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Casa Artero de Barbastro cierra la actividad comercial de 181 años

Este sábado será la última jornada de trabajo para la familia Albert-Artero, sexta generación de estos grandes almacenes del Somontano.

Lourdes, Enrique, Conchi y Paco en el mostrador de la primera planta de Casa Artero.
Lourdes, Enrique, Conchi y Paco en el mostrador de la primera planta de Casa Artero.
J. L. P.

El comercio aragonés pierde una de sus referencias más antiguas con el cierre de almacenes Albert-Artero, Casa Artero popularmente conocida por los clientes de Barbastro, Somontano y buena parte de la zona oriental de la provincia de Huesca. "Este negocio siempre lo han llevado las mujeres", cuenta Enrique Albert a la hora de explicar el nombre coloquial de su establecimiento. Él es la sexta generación junto a su hermana Lourdes, la gerente, y su hermano Paco, ya jubilado, y los últimos propietarios -junto a la mujer de Enrique- de la Sociedad Limitada que en 1989 cogió las riendas del negocio de manos de sus padres Francisco y Concepción.

Este sábado será el último que abran las puertas al público ya que como explican en una carta que enviaron a proveedores y distribuidores, así como a clientes, “no se ha podido realizar una sucesión viable”. Se refieren al relevo generacional que en este caso no ha podido ser, por lo que, para esta sociedad, llega el momento de descansar tras años de entrega a una forma de entender el comercio muy personal, casi familiar. De ahí quizás la clave de su éxito en un mundo donde el comercio electrónico es imparable y proliferan bazares chinos por doquier.

Los tres hermanos Enrique, Lourdes y Paco en el mostrador.
Los tres hermanos Enrique, Lourdes y Paco en el mostrador.
J. L. P.

"Mañana será la última vez que abramos al público, durante junio estaremos haciendo papeleo. Pondremos un cartel en la puerta y lo publicaremos en nuestra página web y redes sociales para dar las gracias a la gente por habernos acompañado durante tantos años", explica esta tarde Enrique, que como el resto de la familia está viviendo “sensaciones encontradas". "No es algo de gusto, pero hasta los mismos clientes entienden que llega un momento en la vida en la que si no te sigue nadie hay que descansar", comenta. "La gente lo comprende y nos agradece el trabajo hecho. Ahora la gente tiene otras prioridades ante un negocio quieren conciliar su vida el ocio, priman otras cosas", comenta. Su hermana Lourdes piensa igual: "Actualmente prima la conciliación familiar, tener ocio más que ganar dinero. Sacrifican el sueldo y los horarios para tener tiempo para ellos, para hacer deporte, para la familia. La sociedad ha cambiado, nuestros hijos ven como un sacrificio o una esclavitud abrir de lunes a sábado, y eso que decidimos cerrar los sábados por la tarde. La conciliación era imposible, pero nadie se ha muerto y hemos criado igual a nuestros hijos", cuenta Lourdes Albert, muy emocionada. "Ahora mismo no quiero sentir nada. Hoy he pensado: 'la última tarde que abro la tienda', pero para todo tiene que haber una última vez", afirma con resignación.

Al cierre de hoy, los propietarios invitarán a un ágape a los once trabajadores, otros empleados ya jubilados, familia y allegados. "Haber llegado hasta aquí es mérito de mucha gente, de los trabajadores y de los clientes. Mucho agradecimiento a Barbastro y a comarca", señala.

Albert Artero ha sido célebre por su gran variedad de productos a precios competitivos que hicieron de esta casa un referente del comercio rural en la provincia de Huesca y sus comarcas limítrofes durante sus casi dos siglos de historia, habiendo, tradicionalmente, viajado sus representantes por ellas de manera ininterrumpida y hasta desarrollando, entre los años 1919 y 1935, una actividad importadora especialmente desde Solïngen y Hamburgo (Alemania) y Bohemia (Republica Checa).

Trabajadores y propietarios de Casa Artero.
Trabajadores y propietarios de Casa Artero.
J. L. P.

El estallido de la Guerra Civil Española en 1936 significará pocos meses después la colectivización del negocio. Esta etapa incierta se extenderá hasta abril de 1938, fecha en la que un bombardeo causa graves daños materiales al edificio y obliga al cese momentáneo de su actividad comercial. Francisco Artero Bosque, titular del negocio, debió afrontar posteriormente las labores de reconstrucción del inmueble e, inmediatamente a continuación, reanudar a duras penas el negocio en los precarios tiempos de la escasez y el racionamiento.

Dos décadas más tarde, el desbordamiento del río Vero a consecuencia de una serie de lluvias torrenciales conjurará la siguiente gran vicisitud del negocio, dañándose una vez más el edificio de manera estructural. Su íntegra demolición comenzará en 1969 a manos de Francisco José Albert y su esposa Concepción Artero, y, sin detener en ningún momento la actividad mercantil, se levantará el que hasta hoy en día ha sido Almacenes Albert-Artero.

El negocio ha recibido el Premio Basilio Paraíso en 2011, el premio Empresa concedido por la Cámara de Comercio de Huesca en 2018, el galardón Germana de Foix que concede el Ayuntamiento de Barbastro y la Almendra de Oro del semanario local El Cruzado Aragonés.

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