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PARTIDOS/ PSOE

El PSOE pierde fuelle un año después de su último congreso

El acuerdo sobre la financiación autonómica ha proporcionado, al menos en apariencia, un balón de oxígeno a José Luis Rodríguez Zapatero. Pero en la trastienda quedan asuntos pendientes; problemas de funcionamiento interno que, a juicio de muchos dirigentes del PSOE acabarán por lastrar al partido ante futuras contiendas electorales. "Tenemos que espabilar mucho", coinciden críticos y 'zapateristas'. Las miradas se dirigen hacia el presidente del Gobierno, pero también hacia una joven comisión ejecutiva encargada de abonar el terreno para las municipales de 2011.

Un año después de haber sido elegida en el 37 congreso federal, sobre la dirección capitaneada por la secretaria de Organización, Leire Pajín, sigue pesando la obligación de demostrar su valía. Si, en lugar de limitarse a recortar la distancia que auguraban las encuestas, el PSOE hubiera ganado las europeas todo habría sido distinto. Pero no fue así, y el resultado destapó la caja de los truenos. Sobre todo, porque empezó a cundir la sensación, ahora ya instalada, de que nadie ha hecho un análisis crítico de lo ocurrido para sacar conclusiones.

En la ejecutiva admiten que se ha podido dar esa imagen. En mes y medio sólo ha trascendido el estudio presentado por el secretario de Áreas e Ideas, Jesús Caldera, y su solidez fue muy puesta en cuestión. Aseguraba que todos los Gobiernos europeos se habían resentido por la crisis -los críticos recuerdan que en Francia, Alemania e incluso Italia el castigo no fue tal-; constataba que el voto de izquierdas está más dividido entre distintos partidos y concluía que de haber sido las europeas unas generales el PSOE habría ganado. No más de una decena de páginas.

Los afines a Pajín sostienen que los análisis se han hecho aunque no sean públicos. Pero los más experimentados confiesan que en Ferraz las cosas no funcionan como antes, que se ha perdido eficacia. Es un problema de forma, dicen, y de fondo. Se decidió que sería más funcional centralizar los servicios y hacer que todos los secretarios de área compartieran técnicos y asistentes. "Antes uno encargaba los informes que creía oportunos y ejercía una dirección política sobre su negociado; ahora hemos perdido autonomía. Se pretendía lograr mayor coordinación, pero casi hay que hacer cola para que te hagan 'papeles'", se lamenta un dirigente. A eso se une que ya no hay en la sede 'pesos pesados' del partido.

Vestir santos

La última remodelación gubernamental -acometida en Semana Santa- sirvió para reforzar políticamente al Ejecutivo, algo que muchos en el PSOE reclamaban. Siempre se reprochó a Zapatero que se hubiera rodeado de técnicos o, aún peor, de "Aídos", como decía con colmillo retorcido uno los principales colaboradores del presidente. Ahora hay quien cree que se vistió un santo (y a medias) para desvestir otro. "El presidente (Manuel Chaves), el secretario general (Zapatero) y el vicesecretario general (José Blanco) están en el Gobierno y eso ha debilitado la imagen de la ejecutiva", dicen. Nadie ha tomado el relevo y los nuevos secretarios no han logrado apenas proyección.

No todo son reproches. El lado bueno es, a juicio de no pocos dirigentes, que, a diferencia de Felipe González, Zapatero no se ha desentendido del partido y acude sin falta cada 15 días a las reuniones de la dirección. Pero eso no quita para que se afirme que las cosas deben cambiar mucho para llegar bien a las municipales de 2011. El jefe del Ejecutivo ha encargado "proyectos específicos" que exigirían la acción coordinada de diferentes secretarías. Entre ellos, el plan para las grandes ciudades, donde los socialistas tienen una importante vía de agua, sobre todo para Madrid y Valencia, sus dos territorios crónicamente adversos. "Como idea está muy bien -concede un dirigente- pero en realidad esos planes no existen".

Como telón de fondo está la juventud de una secretaria de Organización en período de consolidación. Leire Pajín ha llegado para quedarse; al menos, mientras Zapatero sea el secretario general. Cuando Blanco, ya ministro de Fomento, afirmó en un desliz que volvería a tomar las riendas de la estrategia electoral en 2011, en algunos despachos de Moncloa se oyó una voz de advertencia: "Yo que Pepe me andaría con cuidado porque si el presidente tuviera que elegir, lo tendría claro".

Experiencia

La capacidad de la dirigente socialista no está en cuestión. Lo que inquieta es que, en un momento de dificultad, no haya al frente del partido alguien más experimentado. Tampoco ayuda el hecho de haber sido designada a dedo por el líder. "En su día hubo quien cuestionó a Pepe pero, al fin y al cabo, él solo había ganado un congreso con un móvil y eso le daba una legitimidad que Leire no tiene", señala un miembro de una ejecutiva territorial. Otro veterano hombre de aparato subraya, además, que a Pajín le quedan "muchas horas de patear territorios" para controlar el partido como lo tenía Blanco. Eso y un equipo con rodaje. Porque, en su última etapa, el vicesecretario general se podía permitir el lujo de delegar cuestiones orgánicas en su mano derecha, el hoy secretario general del PSOE en Castilla León, Óscar López, y la estrategia de comunicación en Carlos Hernández (ahora en Paradores Nacionales).

Es cierto que el tiempo político no acompaña. Un contexto de crisis económica no es fácil de gestionar para un partido en el Gobierno. Y, según aseguran muchos, el PSOE es una formación con cierta tendencia a la autodestrucción. El curso político terminó con mal sabor de boca. La "histórica" victoria de Patxi López en el País Vasco no logró eclipsar la derrota electoral de Galicia, la ventaja del PP en las europeas, ni las (en palabras de un fiel 'zapaterista') "agónicas" negociaciones parlamentarias capitaneadas por un portavoz, José Antonio Alonso, que hasta este año carecía de la más mínima experiencia parlamentaria. Los socialistas cayeron en la depresión y las voces críticas comenzaron a aflorar. "Cuando no hay harina, todo es mohína", ironizaba hace unos días un hombre próximo al secretario general.

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