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Josep Rull, un líder del 1-O que pisó prisión, liderará un Parlament sin mayoría soberanista

Rull es una figura de consenso entre las diferentes familias que cohabitan en JxCat

El recién elegido presidente del Parlament de Catalunya, Josep Rull, durante el pleno de constitución de la XV legislatura del Parlament de Cataluña
El recién elegido presidente del Parlament de Catalunya, Josep Rull, durante el pleno de constitución de la XV legislatura del Parlament de Cataluña
Lorena Sopna

Los últimos años del nuevo presidente del Parlament son el vivo reflejo del proceso soberanista: dirigente de CDC, conseller durante el 1-O, preso durante tres años y medio, y después indultado. Ahora, Josep Rull i Andreu (Terrassa, Barcelona, 1968) deberá encabezar un Parlament sin mayoría independentista y ante una investidura todavía incierta.

Rull es una figura de consenso entre las diferentes familias que cohabitan en JxCat: tiene pedigrí convergente -fue secretario general de la antigua Convergència Democràtica de Catalunya-, pasó por la cárcel por su papel en el referéndum unilateral del 1-O y exhibió perfil de gestión en su breve etapa de conseller.

"Es de lo mejor que hay para elegir. Es cordial, conciliador, formal y seguramente cree en la institución", subraya una voz al corriente de la vida interna de Junts que no se encuadra en el mismo sector que Rull.

La trayectoria política del nuevo presidente del Parlament empezó en 1986, cuando se afilió a la Joventut Nacionalista de Catalunya (JNC), entonces rama juvenil de CDC, de la que llegó a ser su secretario general entre 1994 y 1998 y donde se rodeó de un núcleo de colaboradores que todavía hoy lo acompañan.

En aquellos años de juventud, Rull rivalizó con otro valor al alza de CDC en la comarca vecina del Vallès Oriental, Jordi Turull, una rivalidad que los llevó a enfrentarse en el congreso fundacional del PDeCAT, cuando una alianza entre 'rullistas' y la JNC cortó el paso a los afines a Turull, que aspiraban a controlar la nueva dirección.

Esta enemistad aparentemente irreconciliable dio un vuelco cuando ambos dirigentes compartieron años de cárcel por su papel en el 1-O, y, en la génesis de Junts, ambas familias han acabado compartiendo trinchera, engrosando el sector pragmático del partido.

Del 1-O a las quinielas de presidenciable

Entró en el Parlament en 1997, con 29 años, y poco a poco fue creciendo en las filas del grupo parlamentario de CiU hasta llegar a ser secretario general de CDC. Entre 2010 y 2015 fue secretario tercero del Parlament, su primera experiencia en la Mesa de la cámara catalana, a la que ahora vuelve como presidente.

Europa Press

La figura de Rull empezó a tomar proyección pública y dimensión política tras su entrada en el Govern de Carles Puigdemont, en el que ocupó la conselleria de Territorio y Sostenibilidad durante el año y medio que duró el ejecutivo catalán. Eligió quedarse en Cataluña tras el 1-O y estuvo encarcelado tres años y medio, hasta que Pedro Sánchez lo indultó junto al resto de líderes presos.

Antes de que Puigdemont anunciase su intención de presentarse a las elecciones catalanas del pasado 12 de mayo, Rull era uno de los nombres que generaba más consenso en Junts como candidato, aunque no todo el mundo lo veía igual: "Tiene que ser buena persona, pero no tiene que parecer tan buena persona. Le falta malicia", dijo de él la expresidenta del Parlament Núria de Gispert.

Anna Erra, el relevo de Borràs

Rull relevará al frente del Parlament a otra figura del sector pragmático de Junts: Anna Erra, exalcaldesa de Vic (Barcelona), que accedió a la presidencia de la cámara un año y medio después de la pérdida del escaño de Laura Borràs, tras su condena por corrupción.

Erra ha ocupado la presidencia del Parlament un año y un día, en el que le ha dado tiempo de vivir la aprobación en el Congreso de la ley de amnistía y que ha tratado de llevar la normalidad institucional a la cámara catalana tras el periodo de interinidad al que la abocó la inhabilitación de Borràs.

En este tiempo, Erra ha tenido que enfrentarse a situaciones polémicas en el Parlament, como las denuncias de la Oficina Antifraude por irregularidades en materia de personal o las denuncias por machismo de dos diputadas de Junts

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