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Los abejorros 'comerciales' que se usan en los invernaderos podrían transmitir parásitos a especies autóctonas

Investigadores del CSIC advierten de su impacto indeseado en el medio ya que compiten con otras abejas.

Una abeja recolecta polen.
Una abeja recolecta polen.
ALESSANDRO DELLA BELLA/EFE

Los abejorros que se utilizan para polinizar las hortalizas en los invernaderos se desplazan a zonas naturales donde podrían provocan perjuicios a especies autóctonas, a las que pueden transmitir parásitos, según ha comprobado una investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Si bien los investigadores no han detectado efectos negativos directos sobre las especies autóctonas porque la mayoría permanece cerca de los invernaderos y son poco abundantes, el equipo advierte que casi la mitad de estos abejorros tienen parásitos con potencial de ser transmitidos a otras abejas y que se alimentan de plantas muy similares al resto de polinizadores, por lo que el trabajo concluye que se deben adoptar acciones para prevenir su escape de los invernaderos y optimizar su uso para minimizar riesgos.

Salen fuera para ampliar su dieta

La investigación ha sido realizada por el equipo de la Estación Biológica de Doñana (EBD) del CSIC, la Universidad Autónoma de Barcelona y la Universidad de Almería en 80 parcelas de hábitat natural a distancias crecientes de invernaderos en la comarca del Cabo de Gata-Níjar (Almería), donde parte de los abejorros que se usan para polinizar hortalizas salen fuera para ampliar su dieta y visitan otras plantas silvestres de las zonas más cercanas.

La investigación, que publica la revista 'Agriculture, Ecosystems and Environment' recuerda que cada año se utilizan más de dos millones de abejorros comerciales para polinizar 20 tipos de cultivo en todo el mundo.

"El uso de polinizadores comerciales puede ayudar a mejorar las cosechas de los agricultores, sin embargo, también puede generar un impacto indeseado en el medio a través de la competencia por recursos florales entre especies nativas e introducidas o la transmisión de agentes patógenos que pueden mermar las poblaciones autóctonas", explica la profesora de investigación del CSIC en la EBD y una de las autoras del estudio, Montserrat Vilà.

Por su parte, otro de los autores del estudio que trabaja en la EBD, Alejandro Trillo, observó durante 75 horas más de 3.400 insectos polinizadores visitando las plantas silvestres del Cabo de Gata. Además, se observaron 101 abejorros, el 95 por ciento de ellos a menos de 200 metros de los invernaderos.

"Este dato es positivo y puede indicar que el área de influencia que puede tener esta especie introducida en la zona es muy reducida", al menos hasta la fecha, sin embargo, esto no garantiza que existan colonias de abejorros naturalizadas en el entorno, como hemos observado en otras regiones, por ejemplo, en Huelva", comenta el investigador.

Se alimentan de las mismas plantas

De estos abejorros analizados, al menos el 41% llevaba esporas de algún parásito y, aunque en este área no hay abejorros nativos, varios de los parásitos afectan también a otras especies de polinizadores como las abejas de la miel que sí son frecuentes en la misma zona. Asimismo se detectó que se alimentaban de las mismas plantas que otros polinizadores.

Pese a la presencia de abejorros en estos espacios naturales, el estudio ha mostrado también que la cantidad y diversidad del resto de polinizadores no se ve "a priori" afectada. La abundancia de las especies comerciales juega un papel importante en el grado de competencia con los polinizadores nativos. Precisamente el bajo número de abejorros que hay en el medio y que estén cerca de los invernaderos implica que los polinizadores silvestres no se ven afectados en el estudio, pero el equipo no descarta que si se estén produciendo efectos menos perceptibles relacionados con la transmisión de patógenos o con la competencia directa con especies específicas.

"Acciones como prevenir el escape de las especies comerciales de los invernaderos o monitorizar su salud antes de ser usados en los cultivos deberían de ser consideradas para minimizar riesgos futuros", concluye Montserrat Vilà.

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