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La presidencia europea del desconcierto

Expertos en relaciones internacionales coinciden en el error de haber planteado unos propósitos demasiado ambiciosos. "Ha sido una conjunción de mala suerte y de excesivo triunfalismo", considera el diplomático Inocencio Arias.

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El miércoles, 30 de junio, se cierra el cuarto semestre de presidencia española de la Unión Europea. Es hora de hacer balance. La primera conclusión que sacan los expertos consultados es que el ambicioso programa que diseñó el gabinete de Rodríguez Zapatero se ha visto engullido por factores sobrevenidos, como el agravamiento de la crisis, y por otros de carácter interno, como la entrada en vigor del Tratado de Lisboa. Una cuestión, esta última, que Madrid ya sabía de antemano.

"Sí; a mi juicio, las expectativas eran demasiado ambiciosas. Pero más en la forma que en el fondo, porque se planteaban muchas fotos pero pocos objetivos sustanciales", explica Natividad Fernández Sola, profesora de Relaciones Internacionales de la Universidad de Zaragoza. Aun así, Fernández considera que es "difícil" hacer una valoración dados los cambios que ha introducido el Tratado de Lisboa, que otorga un papel preponderante al presidente del Consejo Europeo (Herman Van Rompuy) y la alta representante de Exteriores (Catherine Ashton) en detrimento de la presidencia rotatoria: "Ha sido una etapa de transición; no se puede comparar ni con las anteriores ni con las posteriores, cuando los papeles estarán más definidos".

Tampoco al diplomático Inocencio Arias le queda un buen poso. "Ha sido una presidencia un tanto gris. No ha sido, como dicen algunos, un fracaso, pero sí ha resultado inocua. España no se ha lucido", considera. "Ha sido una conjunción de mala suerte y de excesivo triunfalismo", añade el actual cónsul general en Los Ángeles.

En general, queda la impresión de que la cohabitación entre las nuevas instituciones y la presidencia rotatoria ha sido complicada, como reconoce Stelios Stavridis, investigador senior Araid del grupo de investigación 'Gobernanza Mundial y Union Europea'. "No es un problema estrictamente de la presidencia. Pero lo cierto es que, en vez de obtener una coherencia, ha ocurrido lo contrario: unas veces aparecía Zapatero y otras Van Rompuy; unas Moratinos y otras Ashton. En el Ecofin, Jünker y Barroso. Y después, el presidente del Parlamento? Es un equilibrio difícil", remarca.

"España ha estado ausente"

Desde el PP llegan críticas a la gestión del gabinete de Zapatero. El portavoz del Partido Popular en la Comisión de Asuntos Exteriores y también diplomático Gustavo de Arístegui cree que "España ha estado ausente". "No ha marcado las pautas y no ha ejercido un liderazgo. Hay medidas económicas necesarias que no se han tomado, como la mejora de la competitividad en la Unión. Lo único destacable ha sido el gobierno económico de Europa, y aún no se sabe qué efectos va a tener", manifiesta.

Tanto Natividad Fernández como Stelios Stavridis ponen el énfasis en las dificultades en política exterior, no siempre achacables a la presidencia rotatoria. "España no ha tenido relevancia, aunque tampoco la UE está en sus mejores horas: Bruselas juega con unos instrumentos que quizás no sean los más adecuados, como señaló el grupo de sabios en el que participa Felipe González", explica ella.

Stavridis, por su parte, incide en lo que considera desaciertos. "Fue un error decir de antemano que las cumbres iban a ser un éxito. Las de Estados Unidos y el Mediterráneo no se celebraron, y en la de América Latina no hubo avance con Mercosur ni sobre el acuerdo de Doha. También creo que fue un error intentar cambiar la posición hacia Cuba", resume.

Aun así, Fernández Sola también precisa que se han aprobado "cuestiones de interés". "Medidas como la famosa iniciativa ciudadana, contra la violencia de género, la normativa de transplantes de órganos? Son temas importantes, sobre todo desde el punto de vista del funcionamiento interno", explica.

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