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REACCIONES AL COMUNICADO

El Gobierno reconoce los "esfuerzos" de Batasuna, pero exige que rompa con ETA

Rubalcaba transmite al partido ilegalizado que debe mantener la presión sobre la organización terrorista para resultar creíble. El ministro dice que el Estado está más fuerte y la banda, más débil.

El comunicado de ETA no colma expectativa alguna ni variará la política antiterrorista del Gobierno, pero Alfredo Pérez Rubalcaba se sintió ayer en la obligación de pasar la mano por el lomo de Batasuna aunque fuera para decirle que aún necesita mejorar. El Gobierno entiende que, pese a su insuficiencia, el anuncio de un alto el fuego "permanente y de carácter general" da muestras de que la banda terrorista al menos es en cierto modo permeable a los planteamientos de aquellos que, en palabras del ministro de la Presidencia, Ramón Jáuregui, "quieren arrastrar a ETA hacia el final" y no desea frustrar esa vía.

"Yo no niego, porque sería negar la verdad -admitió Rubalcaba- que Batasuna esté haciendo esfuerzos, pero tiene que hacer el esfuerzo máximo, que es romper con ETA o convencerla de que lo deje del todo y, si no, no va estar en las instituciones". Una de cal y una de arena. El discurso gubernamental pretende combinar el mensaje de firmeza con el de que no hace oídos sordos al movimiento emprendido por la izquierda radical, que nunca como ahora se había atrevido a ejercer de fuerza motriz de un proceso que conduzca al abandono de la violencia.

Falsa idea de cerrazón

La afirmación del Gobierno de que no abrirá un nuevo diálogo con la organización criminal, no aceptará intermediación alguna y no admitirá mayor verificación de la tregua que la que de oficio realicen las propias fuerzas de seguridad del Estado tiene una consecuencia que al ministro del Interior no se le escapa: puede hacer prosperar en una parte de la sociedad vasca la peligrosa idea de que si la paz no es posible es solo por la cerrazón del Ejecutivo.

De producirse ese efecto, se revertirían los beneficios inesperados que, según Rubalcaba, produjeron los intentos de negociación articulados hasta la fecha por los Gobiernos democráticos. Su tesis es que, pese acabar en fracaso, todos contribuyeron poco a poco a la deslegitimación del terrorismo. "Ha habido un fortalecimiento del Estado y un debilitamiento de la banda. Al final, visto en perspectiva, la que perdió fue ETA", afirmó el vicepresidente en Cuatro.

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