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La mano del hombre está detrás de la mitad del monte calcinado en 15 días

Pirómanos y negligentes son la causa de al menos diez grandes incendios que han arrasado más de 30.000 hectáreas y aterrorizado 30 pueblos.

Piromanía, en una imagen de archivo.
Piromanía, en una imagen de archivo.
Unsplash

España vive el peor verano de fuegos del siglo. Los factores que más contribuyen a este desastre medioambiental son el cambio climático, con sus cada vez más frecuentes, largas y tórridas olas de calor, y la falta de diligencia de las administraciones públicas, que permiten que el bosque sea un polvorín de zarzas, arbustos y maleza. 

Pero hay un tercer elemento decisivo: el factor humano. Los incendiarios, sea por pura acción criminal o por comportamientos irresponsables, son la espoleta que activó buena parte de los fuegos extremos que en el último mes y medio han arrasado el país.

Pirómanos y negligentes son los responsables de al menos diez grandes incendios ocurridos en siete comunidades en las últimas dos semanas. Estos fuegos pusieron en riesgo miles de vidas, causaron cientos de millones de euros en daños y calcinaron unas 32.000 hectáreas de arboleda, dehesa y monte, la mitad de todo el territorio destruido por las llamas desde el pasado 15 de julio, según las primeras estimaciones.

Seis de estos incendios fueron causados de forma premeditada y cuatro más son consecuencia del desprecio irresponsable de las prohibiciones oficiales que buscan minimizar el altísimo riesgo de deflagraciones. Unos y otros comportamientos delictivos, además de causar enormes daños materiales, obligaron a desalojar a más de 11.000 personas de 30 pueblos de nueve provincias distintas, en muchos casos generando momentos de pánico y dolor, por tener los vecinos que salir corriendo de sus casas, de madrugada y con lo puesto.

La palma de los actos delictivos se la lleva Castilla y León, donde se concentran los mayores fuegos forestales del verano y donde se ubican cuatro de los nuevos superincendios provocados por el hombre. El resto, uno en cada caso, fueron en Aragón, Canarias, Extremadura, Andalucía, Galicia y Castilla-La Mancha.

Las fuerzas de seguridad llevan semanas pidiendo colaboración ciudadana para detener a pirómanos y negligentes. En los últimos 20 días han arrestado a siete incendiarios en Valencia, Tarragona, Madrid, Jaén, Cáceres y La Rioja y a siete agricultores (Burgos, Palencia, Castellón y Ciudad Real) como autores de imprudencias graves, aunque solo uno de ellos, el de Burgos, está vinculado a los diez grandes incendios citados.

Tres de los casos son prácticamente idénticos. Agricultores que usan maquinaria durante las olas de calor y en las horas centrales del día pese a estar prohibido por sus ejecutivos autonómicos. El primero de los fuegos lo causó 18 de julio la chispa de una excavadora que realizaba trabajos de repoblación en Ateca (Zaragoza). La imprudencia tuvo en jaque durante tres días a la comarca de Calatayud, arrasó con 14.000 hectáreas, obligó a evacuar a 2.000 vecinos de seis pueblos y cortó durante horas el AVE y la autovía entre Madrid y Barcelona y varias carreteras y trayectos de ferrocarril convencional.

El segundo capítulo lo escribió otro agricultor, de Quintanilla del Coco (Burgos), que se puso a cosechar por la tarde un campo de cereal que incendió una chispa de la máquina. Fue detenido un día después, tras arrasar 3.500 hectáreas, obligar a evacuar cinco pueblos y poder en serio peligro la Abadía de Silos, joya del románico europeo.

La historia se repitió 24 horas después en Humanes (Guadalajara). Otra cosechadora que ignoró la prohibición de actividad quemó 2.000 hectáreas, hizo huir a 2.000 vecinos y estuvo a punto de costar la vida al piloto de un helicóptero de extinción que acabó en llamas tras estrellarse.

Tragedia por una colilla

Otro clásico de la irresponsabilidad humana mantuvo en vilo durante una semana al abulense Valle del Alberche debido a una colilla encendida arrojada a una cuneta en Cebreros. Calcinó una superficie equivalente a la de Bilbao y obligó a evacuar a más de dos millares de vecinos y visitantes de Hoyo de Pinares.

Un pirómano buscó el 24 de julio redondear la tragedia que viven los zamoranos, con 60.000 hectáreas de sierra abrasadas desde junio. Inició un fuego en Vegalatrave, a solo 8 kilómetros de Losacio, el municipio en el que aún humeaba el mayor incendio del que hay registro. Este delincuente sumó al bosque otras 2.000 hectáreas de cenizas.

La misma lamentable intención tuvo el 17 de julio quien prendió varios focos en la Garganta de las Culebras, posiblemente con bengalas. Logró que las llamas destrozasen parte del Valle del Jerte, el único de los tres parques naturales cacereños que no ardía ya en esos días.

Los incendiarios también actuaron entre el 15 y el 26 de julio en Mijas (Málaga), donde quemaron unas 2.000 hectáreas con tres fuegos sucesivos, con 3.000 vecinos evacuados y la autovía del Mediterráneo cortada. Obra de pirómanos fueron también las llamas de Los Realejos (Tenerife), San Juan de la Nava (Ávila) y Arbo (Pontevedra).

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