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ETA vuelve a defraudar

La banda repite el guión de otros comunicados y solo concede que la tregua abarque toda su actividad. La organización terrorista sigue poniendo condiciones y continúa sin mencionar la entrega de armas. "No vamos a permitir ningún engaño", advirtió Rodríguez Zapatero en respuesta al texto.

Tres terroristas encapuchados
ETA vuelve a defraudar
ALFREDO ALDAI/EFE

ETA declaró un alto el fuego "permanente y de carácter general, que puede ser verificado por la comunidad internacional" que no contentó a nadie. Ni al Gobierno, que consideró el paso insuficiente, ni a la izquierda abertzale, que pese a las declaraciones públicas no vio colmadas sus expectativas. José Luis Rodríguez Zapatero replicó al último comunicado de ETA con una advertencia: "No vamos a permitir ningún engaño".

El comunicado de la organización terrorista más parece un documento para calmar las demandas de sus satélites políticos que una declaración encaminada a poner el reclamado punto final a cuatro décadas de violencia. Con alguna novedad semántica, que habrá que comprobar si se traduce en hechos, ETA se limitó a decir que, como decía en 2006, nada ha cambiado y que el derecho de autodeterminación y la territorialidad son objetivos irrenunciables que se deben conseguir mediante el diálogo y la negociación entre los "agentes políticos y sociales vascos".

Apenas 48 horas después de la multitudinaria manifestación en Bilbao para reclamar el acercamiento a Euskadi de los presos de ETA, la organización terrorista recurrió al diario 'Gara' para difundir con fecha 8 de enero, el día de la marcha, el comunicado que se aguardaba desde mediados de diciembre. Lo hizo en castellano, euskera e inglés, y el vídeo que lo acompañaba en los dos primeros idiomas. Anunció la tregua esperada por todos aunque no en los términos esperados. Defraudó. No anunció la renuncia definitiva a la violencia, tampoco dijo que la tregua es definitiva ni mucho menos informó de su disolución, que son los únicos mensajes que están dispuestas a escuchar todas las formaciones democráticas.

Por no colmar, no colmó siquiera las pretensiones de la izquierda abertzale, aunque el discurso público de ésta y de los mediadores internacionales, encabezados por el abogado sudafricano Brian Currin, fueran de satisfacción y de petición al Gobierno de que no eche en saco roto el paso dado. Sus portavoces hablaron de gesto "valiente y de alcance histórico" y que responde "satisfactoriamente" a sus peticiones.

ETA dice compartir las declaraciones de Bruselas, de marzo pasado, y de Gernika, de septiembre, suscritas por los supuestos intermediarios y el polo soberanista de la ilegalizada Batasuna y de formaciones legales como Eusko Alkartasuna y Aralar, en las que se exigía un alto el fuego permanente, verificable y unilateral. La banda terrorista cumplió con los dos primeros requisitos, pero olvidó la unilateralidad recogida en el documento de Bruselas, pues plantea una serie de condiciones a "las autoridades de España y Francia", entre ellas que cese la represión.

En definitiva, como hizo en 2006, y antes en 1998 y 1989, sitúa la pelota en el tejado del Gobierno, y si éste se aviene a asumir sus condiciones, que son las de siempre, se podría hablar. Es un comunicado que obvia todo lo que ha ocurrido desde la ruptura de la última tregua en junio de 2007, no alude a la evolución de la izquierda abertzale y sus proclamadas apuestas por las vías democráticas y el rechazo a la violencia.

Con todo hay dos aspectos novedosos: declara un alto el fuego general, lo que se puede traducir en que ETA renuncia a las campañas de extorsión a empresarios vascos y navarros, así como a sus tareas de aprovisionamiento logístico en Francia y a las campañas de kale borroka. Una salvedad que no figura en sus anteriores comunicados. Por otro lado, sostiene que su compromiso con el proceso que se pueda abrir a partir de ahora para alcanzar "el final de la confrontación armada" es "firme", una convicción que se puede traducir en que su decisión no estará al albur de los vaivenes de unas negociaciones si es que algún día se abren.

Pero a pesar de esas aparentes concesiones, queda la sensación de que es un texto escrito con el brazo encogido, forzado por las presiones de la izquierda abertzale y los mediadores internacionales, y con una sinceridad más que dudosa. Es su aportación al guión de los restos de Batasuna, a la que no menciona ni tampoco a la izquierda abertzale, para retornar a la legalidad, pero sin abandonar su pretensión de ser el garante de todos los movimientos y eventuales avances. Para dar más visos de solemnidad a su declaración, ETA juega con los calificativos, si en 1998 habló de alto el fuego indefinido, que no definitivo, y en 2006 introdujo el matiz de permanente, esta vez ha incluido que es general además de verificable.

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