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NUTRICIÓN

Dieta mediterránea: ¡A su salud física y mental!

Los habitantes de la isla de Creta que, a mediados del siglo XX, llevaban una vida físicamente activa y seguían una alimentación frugal, a base sobre todo de vegetales, el aceite de oliva como principal fuente de grasa y escasa ingesta de productos de origen animal (salvo pescados), desconocían que se iban a convertir en la referencia nutricional del siglo XXI. Tampoco sabían que su dieta iba a aspirar a ser reconocida como patrimonio de la humanidad por fundados motivos, a tenor de los beneficios que proporciona tanto para la salud física como para la salud psíquica. Porque recientes estudios avalan también sus bondades para prevenir enfermedades tan extendidas en este siglo como la depresión o el Alzheimer.

 

La demostración de que la dieta mediterránea reduce entre un 40 y un 50% el riesgo de sufrir depresión, publicada hace unos días en la revista más importante de Psiquiatría, 'Archives of General Psychiatry', fue fruto del seguimiento a la alimentación de 10.094 personas participantes en un gran estudio. Se trata del macroproyecto SUN (Seguimiento de la Universidad de Navarra), iniciado en 1999, en el que participan ya 20.000 voluntarios, de financiación pública -a través del Instituto de Salud Carlos III- y con colaboración de diversas universidades españolas, entre ellas la de Zaragoza -participan las profesoras Iva Marques y Marta Fajó.

 

Ninguno de los 10.094 participantes sufría depresión al inicio del estu

dio. "A todos se les realizó un seguimiento durante cuatro años y medio y se observó que 480 desarrollaban una depresión, clínicamente diagnosticada", explica el catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra Miguel Ángel Martínez-González. Y fueron aquellos que tenían menor adhesión a la dieta mediterránea los que más desarrollaron la enfermedad, mientras que quienes mejor seguían ese patrón de alimentación tradicional presentaban una reducción de entre un 40 y un 50% en el riesgo de padecer depresión.

 

Según explica Martínez-González, para el seguimiento de los voluntarios se daban nueve puntos: seis a quienes incluían en su dieta aceite de oliva como principal fuente de grasa, además de predominar en su menú las frutas, verduras, cereales, legumbres, pescado y frutos secos; dos puntos si el consumo de productos cárnicos y lácteos enteros era bajo, y un punto si tomaba vino tinto de forma moderada en las comidas.

 

Una de las razones por las que la dieta guarda relación con el desarrollo de la depresión es su incidencia en las neurotrofinas, familia de proteínas que favorecen la supervivencia de las neuronas. Según Martínez-González, una alimentación adecuada evita que se atrofie el factor neurotrófico derivado del cerebro, conocido como BDNF por sus siglas en inglés. Este factor tiene niveles bajos en personas con alto índice de depresión y riesgo de suicidio. Se debe a que la dieta mediterránea mejora la función endotelial, responsable de segregar determinados péptidos necesarios para la dilatación y constricción de los vasos sanguíneos.

La serotonina y el ánimo

Pero seguir el menú mediterráneo tradicional también repercute en el mejor funcionamiento de los neurotransmisores, responsables de comunicar unas neuronas con otras. El más importante es la serotonina, que para sintetizarse necesita vitaminas del grupo B y ácido fólico, presentes en las frutas (plátano, frutos secos...). Está demostrado que la serotonina incide en el ánimo, y de ahí que ayude a prevenir la depresión.

 

Además, según el catedrático Martínez-González, los neurotransmisores actúan sobre la membrana receptora de las neuronas, cuya capacidad de respuesta mejora si se "engrasa" con el aceite de oliva, sobre todo con la oleamida, y con las grasas omega 3 procedentes del pescado.

 

No obstante, los investigadores señalan que no está demostrado que la dieta mediterránea influya en la mejora de la enfermedad una vez que se ha diagnosticado. Pero estos resultados sí podrían explicar en cierta medida que el índice de suicidios sea menor en los países mediterráneos que en los del norte de Europa.

 

También hay estudios que demuestran la función preventiva de la dieta mediterránea para reducir la incidencia de demencias seniles como el mal de Alzheimer. Así lo prueba la investigación llevada a cabo por el neurólogo Nicholas Scarmeas, quien corroboró que una mayor adhesión a la dieta mediterránea está directamente asociada con una reducción del deterioro cognitivo.

 

A estas bondades se añade la lista de beneficios probados para la salud física (como la reducción del riesgo de sufrir diabetes tipo 2, rebaja del índice metabólico y, con él, del perímetro de la cintura y todo lo que implica). Así que a disfrutar de la dieta cretense y ¡buen provecho!

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