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APROBADO EL TECHO DE GASTO

CiU vuelve a ser el salvavidas del Gobierno

Duran i Lleida reiteró sin embargo a Zapatero que su tiempo ha acabado y que no apoyará el proyecto de presupuestos.

El ministro Blanco y el portavoz de CiU, Duran i Lleida, antes de la sesión de ayer en el Congreso.
CiU vuelve a ser el salvavidas del Gobierno
G. CUEVAS/EFE

Los nacionalistas catalanes sirvieron, una vez más, de tabla de salvación al PSOE. Sin la abstención de Convergencia i Unió la aprobación del techo de gasto para los presupuestos de 2011 no habría salido ayer adelante y el Gobierno, con la elaboración del proyecto de cuentas bloqueado, hubiese escuchado la demanda generalizada de elecciones anticipadas. El gesto es llamativo porque el mismo Josep Antoni Duran i Lleida, el portavoz parlamentario de CiU, anticipó hace días que rechazará en otoño las cuentas. Ayer justificó su actitud en que no puede dejar caer al Gobierno hasta que Rodríguez Zapatero haya puesto en marcha, este verano, las reformas estructurales que se necesitan.

El comportamiento de CiU entraba dentro de lo esperado. El PSOE daba por hecho que, dado el clima político, no lograrían recabar apoyos, más allá del de sus 169 diputados, pero también entendían que el grupo catalán evitaría torpedear un trámite que, sin efectos prácticos, tiene gran importancia simbólica. Sin sus diez votos 'neutrales', el 'no' habría ganado.

Lo que en cambio no estaba claro era la posición del PNV. Finalmente y tras mantener el misterio hasta pocos minutos antes de que arrancara el debate, dijo 'no'. En parte, gracias a la decisión de CiU, que le permitió despreocuparse de la gobernabilidad a estas alturas del curso para negociar desde una posición de fuerza los presupuestos generales a la vuelta del verano. Exactamente la misma estrategia empleada el año pasado, cuando el grupo vasco votó en contra del límite presupuestario pero, a la postre, lo hizo a favor del proyecto de ley de presupuestos.

Todo un pacto entre nacionalistas. Duran no negó que la jugada fuera tratada la noche previa durante la cena que tanto él como el líder de Convergencia, Artur Mas, mantuvieron con el presidente del PNV, Iñigo Urkullu, en un restaurante madrileño. Es más, en tono irónico, admitió que lo "lógico" sería que, efectivamente, el asunto hubiera estado sobre la mesa.

Los dos partidos políticos clave para la estabilidad del Ejecutivo tienen un interés común: forzar a los socialistas a que se comprometan a dejar gobernar a la fuerza más votada en los comicios locales y autonómicos. De haber sido este el procedimiento empleado en citas anteriores, Mas sería hoy presidente de la Generalitat y Patxi López no sería lendakari.

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