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Los sueños rotos de Ceuta: en busca de trabajo y sin nada que llevarse a la boca

La inmensa mayoría de quienes regresan a su país cuentan la misma historia: en su país les dijeron que si lograban entrar en Ceuta las autoridades españolas les trasladarían a la Península.

Jóvenes marroquíes en Ceuta
Jóvenes marroquíes en Ceuta
Ángel Martínez

La mayor avalancha migratoria que ha vivido Ceuta se ha convertido en un ‘retorno’ voluntario. Los más de 8.000 inmigrantes que entraron en España en 48 horas por el paso del Tarajal comenzaron este miércoles a regresar a su país al comprobar que la esperanza por la que han arriesgado su vida no es más que una mentira. 

La inmensa mayoría de quienes regresan a su país cuentan la misma historia: en su país les dijeron que si lograban entrar en Ceuta las autoridades españolas les trasladarían a la Península. 

Ahora, tras pasar dos días vagando por la ciudad autónoma pidiendo para comer, regresan a su país. La ‘aventura’ ceutí de estos menores, utilizados por Marruecos como ‘munición’ humana contra España en medio del grave choque diplomático entre Rabat y Madrid, se ha convertido en un sueño roto.

El joven Aiman junto a sus amigos en la playa del Tarajal.
El joven Aiman junto a sus amigos en la playa del Tarajal.
Ángel Martínez

Aiman: “Odio al rey de Marruecos”

Sentado junto a sus amigos a escasos metros del cruce fronterizo del Tarajal, Aiman ‘saborea’ sus últimos minutos en España. Entró el lunes en Ceuta entre los miles de jóvenes marroquíes que irrumpieron en la ciudad autónoma (10.000 según efectivos militares desplegados en el espigón) convencido de que alcanzaría su meta: Barcelona

Su padre trabaja en la Ciudad Condal desde 2007 y, aunque regresaba a Marruecos de vez en cuando para ver a su familia, no han vuelto a verle desde el estallido de la pandemia. “Me vuelvo a Marruecos, aquí no tengo nada y no sé cómo llegar a la Península”. Espeta la frase que resume su fracaso con una sonrisa que anuncia que volverá a intentarlo. Nada le espera en su país salvo la miseria. “Odio al rey de Marruecos. No hace nada por nosotros. Solo están mi padre mi madre y nadie más”.

Hamza: “vuelvo a mi hogar”

Hamza es una ‘rara avis’ entre el resto de menores marroquíes que regresan por su propio pie a su país. Se defiende bien en inglés y su estética no desentonaría en un bar de Malasaña. A sus 16 años, partió de Rincón con un objetivo más ambicioso que encontrar un simple trabajo en España. Hamza sueña con estudiar Medicina, por eso ha aprendido inglés. 

Ahora camina cabizbajo hacia el paso fronterizo de El Tarajal después de descubrir que quienes le aseguraron que llegaría le mintieron. La pegunta de quién le animó a entrar en Ceuta le pone en guardia: “¿Quién? Alguna gente. Pero no era cierto. No he encontrado dónde dormir desde el lunes, no hay más sitio. Mis padres querían que viniese pero ahora vuelvo a mi hogar”

Rasid junto a uno de sus amigos en Ceuta
Rasid junto a uno de sus amigos en Ceuta
Ángel Martínez

Rasid: “Aún quiero llegar a la Península, pero no sé cómo”

A sus 12 años Rasid se ha convertido en el líder de su grupo. No es el mayor ni el más fuerte pero habla español y eso le convierte en el miembro más valioso a la hora de encontrar algo que llevarse a la boca. Viene de Tetuán -como casi todos los menores que, en número decreciente, vagan por Ceuta desde el lunes- y vigila, agazapado tras un contenedor y con el hambre en los ojos, un camión de reparto que transporta cartones de leche. 

No ha comido desde el lunes pero está contento porque aún cree que alcanzará la Península, aunque no tiene ni idea de cómo conseguirlo. Pese a que tiene todo en su contra, pese a que varios de sus amigos quieren volver a su país, Rasid no concibe la rendición. Tampoco tiene muchas opciones. “En Magreb no trabajo. No vida. No nada”.

Ahmed: "¡España trabajo!"

Sentados en la puerta de un supermercado de la zona de los muelles de la Puntilla y demacrado por el cansancio, Ahmed pide comida a cualquiera que pasa por allí. Utiliza gestos para ello porque no habla español, aunque ha aprendido dos palabras que repite insistentemente: “¡España trabajo!”. 

Por ahora no ha conseguido nada pero todavía no quiere volver. Tampoco quiere fotos: sus padres no saben que ha venido a España y teme que, por algún capricho del destino, lleguen a verle en los medios. Su mirada transmite la frustración de quien lo ha arriesgado todo por nada.

El total de devoluciones asciende a 4.700, según fuentes del Ministerio del Interior, que no distinguen entre las devoluciones en caliente y los retornos voluntarios. Esto es, los grupos de entre 15 y 20 menores que desde la mañana del miércoles cruzan de forma ininterrumpida la frontera para volver a su país.

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