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Nacional
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Blog - Los desastres de la guerra

por Gervasio Sánchez

HISTORIA

El proceso que apuntilló al régimen

Hoy se cumplen 40 años del Consejo de Guerra de Burgos contra 16 militantes de ETA, en el que fue uno de los juicios más relevantes de la época franquista. Uno de los condenados a muerte recuerda los hechos.

El Consejo de Guerra de Burgos contra 16 militantes de ETA, uno de los juicios más relevantes del franquismo, cumple hoy su 40 aniversario.

La vista del sumario 31/69, que tenía 3.000 folios, se celebró del 3 al 9 de diciembre de 1970 en la sala de justicia del Gobierno Militar de Burgos. Se juzgaba a militantes de ETA por diversos actos delictivos sucedidos a finales de la década de los sesenta, entre ellos los asesinatos del mando policial Melitón Manzanas, del guardia civil de Tráfico José Pardines y del taxista Fermín Monasterio.

El tribunal militar deliberó 18 días en sesión ininterrumpida y entre los abogados de los procesados se encontraban varios opositores al régimen, como Gregorio Peces-Barba, Juan María Bandrés y José Solé Barberá.

El Gobierno decidió dar una amplia publicidad a un juicio que preparaba un castigo ejemplar a los encausados, con una petición fiscal de seis penas de muerte y más de siete siglos de cárcel. La reacción popular fue inmediata. Los paros de trabajadores, las huelgas estudiantiles y las manifestaciones ciudadanas paralizaron la vida económica y social del País Vasco. Paralelamente se produjeron movilizaciones de protesta contra el régimen de Franco en distintas ciudades españolas y europeas y ataques a delegaciones diplomáticas españolas.

Al día siguiente del comienzo del juicio, el Gobierno instauró el estado de excepción en Guipúzcoa y el 14 de diciembre lo extendió al resto del país y respondió a las concentraciones con detenciones masivas y el uso de la violencia. En este contexto, el joven Roberto Pérez Jáuregui murió el 8 de diciembre de 1970, unos días después de ser herido por disparos de la Policía cuando participaba en una manifestación de protesta en Eibar (Guipúzcoa).

La sentencia, integrada por 107 folios y publicada el día de los Inocentes del mismo año, condenó a más de quinientos años de cárcel a quince de los encausados y a la pena de muerte a seis de los mismos (tres de ellos, a doble pena). Arantxa Arruti fue absuelta. Los seis penados a muerte fueron Eduardo 'Teo' Uriarte, Xabier Izko, Mario Onaindía, Xavier Larena, José María 'Unai' Dorronsoro y Jokin Gorostidi.

Cadena perpetua y amnistía

Sin embargo, la condición militar del tribunal y la ausencia de garantías procesales motivaron la reacción diplomática internacional y finalmente las penas de muerte dictadas fueron conmutadas por cadena perpetua dos días después de la sentencia.

Entre el aluvión de peticiones de clemencia se encontraban las de abogados y asociaciones de derechos humanos, la de gobiernos como el británico y el alemán, y de la Iglesia, incluido el papa Pablo VI. De hecho, dos de los encausados eran sacerdotes, Julen Kalzada y Juan Etxabe.

Con la llegada de la democracia y tras la ley de amnistía, todos los procesados fueron excarcelados en 1977. Cinco de los seis condenados a muerte fueron expulsados a Bélgica en mayo de ese año, y el sexto, Xabier Izco, fue expulsado a Noruega en junio. Fueron amnistiados al año siguiente.

Posteriormente, todos los activistas liberados abandonaron ETA. De los seis condenados a muerte, cinco repudiaron en años posteriores la violencia, menos Jokin Gorostidi, que fue una de la cabezas visibles de Herri Batasuna hasta su muerte en 2006. También ha fallecido Mario Onaindía, que junto a Teo Uriarte, actual gerente de la Fundación para la Libertad, se integró en Euskadiko Ezkerra y luego en el Partido Socialista.

Ayer, Uriarte consideró que aquel consejo de guerra marcó el declive de la dictadura de Franco y, por otro lado, contribuyó a legitimar a la organización terrorista. El ex militante etarra, con un recuerdo "bastante trágico" de los acontecimientos, precisó que lo "bueno" es "haber estado presente en el hito que marcó el declive definitivo de la dictadura de Franco", pero "lo peor" fue que "se legitimó el futuro de ETA".

A su juicio, la organización terrorista "encontró causas y razones para seguir combatiendo no contra la dictadura, que quizás podría haber sido algo admisible, sino especialmente contra la democracia". Para Uriarte, aquel consejo de guerra dio "mucho oxígeno" a ETA, sobre todo por "el gran demérito del régimen, que quería sobrevivir como fuera y necesitaba un peligroso adversario enfrente, ya que los comunistas habían dejado de serlo, para justificar el régimen autoritario ante sus aliados, especialmente EE. UU.". "El resultado -indicó- fue absolutamente catastrófico para los que articularon tal maniobra". "El mismo presidente de Estados Unidos mandó un telegrama a Franco solicitando que no nos fusilaran", recordó.

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