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¿Qué piensas cuando ves el volcán? Nada, quizás tristeza

El volcán solo ha provocado daños materiales, que no se podrán reponer tal y como eran, pero sí se dispondrá de una oportunidad para comenzar otra vez.

El volcán de Cumbre Vieja erupcionó el 19 de septiembre.
El volcán de Cumbre Vieja erupcionó el 19 de septiembre.
Agencia EFE

El titular es el resumen de una conversación entre dos personas que el 5 de octubre estaban en el mirador de Tajuya, en el municipio palmero de El Paso observando el volcán que 22 días antes había emergido en el sistema volcánico Cumbre Vieja.

La respuesta sorprendió a quien hizo la pregunta y, al momento, insistió en querer saber más. Como réplica escuchó que antes de estar a pocos kilómetros del volcán había visto cientos de buenas fotografías y horas de imágenes en la Televisión Canaria y, por ello, esperaba encontrarse con lo que le habían mostrado. Pero no había sido así. El directo tenía menos calidad, ya que la ceniza lo hacía sucio y la lava estaba tan, tan lejos, que no aparentaba ser de verdad.

Reconoció que en el volcán pensaba cuando no lo veía, cuando escuchaba a las personas afectadas, ya fuese por los daños o por la investigación que realizaban como consecuencia de la erupción que llevaba tres semanas sacando material del interior de la Tierra para crear vida.

Recordaba que si La Palma existía, y no sólo esa isla, se debía a que millones de movimientos sísmicos habían conseguido hacer emerger a la superficie material que permitió la vida humana tal y como la conocemos.

Por eso le llamaba la atención que al hablar del volcán predominase el mensaje de destrucción, ya que la lava no elige por donde moverse, sólo hace lo que tiene que hacer y llega al mar, en este caso a Tazacorte, porque ese es el camino que tiene, y no otro.

Una lava que en este caso ha caído en una zona de mar arenosa en la que apenas había vida y que en pocos años mostrará vitalidad, o al menos eso dicen los científicos por la experiencia de otras erupciones volcánicas, proclamó quien al ver el volcán no pensaba en nada.

Aseguró que le preocupaban las consecuencias que la erupción volcánica tiene sobre la población, pero pidió que se tuviera en cuenta que no ha habido víctimas humanas, ni siquiera personas heridas, por lo que los daños son materiales, que no se podrán reponer tal y como eran pero sí se dispondrá de una oportunidad para comenzar otra vez.

Aunque no pensase en nada ante el volcán aseveró que sentía preocupación por quienes ahora serán incluidos en un expediente de regulación temporal de empleo o, peor, despedidos, pero eso no es responsabilidad del volcán, recordó, ya que se trata de decisiones humanas, pues las cosas se pueden hacer, siempre, de otra manera.

Por ello no entendía que solo se hablase de destrucción, en lugar de hacerlo de qué se puede hacer para evitar que quienes viven en la isla sigan haciéndolo.

Y así cuando le reiteraron la pregunta de "¿Qué piensas cuando ves el volcán?", la respuesta siguió siendo "nada", pero en esta ocasión añadió que tristeza porque presentía que la gran solidaridad inicial se perdería poco a poco para dar paso a la codicia, al control del agua, por ejemplo, a anteponer los beneficios económicos.

Algo que apenas se percibía porque aún se mantenían los platós de los medios de comunicación, pero, como desde un principio dijeron los palmeros ("no nos olvidéis"), pues entienden que en cuanto se apaguen esas luces estarán en la oscuridad al no disponer de la luz de las coladas de lava que, es cierto, atemorizan cuando estas cerca de ellas, afirmó. Pero son la vida, concluyó.

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