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Íñigo Errejón, líder de Más País: "La izquierda no tiene ningún motivo para regocijarse por la crisis del PP"

Anima a plantar batalla a Vox con "las ideas" y avisa al Gobierno de que el "espantajo del miedo a la derecha no da más de sí"

Errejón, portavoz de Más País, durante la inauguración de la escuela Más Región de Murcia.
Errejón, portavoz de Más País, durante la inauguración de la escuela Más Región de Murcia.
Marcial Guillén

Sabedor, en primera persona, del desgarro que supone la quiebra de complicidades en un partido, Iñigo Errejón (Madrid, 1983) reconoce en el adiós la bonhomía de Pablo Casado desde una frontal distancia ideológica. El líder de Más País, cuya organización en Madrid presiona con las presuntas actitudes irregulares de la presidenta Díaz Ayuso y del alcalde Almeida, advierte de los riesgos para la izquierda de este escenario con Vox al alza y de que el "espantajo del miedo a la derecha" ya no basta como enganche electoral.

¿Le haría alguna recomendación a Casado en la derrota?

Bueno, yo también perdí una vez... (sonríe). Pero creo que hay una diferencia fundamental. Me habría encantado escuchar algún debate de ideas en esta crisis del PP, alguna diferencia entre posiciones ideológicas. Porque si tú te vas a casa habiendo defendido tus ideas, puedes dormir tranquilo. En vez de eso, aquí todo se reduce a un relato de espías, contratos a dedo en adjudicaciones públicas, posibles comisiones y testaferros, filtraciones y chantajes... Es decir, una trama mafiosa que solo se revela cuando se destapan las peleas internas. El viejo PP de siempre. Tanto es así que Casado ha caído seguramente por infringir la única ley que no se puede incumplir en el partido, la 'omertá' sobre las prácticas corruptas. Y esto no es un problema privado del PP que resuelven sus barones, y aquí paz y después gloria. Porque lo que se dilucida es si los madrileños estamos pagando espías y contratos a dedo.

¿Observa algo más de fondo?

Sí, que el PP todavía no ha decidido qué posición quiere ocupar en la política española, sobre todo en relación a la ultraderecha. Y eso le tensa. Hace tres años de la foto de (la plaza de) Colón, que es como un agujero negro, porque todo el que se acerca a la extrema derecha acaba hundido. La primera víctima fue Ciudadanos, aunque el PP sea una cosa mucho más grande. Pero aquella foto solo ha beneficiado a uno, a Vox. Todos los demás salen mal parados.

¿Y tiene algún motivo la izquierda para regocijarse de la sacudida que sufre el PP?

No, no tiene ningún motivo. Por, al menos, tres razones. La primera, porque ningún proyecto político que merezca la pena puede descansar en la debilidad del adversario. La segunda, porque la crisis del PP amenaza con extenderse hasta una crisis institucional relacionada con el manejo de los recursos públicos. Y eso afecta a la credibilidad de la política, porque los ciudadanos la perciben como un lodazal. Quien crea que lo que está ocurriendo solo le afecta al PP, es miope. Por eso es crucial defender que se puede salir del bucle, que la política puede ocuparse de lo importante para nuestras vidas cotidianas.

¿Y el tercer argumento?

Nos debería preocupar esa manifestación de simpatizantes del PP que, de manera similar al 'trumpismo' en el Partido Republicano, busca asaltarlo para estrecharlo. No empatizo con ninguna de las ideas del PP, pero me parece inquietante que, cuando se revelan presuntas irregularidades en su partido, la reacción fundamental no sea esclarecerlas, sino atrincherarse y el relativismo moral.

Subraya que un proyecto político debe sostenerse sobre su propia solidez. Pero el relato del Gobierno PSOE-Unidas Podemos pasa, en buena medida, por azuzar al miedo a la derecha.

Esa agitación del miedo se tiene que acabar. Y ahí están los ejemplos, primero, de las elecciones en Madrid y ahora de las de Castilla y León. Con el miedo ya no basta, el miedo al otro se gasta. No da más de sí, no moviliza tanto como la esperanza en que la vida puede ser mejor. Al Gobierno, las cuentas que tienen que importarle son las que echa la gente cuando se va a la cama.

"Un inmenso regalo"

¿Es el PP un rival, digamos, más manejable para el Gobierno que un Vox hacia arriba?

La ultraderecha española no es una fuerza 'antiestablishment', es una escisión del PP capitaneada por gente que ha nacido con la vida solucionada. Y, por tanto, tratarla como si fuera una fuerza rebelde terrible, maldita, es hacerle un inmenso regalo en un momento en el que la gente maldice la política. Yo no creo que la mayoría de los votantes de Vox sean fascistas, así que hay luchar contra sus ideas. Y son ideas que a mí me parecen repugnantes, porque utilizan como chivos expiatorios a los más débiles.

No defiende, por lo tanto, aplicarle un cordón sanitario.

En absoluto, es hacerle un favor. Si Vox gobierna con el PP, será responsabilidad del PP. Más allá de los cálculos electorales que pueda hacer la Moncloa, aquí la pelea fundamentales es si podemos tener futuro o no, y no es retórica. Si esto es una guerra de sálvese quien pueda, entonces solo pueden ganar los reaccionarios. Los progresistas tenemos que restablecer la idea de que pactando podemos tener futuro y un contrato social. El miedo a la derecha como espantajo no da más de sí.

Sánchez se ha comprometido a no precipitar las elecciones.

Y espero que no lo haga. El Gobierno tiene un problema de distancia entre la propaganda y la realidad de la vida cotidiana.

¿Espera un cambio, en términos de moderación, con Feijóo?

-El PP se ha caracterizado por los continuos bandazos en su relación con Vox. No esperamos que Feijóo sea muy diferente, pero tiene una buena oportunidad de demostrarlo evitando que entre en el Gobierno de Castilla y León. Los problemas del PP son dos: la relación con la extrema derecha y sus problemas de siempre con la corrupción. Casado dio bandazos con lo primero y cayó al intentar lo segundo. No hay ningún dato para pensar que con Feijóo pueda ser distinto.

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