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DISPUTAS EN EL PSOE

El enfrentamiento de Chaves y Griñán amenaza el liderazgo del PSOE en Andalucía

Una honda y añeja amistad se resquebraja en Sevilla, y el PSOE está más cerca de perder las elecciones generales de 2012. Esta particular versión de la 'teoría del caos' carece de la poética visión de un aleteo de mariposa, pero muestra un enfrentamiento que se antojaba imposible: José Antonio Griñán, presidente de la Junta de Andalucía, contra Manuel Chaves, vicepresidente tercero del Gobierno y secretario general de los socialistas andaluces. Hace apenas siete meses, ambos protagonizaron un insólito relevo en la Presidencia del Gobierno autonómico andaluz. Chaves, de 62 años, se adelantó a posibles movimientos de la dirección federal -la cúpula del PSOE envió mensajes que apuntaban a Mar Moreno como la mejor sustituta- y propuso a Griñán, de 61 años y con una dilatada experiencia como gestor.

Un estrecho colaborador de Chaves confiesa que el vicepresidente tercero es muy selectivo a la hora de otorgar la categoría de amigo a una persona. Griñán, sin duda, se encuentra en este selecto club.

Más allá de la cuestión sentimental, forjada durante más de un cuarto de siglo de camaradería, Chaves ha respaldado todas las iniciativas adoptadas por Griñán en sus primeros seis meses de mandato, alguna un tanto arriesgada, como el nombramiento de Rosa Aguilar, destacada dirigente de Izquierda Unida, como consejera de Obras Públicas y Transportes.

Chaves dio un paso decisivo en septiembre al anunciar que Griñán sería candidato a la Presidencia de la Junta y secretario general del PSOE-A en 2012. El mensaje fue claro: el entendimiento entre los dos líderes socialistas hacía innecesario la convocatoria de un congreso extraordinario. Una bicefalia amable capitanearía la nave hasta finalizar la legislatura. Lo prioritario era y es taponar la sangría de afectos que la crisis ha provocado en el fiel electorado andaluz.

La sensación de cambio tranquilo, sin embargo, se ha desmoronado como un castillo de naipes ante el ímpetu con que Griñán reclama ser el 'número uno' de los socialistas andaluces. Quiere el cargo ahora y no dentro de tres años como marca la hoja de ruta ideada por su mentor.

¿Qué ha provocado el distanciamiento? Destacados dirigentes de esta formación inciden, sin tapujos, en que se trata más en una cuestión más psicológica que política. "El propio Chaves está literalmente pasmado ante la actitud de Griñán, porque si quiere un congreso extraordinario lo debería haber hablado en privado y no radiarlo", comenta una de las fuentes consultadas. Otro interlocutor ironiza sobre la posibilidad de que se trata de un caso de 'síndrome de Cronos': "En esta ocasión, el hijo es el que mata al padre político para no ser desplazado". Un tercer consultado fija el origen de esta 'tsunami' en un 'calentón' de Griñán. "No le gustó que desde la dirección regional lo definieran como el referente del PSOE andaluz, porque lo consideraba un calificativo alejado del liderazgo ni que Chaves pidera acabar con los 'dimes y diretes' sobre quién mandaba", acotó.

Millones de votos

Este inopinado cambio de talante ha encendido las alarmas en la dirección federal. Leire Pajín negó el pasado miércoles en Sevilla la posibilidad de adelantar el principal cónclave de los socialistas andaluces. La dirección federal sabe que cualquier división que encalle la maquinaria electoral del PSOE en Andalucía puede ser letal para las aspiraciones de triunfo en las generales de 2012. De hecho, en las dos últimas elecciones, Andalucía aportó 2,3 millones de votos a la victoria de José Luis Rodríguez Zapatero. Bajar de la mítica barrera de los dos millones de apoyos en Andalucía puede traducirse, como ocurriera en el año 2000, en un revés para los socialistas. Otro antecedente fue la lucha sin cuartel entre 'guerristas' y 'renovadores', en la década de los noventa.

Griñán desoyó a Pajín e insistió en la necesidad de obtener el control del partido. El asunto comenzaba a escaparse de las manos.

Para evitar el riesgo de llegar a un punto de no retorno, Chaves y Griñán se reunieron en Sevilla para sellar fugas y negar diferencias. Con este gesto, un tanto forzado, se pretendió evitar la sensación de vencedores o vencidos. La decisión ha sido salomónica: Griñán se hará con las riendas del partido antes del 2012, pero no de forma inmediata. "Cuanto toque", esta es la lacónica respuesta pactadas por las partes.

Mientras, en la otra orilla, el PP de Javier Arenas se frota los ojos y las manos ante un regalo tan inesperado. El líder de los populares andaluces fue el primer en advertir de que el relevo en la cúpula del PSOE se había cerrado en falso. Esta bronca parece darle la razón. De hecho, Arenas reiteró de forma machacona la falta de legitimidad con la que, a su juicio, Griñán había llegado a la Presidencia de la Junta. "Este cargo se lo ha regalado su amigo Chaves que es el que seguirá moviendo los hilos desde Madrid". Una idea que, hasta ahora, parecía no haber hecho mella entre los socialistas. El incidente entre los mandatarios socialistas coincide, además, con encuestas que dan, por primera vez en la historia, el triunfo al PP en Andalucía.

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