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DEFENSA

España, ante el avispero de Afganistán

La misión militar afronta un momento "decisivo" tras ocho años de fallida pacificación en el país asiático.

El comandante médico español José Miguel Rodríguez atiende a una afgana en la base de Herat.
España, ante el avispero de Afganistán
EFE

Del domingo al miércoles pasados, España comprobó que el día a día en Afganistán está lejos de las edulcoradas y beatíficas imágenes del soldado con niño. Los afganos, talibanes o no, también odian a esos occidentales uniformados con una bandera rojigualda en el brazo, igual que a los que portan la enseña de las barras y estrellas. Unos y otros son ocupantes. La misión de paz es un avispero para los 1.500 hombres y mujeres que la componen.

Hay días de miel, pero también de hiel para unos soldados que alternan las labores de pacificación y reconstrucción con las operaciones de una guerra cada vez menos encubierta. Hace una semana se vivió uno de los momentos dulces con la visita a la base de Qala-i-Naw de una veintena de insurgentes que se acogieron al 'programa paz y reintegración', un proyecto que pretende sacar a los talibanes de la violencia con el cambio de sus armas por dinero. Pero 72 horas después, en ese mismo lugar, un terrorista infiltrado asesinó a dos oficiales de la Guardia Civil y a un intérprete nacionalizado en uno de los cursos a los agentes de la policía afgana.

Estos dos sucesos en ese breve espacio son las dos caras de una misma moneda, la que simboliza el frágil equilibrio de la misión. La operación más "dura, compleja y arriesgada" de todas a cuantas se han enfrentado las Fuerzas Armadas en el exterior, repite de forma machacona la ministra de Defensa, Carme Chacón, y que va camino de cumplir nueve años entre crecientes interrogantes sobre su futuro. La insurgencia crece en el sur y en la frontera con Pakistán, la estrategia militar es "arriesgada y compleja", admiten los mandos militares, y la opinión pública española es cada vez más escéptica por la falta de resultados.

La misión arrancó en noviembre de 2001 con la intención de estabilizar y reconstruir un país pobre hasta decir basta, atomizado por los señores de la guerra y el régimen talibán. Casi nueve años después, con la pacificación a medio hacer y con fallos reconocidos en la estrategia militar, los 43 países que forman parte de la ISAF -la operación liderada por la OTAN- han hecho borrón y cuenta nueva para reconducir la situación.

Un nuevo enfoque crucial

Los altibajos en la reconstrucción, la lentitud en la entrega de ayudas, las bajas civiles, los recursos gastados o la permeabilidad de la corrupción local han pasado factura. De ahí que en la Conferencia de Londres, celebrada en enero, se acordase un nuevo enfoque integral que combinase más efectivos militares y un paquete de medidas civiles. Se entraba en una nueva fase operativa, la 'afganización'. Una estrategia que marcará el éxito de la misión o su fracaso total.

La 'afganización' consiste en adiestrar y formar a las fuerzas de seguridad locales para transferir lo antes posible el poder a las autoridades afganas. Supone un incremento de soldados, más recursos económicos y más material de defensa para hacer frente a la renovada actividad insurgente. "Vamos más para culminar antes", justificó Chacón en febrero cuando solicitó autorización al Congreso para el envío de más militares.

España cuenta con 1.500 soldados sobre el terreno, un contingente superior al que se envió a la guerra de Iraq. Incluso estaba previsto que fueran más con el envío de un batallón para cubrir las elecciones legislativas y locales que se celebrarán en septiembre, pero al final esta labor la hará el contingente destacado en Qala-i-Naw, donde se encuentra el grueso de las tropas, 875 personas.

Los aliados pretenden que las autoridades afganas controlen de forma paulatina los territorios considerados seguros o "libres de talibanes", en palabras de los mandos desplegados en la zona. La tarea conlleva, antes que nada, recuperar la seguridad en puntos clave de comunicación. En el caso de las tropas españolas, una de las prioridades es el control de la ruta que enlaza Badghis, provincia bajo responsabilidad española, y Herat. Una misión que entraña "importantes" riesgos por la fuerte presencia de rebeldes.

El Centro Nacional de Inteligencia estima que en Badghis se mueven unos 1.200 insurgentes. Reducir la actividad de esa insurgencia, controlar las vías de comunicación o atraer a los talibanes moderados son objetivos de la OTAN antes de ceder la seguridad a las autoridades afganas. Una meta que España enmarca entre 2013 y 2015.

Formación militar y policial

De forma paralela, los aliados tienen previsto duplicar la formación de militares y policías afganos de aquí a finales de 2014. Lo más urgente es formar el próximo año a 171.000 soldados y 134.000 policías, y así de forma sucesiva hasta cumplir el objetivo de 300.000 soldados en cuatro años. "La tarea es ingente y en ella está puesta toda la dedicación de los aliados, porque a partir de ahí se hablaría de un calendario de salida", reconocen fuentes militares.

España contribuye con la formación de 2.000 policiales y soldados antes de diciembre. Una tarea a la que se dedican los 40 guardias civiles que llegaron en abril, entre ellos el capitán José María Galera y el alférez Abraham Leoncio Bravo, fallecidos el miércoles junto al intérprete Ata'ulláh Taefy Kalili, español de origen iraní.

Los aliados son conscientes, no obstante, de que un esfuerzo adicional con los efectivos no garantiza la solución a los problemas "no militares". De ahí que la nueva estrategia de la OTAN haya puesto sobre la mesa un paquete de medidas civiles para reforzar los programas de reconstrucción, hacer visibles las tareas de cooperación, acercarse a las autoridades locales, luchar contra la corrupción o potenciar otros cultivos diferentes a la adormidera, la planta de la que se obtiene la heroína y de la que Afganistán produce el 93% del total en el mundo.

Para la misión española, acercarse a la población local siempre ha sido una prioridad estratégica. Mantener la comunicación con sus líderes y conocer sus necesidades se considera primordial para prevenir cualquier conflicto. Se pensaba que esta labor había cuajado en Qala-i-Naw, pero el ataque del miércoles y el asedio posterior al centro de entrenamiento de centenares de afganos han causado "sorpresa y preocupación" entre las tropas. "Ahora solo queda reforzar la seguridad y potenciar el papel de la inteligencia para prevenir futuras tensiones", admiten fuentes militares.

Salir cuanto antes

Mientras las tropas de los 43 países de la ISAF batallan en este confuso escenario, en casa los gobiernos buscan cumplir cuanto antes los objetivos para salir de allí. La falta de resultados empieza a calar entre la opinión pública y la presión sobre los gobernantes crece. En España, con un apoyo a la misión de un 49%, crecen el escepticismo y la impaciencia.

También aumenta entre las fuerzas políticas la reclamación de la vuelta a casa de las tropas. Desde el principio solo lo pedía la izquierda: IU, BNG y ERC. Pero la inquietud se ha instalado en grupos más moderados, como CiU y el PNV, y hasta un aliado fiel del Gobierno en el caso, el PP, amenaza con romper su sintonía con la Moncloa. Mariano Rajoy impulsa la apertura de un debate en el Congreso sobre si merece la pena continuar la misión. Un debate del que puede surgir una mayoría parlamentaria favorable al retorno y que pondría al Gobierno en un brete.

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