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Nacional

IGUAL QUE ANSIÓ SU LLEGADA

El PSOE ansía el fin de la presidencia de la UE

Los socialistas creen que la responsabilidad del cargo ha supuesto un lastre para el ímpetu progresista de Zapatero.

Hace justo un año, la secretaria de Organización del PSOE, Leire Pajín, llamó a estar atentos ante lo que, a su juicio, iba a ser un hecho importante: la coincidencia de dos "presidencias" progresistas a ambos lados del Atlántico. Barack Obama al frente de los Estados Unidos y José Luis Rodríguez Zapatero como presidente de turno de la UE. Al margen de los chascarrillos que pudo suscitar la utilización de términos poco afortunados ("acontecimiento histórico para el planeta"), la dirigente socialista simplemente se hacía eco de algo que era una creencia firme en su partido. A toro pasado, el análisis es muy diferente.

Los socialistas se confiesan abrumados, en algún caso incluso "indignados", con la deriva que han tomado las cosas. Cuando la crisis comenzó a revelar su crudeza, muchos vieron como una gran victoria ideológica que líderes conservadores como el francés Nicolás Sarkozy se lanzaran a criticar el capitalismo salvaje y a exigir mayor regulación. Pasaron los meses, llegó el semestre español y no sólo no se han puesto en marcha aún medidas de control del mercado financiero sino que su ley impera más que nunca. Hasta el punto de que obligó a Zapatero a tomar decisiones "dolorosísimas", de las que abominaba hasta hacía, literalmente, dos días.

¿Podía haber plantado cara el presidente del Gobierno español para hacer prevalecer sus valores socialistas o en un contexto como el actual estaba atado de pies y manos? "Ni tanto ni tan calvo", replica un destacado eurodiputado del PSOE. A su juicio, habría sido posible mostrar más reticencias y asumir, en cierto modo, el papel de líder de la izquierda europea que los socialistas siempre han reclamado para su jefe de filas. Pero en contra de lo que en su día creyeron Pajín y otros muchos, ejercer la presidencia de turno supuso un lastre y no una oportunidad para la defensa de sus posiciones progresistas.

"El presidente de turno de la UE tiene la obligación de lograr consensos, sería difícil de entender que tratara de imponer su criterio", reflexiona el citado dirigente. De este planteamiento, colige que Zapatero recuperará para sí la bandera de los postulados socialdemócratas tan pronto como se vea liberado de esa carga, es decir, el mes próximo, cuando empieza la presidencia belga. Un desiderátum que, por el momento, tiene tanto peso como el que durante meses alentó a su partido.

Problemas de credibilidad

En el volantazo que, en cuestión de horas, dio el jefe del Ejecutivo español a su política económica pesaron, en todo caso -y según el criterio de otros socialistas que también se mueven con frecuencia en círculos europeos-, otros factores. Porque a España se le exigió desde Europa un ajuste drástico del déficit, lo que no se le dijo es dónde debía meter la tijera. Fue él quien seleccionó partidas sensibles como el salario de los funcionarios, las pensiones, la dependencia o la inversión pública. Y lo hizo, según fuentes socialistas, porque necesitaba "un gesto dramático" para demostrar que iba en serio. Es decir, porque también en la UE, admiten, tiene un problema de "credibilidad".

Quizá no entienden su filosofía. "La mejor medida es la que ni siquiera se plantea; la segunda, la que no se toma; la tercera mejor, la que después de anunciada se puede retirar; la cuarta, la que, una vez tomada se mezcla y compensa con otra, muchas veces, contradictoria ", enumera con humor un parlamentario que trabajó muchos años de cerca con el jefe del Ejecutivo. Conclusión: desde fuera se le percibe como "poco perseverante".

Pesa, además, que España posee un modelo de Estado que no se entiende bien en otras latitudes y que hace que decisiones de índole económica que en otros lugares podría tomar un primer ministro estén en manos de las autonomías. "Existe la sensación -admiten en las filas socialistas- de que Zapatero tiene un problema de gobernabilidad interna".

Eso explicaría el tijeretazo social. Incómodo para muchos, pero defendido con uñas y dientes. Porque, pese a todo, y aunque muchos afirman que "existe debate interno", el PSOE parece tener claro que no es momento de abrir fisuras sino de estar cohesionados. Eso sí, siempre y cuando este requiebro sea pasajero y el jefe vuelva a sacar en breve músculo progresista.

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