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El Tarajal, el punto más vulnerable entre Marruecos y Ceuta

Un paso fronterizo y un espigón vallado que se puede cruzar a nado conforman una frontera que no se ha reforzado en los últimos años pese a los proyectos del Ministerio del Interior.

Playa del Tarajal, en Ceuta, en la frontera con Marruecos.

Cuando los bañistas de la playa del Tarajal, en Ceuta, miran desde el mar hacia su derecha, no ven un paseo marítimo ni grandes edificios, como ocurre en la mayoría de las zonas turísticas. Lo que observan, en cambio, es un paso fronterizo que recuerda en su diseño al área de peaje de una autopista y a su lado, un espigón de roca vallado que, como volvió a quedar demostrado este lunes, es el punto más vulnerable del perímetro fronterizo entre España y Marruecos. Bordeándolo a nado, miles de marroquíes, hombres, mujeres y niños, algunos utilizando barquitas, salvavidas o flotadores, lo atravesaron ante la pasividad de los guardias marroquíes encargados de controlar la zona. Apenas tuvieron que bracear unos pocos metros para, de repente, aparecer en otro país.

En 2014, después de la conocida como 'tragedia del Tarajal', cuando murieron ahogadas 15 personas al intentar superar el espigón y llegar a la playa de Ceuta, las autoridades españolas comenzaron a hablar de alargar esta valla, creando un terreno artificial de entre 30 y 45 metros que se adentrase en el mar para dificultar el paso a nado de los inmigrantes. Incluso el Ministerio del Interior estudió aprobar una partida de 100.000 euros con este objetivo (hasta se llegó a mostrar el proyecto) y también se planteó la posibilidad de instalar un 'pantalán flotante', pero siete años después, poco ha cambiado en la zona, según cuenta 'El Faro de Ceuta'. Solo se han puesto parches, arreglos cosméticos que han consistido en cambios de la malla deteriorada por los temporales y reformas de los elementos que se han podrido.

Desde que comenzó la pandemia, la frontera del Tarajal había dejado de ser ese hervidero humano en el que las 24 horas del día cruzaban los porteadores, sobre todo porteadoras, cargadas con bolsas de 30 kilos llenas de objetos de bajo coste para vender en las tiendas de Marruecos. Entre 3.000 y 8.000 personas atravesaban el paso, tres, cuatro o cinco veces cada día, para ganar alrededor de 100 euros por jornada que en muchas ocasiones tenían que entregar a las mafias.

El 19 de marzo de 2020, Marruecos decidió cerrar ese y el resto de los pasos fronterizos con España en Ceuta y Melilla, una medida que ha ido prorrogando mes a mes. Este estado de «emergencia sanitaria» rige hasta el próximo 10 de junio, aunque probablemente, de nuevo, se prolongue. El cierre de la frontera convirtió la zona del Tarajal en un desierto urbano. Por allí solo deambulaban los residentes en Marruecos que se quedaron atrapados en el lado español y no tenían la oportunidad de volver a su país hasta que el Gobierno marroquí permitió su repatriación a finales de septiembre. Vivían alojados en el Pabellón de la Libertad y en una nave habilitada en la zona, donde recibían la ayuda de la Cruz Roja. Ahora, allí se encuentran parte de los inmigrantes que llegaron ayer, aunque las instalaciones ya están colapsadas.

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