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Nacional

POLÍTICA

El Gobierno vuelve a recurrir a los aliados ocasionales para salvar los Presupuestos

Dos a uno. El Gobierno superó la tercera y definitiva votación del Congreso para aprobar el techo de gasto de los Presupuestos de 2010, un paso imprescindible para tramitar las cuentas públicas del próximo año. El Ejecutivo no perdió ninguno de los apoyos que consiguió en la votación del 25 de junio, pero tampoco sumó ninguno nuevo a su causa. Fue suficiente con asegurarse las imprescindibles abstenciones para sacar adelante el reto.

Los socialistas echaron mano de nuevo de las alianzas ocasionales en la cámara baja para aprobar el límite de gasto en los Presupuestos de 2010. Una colaboración que no se materializó en votos a favor sino en unas abstenciones que fueron suficientes para impedir que los votos en contra superaran a los favorables. El PSOE sólo contó con sus votos más los dos de Coalición Canaria y el de Unión del Pueblo Navarro, un respaldo que permitió derrotar el rechazo del PP, PNV, Esquerra Republicana y UPyD. Los nacionalistas catalanes y gallegos, IU-Iniciativa per Catalunya y Nafarroa Bai aportaron las valiosas abstenciones para el Gobierno.

El Congreso levantó así el veto impuesto por el Senado el 30 de junio con los votos de populares, republicanos y nacionalistas vascos, que reunieron la mayoría de la cámara alta. Pese al triunfo parcial de hoy, el Gobierno no tiene garantizada en absoluto la aprobación del los Presupuestos de 2010. La negociación comenzará en septiembre, y el objetivo gubernamental es lograr la complicidad de los grupos más pequeños. Sus 11 votos, repartidos entre siete formaciones distintas, son vitales una vez descartada la colaboración de CiU y PNV.

En el debate se repitieron los argumentos de hace 13 días con un pellizco más de tremendismo. El duelo dialéctico deparó, además, batallas particulares al margen de lo que se discutía; como la del republicano Joan Tardá y el portavoz de CiU Josep Sánchez Llibre a propósito del nacionalismo catalán. El primero recriminó la hipocresía del segundo por facilitar la aprobación del techo de gasto y a la vez torpedear la financiación autonómica; y Sánchez Llibre en un tono airado, inusual en su bonhomía, exigió a grito pelado a Tardá que "dejara de mirar a CiU por el retrovisor".

Agujero negro

Fuera de esta escaramuza, nada nuevo bajo el sol. El portavoz del PP Cristóbal Montoro dio una vuelta de tuerca a su discurso crítico y acusó al Gobierno de llevar España "a la ruina, a un agujero negro" por "despilfarrar la herencia" que dejó el Gobierno de Aznar. Se cebó en la vicepresidenta segunda Elena Salgado, muda en su escaño, que "ha batido el record de la incompetencia", dijo, con una política trufada de "progresitis" y sin "un ápice" de austeridad.

El socialista Francisco Fernández Marugán salió al quite y lamentó "el fanatismo" en el diagnóstico del PP, con el que sacó a flote sus "pesadillas" y no contribuyó a "la brillantez" del debate. Rechazó además sus propuestas de rebajas fiscales, una estrategia "demodé en los países modernos".

El resto, opositores y abstencionistas, se centraron en denunciar "la falta de rumbo" del Gobierno, a la vez que auguraron que con el techo de gasto aprobado, 182.439 millones de euros, los números "no saldrán".

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