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TERRORISMO

Aparcamientos a prueba de bombas

Especialistas de la Politécnica de Madrid han recibido del Gobierno un millón y medio de euros para que investiguen en garajes que aguanten explosiones de coches-bomba como el que hundió la T-4 sepultando a dos personas.

Atentado de ETA en Barajas
Aparcamientos a prueba de bombas
AFP PHOTO

¿Es posible diseñar un gran aparcamiento de vehículos que sea capaz de soportar sin derrumbarse la onda expansiva de una furgoneta- bomba cargada con cerca de 200 kilos de explosivos reforzados como la que hizo saltar por los aires el parking de la Terminal 4 de Barajas? El Gobierno quiere una respuesta para construir estacionamientos públicos inmunes a los coches-bomba de ETA en los garajes de los grandes centros de comunicaciones y transporte. Y eso cuesta dinero y años de trabajo en el laboratorio.

El Ministerio de Fomento aprobó el pasado 26 de diciembre una partida de 1.556.223 euros en concepto de ayudas a un grupo de científicos y especialistas de la Universidad Politécnica de Madrid que dirigirá la «investigación» de las «condiciones» en la que se debe «proyectar y ejecutar» la construcción de «los edificios de aparcamiento de terminales de transporte sometidos a riego de ataque terrorista».

La idea del proyecto nació poco después de que el 'comando Elurra' de la banda terrorista redujera a escombros con una sola explosión las cinco plantas del módulo D de la T4 el 30 de diciembre de 2006. Aunque esa no era la primera vez que la banda atentaba contra Barajas. En julio de 2001, otro coche bomba en el Parking-2 de la antigua terminal causó daños a más de 150 vehículos y algunos desperfectos estructurales.

El Ejecutivo concede gran importancia al estudio de la viabilidad de este aparcamiento antiterrorista, hasta el punto de que ha sido incluido en el 'Plan Nacional de Investigación Científica, Desarrollo e Innovación Tecnológica' para los años 2008-2011, en el que sólo figuran otros 42 proyectos de transportes en toda España.

Del millón y medio de euros que los investigadores de la Politécnica recibirán durante tres años, 671.029 euros serán en concepto de subvención a fondo perdido y el resto, 827.545 euros, se les entregarán como préstamo, con un tipo de interés 0 y a devolver en 15 años a partir del 2012, cuando el estudio debe estar terminado y con sus conclusiones listas.

Tarea difícil

La tarea de los científicos no será fácil. ETA, según las conclusiones finales de la Policía Científica, empleó casi 200 kilos de un explosivo inorgánico a base de nitratos (amonal o amosal), al que sumó otro sustancia, exógeno, para multiplicar su poder destructivo.

A pesar de que los módulos de los aparcamientos de la T-4 estaban diseñados para minimizar los efectos de ondas expansivas (todas las plantas de hormigón estaban abiertas, sin tabiques ni muros maestros) y que los terroristas colocaron la furgoneta en el nivel 4 (y no en el 0 que habría provocado aún más daño), la deflagración pulverizó el 90 por ciento de las cinco plantas de edificio. Sólo se salvaron las rampas de acceso. El parking se vino abajo como un castillo de naipes, precisamente lo que los científicos de la Politécnica buscan evitar en las nuevas construcciones.

La banda fue capaz de desmembrar 30.000 toneladas de hormigón y de hacer desaparecer literalmente 50.000 metros cuadrados de aparcamiento (el equivalente a cinco estadios de fútbol), amén de pulverizar 4.000 metros cuadrados de cristaleras y destrozar otros 3.000 metros de aluminio. La bomba dejó inutilizables 2.000 plazas de aparcamiento

El módulo D se reabrió en septiembre de 2007 tras ocho meses de trabajo a destajo y una inversión de 24,5 millones de euros. A esta cifra hay que sumar los 12 millones de euros que el Consorcio de Compensación de Seguros (CCS) abonó por daños a vehículos, pues se computaron más de 2.100 reclamaciones de propietarios de vehículos (700 coches quedaron totalmente destruidos). Arreglar los desperfectos en la terminal supuso otros tres millones de euros.

Lo que el dinero no pudo reparar fue la muerte de los dos ciudadanos ecuatorianos que fallecieron al ceder las estructuras: Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio.

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