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Opinión

Otra astracanada

OPINIÓNACTUALIZADA 26/09/2021 A LAS 05:00
Carles Puigdemont en su comparecencia de este sábado
Carles Puigdemont en su comparecencia de este sábado
YARA NARDI

Tienen suerte algunos independentistas como Puigdemont de que no viva Josep Pla. Pocos catalanes como él hubieran ridiculizado de manera serena y perspicaz las andanzas de ese prófugo de la justicia que ha decidido convertir su desacato a los tribunales de un país europeo en una gira ambulante con su cohorte de incondicionales. La astracanada vivida en Italia se suma a las de Bélgica y Alemania y deja el resabio de que Europa toca de oído cuando se trata de ayudar a poner entre rejas a un señor que usó su cargo, que emana de la Constitución, para orquestar toda una estrategia de ruptura con España antes de escaparse con nocturnidad y alevosía. Aquí el personal se coloca rápido las puñetas y dicta lecciones sobre las competencias del Tribunal General de la Unión Europea, pero la pregunta debe realizarse, tal vez, a la inversa: ¿Cuál es el amparo que brinda la UE a un país miembro que se ve incapaz de lograr con éxito la aplicación de una euroorden de busca y captura ante un prófugo por un delito de sedición? O, expresado de otro modo, ¿creen, de verdad las instituciones europeas que aplican un principio de garantía jurídica cuando permiten que otros Estados miembros atenten contra el sentido común? ¿Habría padecido los mismos problemas Francia si un grupo de insensatos corsos se hubieran pertrechado en otro país tras una intentona de rebelión? Pla lo hubiera resuelto con una dosis añadida de ironía, tal vez preguntando por la factura de la eterna fiesta soberanista. Hay cosas que son inexplicables.

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