecho de que abrace sus planteamientos y es habitual que reciban los cambios de los socialistas hacia una mayor moderación con la satisfacción de quien cree haber triunfado con sus tesis. Así lo hizo Rajoy en el pleno del pasado jueves cuando Zapatero anunció al Congreso un plan de inversiones para luchar contra el paro. "Todo parece indicar que por fin ha descubierto la crisis en casi toda su dimensión", le dijo el líder de la oposición al jefe del Gobierno. "Debemos felicitarnos porque es un paso muy importante en la dirección correcta", añadió.

Respuesta habitual

Esta respuesta, que ya resulta habitual, disgusta a algunos parlamentarios que echan de menos un discurso alternativo del PP cada vez que el Gobierno se acerca a sus posiciones. La primera vez que ocurrió fue con el final de la tregua de ETA. El Gobierno de Zapatero recuperó la política de dureza y la más firme persecución policial, judicial y política a la banda y su entorno. El PP buscó la unidad y, poco a poco, olvidó los reproches para recuperar el consenso.

Esta obsesión de los dirigentes del Grupo Popular por romper el aislamiento que padeció en la pasada legislatura y la búsqueda de apoyos a sus iniciativas para lograr votaciones unánimes o, cuando menos, mayoritarias es otro motivo de descontento en sus filas.

"Soraya (Sáenz de Santamaría) hizo una intervención en el pleno cuando defendió la propuesta contra la violencia de género que podría haber hecho una diputada socialista", protesta un parlamentario que echó de menos una posición menos conciliadora y más crítica con la gestión gubernamental en este ámbito.

Los socialistas también modificaron sus planteamientos en la política del agua al asumir los trasvases a Levante mientras en el PP se abrían heridas internas al cambiar, a su vez, de discurso. Algunos dirigentes populares pusieron el grito en el cielo al apreciar en el giro del PSOE un claro intento de disputar al PP su granero de votos en Murcia y la Comunidad Valenciana.

La dirección del PP también tiene claro que debe buscar soluciones para responder a los cambios del Gobierno mediante la elaboración de un nuevo planteamiento alternativo propio. Defiende que el partido dispone de propuestas económicas apropiadas, aunque los críticos afirman que no hay un plan popular convincente de recuperación de la crisis.

La línea oficial arguye que los electores premian una oposición tranquila pero los heterodoxos advierten de que, aunque esta estrategia resultara rentable en las urnas, tendría un coste elevadísimo desde el punto de vista interno. "Se está desmontando el partido de Aznar pero no se sustituye por nada concreto", alegan.

Es cierto que la falta de un discurso de nueva planta, articulado a base de blancos y negros -como piden Aznar o Esperanza Aguirre- desconcierta a los cuadros dirigentes del partido.

Afganistán

La actitud de la ministra de Defensa, Carmen Chacón, ante la guerra de Afganistán suscitó un debate en el seno del Grupo Popular del Congreso. El vicepresidente de la Comisión de Defensa, Arsenio Fernández de Mesa, explicó el cambio que aprecia en el hecho de que el Gobierno reconozca que el Ejército español desempeña en Afganistán una misión de "imposición de paz", reclame un cambio de estrategia y no descarte el incremento de tropas en el extranjero. Una vez más, los socialistas se acercaban al PP y olvidaban el pacifismo que exhibió Zapatero para ganar las elecciones de 2004, les dijo.

El ex jefe de Gabinete de Aznar, Carlos Aragonés, -uno de los pocos dirigentes disconformes con la dirección de Rajoy que expresa abiertamente sus opiniones- mostró su preocupación por la popularidad de Chacón y su capacidad para modular el discurso antimilitarista del Gobierno sin pagar precio político por ello. Echó de menos una posición más crítica del Partido Popular.

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