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INMIGRACIÓN

El 'agujero negro' de Barajas

Los colectivos de inmigrantes denuncian las condiciones de la sala de inadmitidos del aeropuerto madrileño, que cada día recibe a 50 extranjeros 'sin papeles'.

La polémica sala tres de Barajas, que acoge a inmigrantes 'sin papeles', ha sido reforzada. El pasado martes entró en funcionamiento un nuevo espacio para albergar a los extranjeros que no cumplen los requisitos para entrar a España. Cuenta con 44 camas, teléfonos públicos, salón de juegos, televisores y máquinas de bebidas. También dispone de menús adaptados por motivos religiosos y tiene cunas para los más pequeños, pero las medidas no satisfacen a las asociaciones de inmigrantes.

Cada día, unas 50 personas son inadmitidas en Barajas. Los afectados provienen, en su mayoría, de Paraguay, Uruguay, Venezuela o Argentina, países que no requieren visado para visitar España por periodos inferiores a tres meses. Las causas para denegarles la entrada suelen ser las mismas: la falta o la mala elaboración de la carta de invitación que exige la ley de extranjería o una cantidad de dinero inferior a la que establece dicha normativa.

Este es el caso de una venezolana que suma 72 horas en la sala tres de la terminal de Madrid. Está a la espera de un vuelo que la conduzca nuevamente hasta su patria. No sabía que necesitaba mínimo 540 euros para visitar por nueve días España. Tampoco tenía conocimiento sobre el manto de dudas en torno a las condiciones de vida de quienes son rechazados en el puesto de fronteras de Barajas.

Entre enero y junio de 2008 los abogados de oficio atendieron a unas 7.600 personas que se encontraban en la misma situación que la venezolana; durante 2007 los letrados elaboraron 15.350 expedientes de retorno y en 2006 prestaron sus servicios a 10.548 extranjeros.

Las cifras dan cuenta de aproximadamente el 95 por ciento de los rechazados en la terminal madrileña.

Estos extranjeros tienen que ser retornados en el menor tiempo posible y cuando su devolución no pueda efectuarse en menos de 72 horas su caso debe ser puesto en conocimiento de un juez, para que este decida el lugar de estancia hasta el momento del viaje.

"Guantánamo Light"

Las condiciones de internamiento son una queja constante de los colectivos de inmigrantes. Daniel Arcos es una de las voces más críticas. El presidente de la Casa Argentina en Barcelona define la sala tres de Barajas como un "Guantánamo light", asegura que quienes se encuentran allí están "secuestrados y en situación de alegalidad" y señala que la única diferencia entre la prisión norteamericana y el aeródromo es que en este último no hay torturas.

Para Arcos, la nueva dependencia sólo es "una prueba de que las autoridades comienzan a cumplir con sus propias leyes" aunque teme que también "aumentarán" las inadmisiones. Según datos de la Casa Argentina en Barcelona, el número de argentinos rechazados en frontera pasó de 20 por mes en 2007 a 10 ó 15 por día en 2008.

Arcos atribuye el incremento a una "campaña de agitación para favorecer políticas racistas" y asegura que sus compatriotas retenidos en Barajas carecen protección judicial y de seguridad temporal.

La situación para los uruguayos también es preocupante. Gustavo Álvarez, secretario de migración del Centro Uruguayo en Madrid, afirma que el número de inadmitidos procedentes de su país ha aumentado un 100 por ciento, al pasar de cuatro o seis casos por semana en 2007 a nueve en 2008. Las quejas sobre las condiciones de internamiento también están presentes en este colectivo. La terminal "no cumple las garantías necesarias y las personas están hacinadas", afirma Álvarez en referencia a la sala tres.

En esa misma línea, Francisco Solans, portavoz de la Subcomisión de Extranjería del Consejo General de la Abogacía Española, considera que la conocida como sala tres "se parece muy poco a un hotel, que lo que debería ser". Señala que los extranjeros a los que se les ha negado la entrada al país "deberían tener garantizado el acceso de terceros" pues sólo están privados del derecho ambulatorio y por lo tanto "no cabe razón para medidas de incomunicación".

La ciudadana venezolana, que lleva tres días en Barajas, espera resignada la hora de volver. Sabe que no abrazará a los miembros de su familia que residen en la Península. Tienen claro que irá de la sala al avión que la devolverá a casa. No ha podido cambiarse de ropa porque las autoridades se niegan a entregarle sus pertenencias, pero no se queja. Ha escuchado que otros inmigrantes han vivido experiencias más desagradables durante el periplo entre sus países y la terminal de Madrid.

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