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La actuación de Marruecos en Ceuta, una escalada "brutal" en la "zona gris" entre guerra y paz

Expertos en relaciones internacionales afirman que se trata de un "conflicto entre dos Estados que se libra por debajo del umbral de la guerra, pero más allá de la mera competencia pacífica y que recurre a tácticas, digamos, menos limpias, ambiguas".

Playa del Tarajal, en Ceuta, en la frontera con Marruecos.
Playa del Tarajal, en Ceuta, en la frontera con Marruecos.
JON NAZCA/Reuters

Entre los que estudian las relaciones internacionales hay un término cada vez más habitual: "zona gris". Se trata de un conflicto entre el negro de la guerra y el blanco de la paz, con métodos "ambiguos" como la presión migratoria a la que ha acudido Marruecos esta semana.

"Es un conflicto entre dos Estados que se libra por debajo del umbral de la guerra, pero más allá de la mera competencia pacífica y que recurre a tácticas, digamos, menos limpias, ambiguas".

Así resume el profesor de Ciencia Política de la Universidad de Granada Javier Jordán la "zona gris" o las "estrategias híbridas" que usan habitualmente países como Rusia y China y a las que, sostiene, lleva acudiendo Marruecos en los últimos años para conseguir dos objetivos estratégicos: recuperar el Sahara Occidental y las ciudades de Ceuta y Melilla.

Jordán apunta a Efe que la acogida en España del líder del Frente Polisario, Brahim Gali, no es más que el hecho puntual que ha provocado la reacción de Marruecos al permitir a miles de personas traspasar las fronteras de Ceuta, un acontecimiento que califica de "escalada brutal" en este tipo de enfrentamiento, con "un nivel de injerencia muy llamativo".

Un precedente: Rusia y Finlandia

El profesor enmarca este hecho en una serie de acciones en esa "zona gris" que Marruecos ha llevado a cabo en los últimos años. Enumera entre ellas el rechazo a la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla en 2007, la emisión de pasaportes marroquíes a nacidos en estas ciudades en 2010, el cierre de la aduana comercial con Melilla en 2018 o del contrabando con Ceuta un año después.

La más reciente, recuerda, ha sido la prohibición de entrada de pescado a Ceuta en 2020, que se suma a todas las anteriores en una estrategia de Marruecos para estrangular la economía de las ciudades autónomas y "problematizarlas" frente a la política española.

A esa asfixia comercial de los dos enclaves se le une el uso de la emigración como arma de presión relajando los controles fronterizos, una estrategia "gris" que solo tiene, que recuerde Jordán, un precedente entre Rusia y Finlandia en 2016.

En los primeros meses de ese año entraron en Finlandia cerca de mil refugiados procedentes de Laponia rusa, lo que provocó las críticas hacia Rusia por tibieza en el control de las fronteras.

"Es un ejemplo de la ambigüedad de la zona gris. ¿Estuvo realmente detrás el Kremlin? Lo más seguro es que fuera una herramienta de presión política, pero es difícil probarlo", dice el experto en este tipo de conflictos.

Porque "en lo que ocurre en la zona gris no hay una plantilla definida, es un caso por caso y depende mucho de la creatividad y de las circunstancias. Se busca la debilidad del adversario".

Cheque en blanco

Otro experto en el tema es Manuel Torres, catedrático de Ciencia Política de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, y coincide con Jordán en que lo ocurrido esta semana en Ceuta es "otro episodio más de esa estrategia híbrida que desde hace tiempo el Reino de Marruecos puso en marcha".

En su objetivo también sintoniza "hacerse con la soberanía de las ciudades de Ceuta y Melilla y condicionar la política española para que afecte de manera explícita al control marroquí sobre el Sahara".

La presión económica, migratoria o la desinformación (esta última, dice Torres, es aún "muy embrionaria" en Marruecos), son vías de acción "muy atractivas" para influir evitando una confrontación armada, que puede ser "contraproducente".

"Es una cierta forma de enseñar los dientes" y en el caso de Marruecos el episodio de esta semana era "previsible". "Habían alertado de manera explícita de que iba a haber consecuencias y dejado claro que no iban a quedarse de brazos cruzados frente a un hecho puntual", dice en referencia a Ghali.

Marruecos es "bastante agresivo" en estas tácticas, apunta Torres para recordar cómo suspendió durante once meses la cooperación antiterrorista con Francia aun sabiendo que ello podía perjudicarle, ya que el islamismo "pone en riesgo la viabilidad del régimen político" marroquí.

Para el analista, Marruecos puede ser tan agresivo porque sabe que "difícilmente va a recibir una represalia", ya que cualquier castigo extranjero de tipo económico podría poner en peligro la integridad del gobierno marroquí y sustituirlo por "algo peor: los islamistas".

"Por eso lo conciben casi como un juego que solo pueden ganar", reflexiona el catedrático, aunque cree que la falta de respuesta entraña un riesgo: que estos actos se repitan al ver Marruecos que "tienen un reducido o nulo coste".

En el caso de Ceuta, a su juicio, la respuesta de España no ha sido firme, "y eso no es la mejor señal que se puede enviar, porque estás trasladando la idea de que eres vulnerable a los actos de chantaje. Eso es una chequera en blanco".

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