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Pablo Iglesias, un viaje del cielo a los infiernos en siete años

El hasta ahora líder de Unidas Podemos abandona sus cargos y la política definiéndose como "un chivo expiatorio" de la derecha tras el "fracaso" en Madrid.

Algunos de los momentos de la carrera política de Iglesias en los últimos años
Algunos de los momentos de la carrera política de Iglesias en los últimos años
Agencias

Pablo Iglesias había empezado a meditar su adiós a la política y el traspaso de poderes en Podemos a Yolanda Díaz meses antes de que Isabel Díaz Ayuso adelantara las elecciones en la Comunidad de Madrid. Su figura política estaba desgastada por la sangría de votos que los morados llevan sufriendo desde 2018 -con tres elecciones generales en caída libre, pese a la paradoja de haber entrado en el Ejecutivo de coalición en enero de 2020-. Le atormentaba también haberse convertido en destinatario de insultos personales y la situación de su familia por el acoso diario de un grupo de ciudadanos apostados en la puerta de su casa en Galapagar, sobre todo por sus tres hijos. El martes por la noche, además, comprobó que su presencia como candidato había perdido el tirón de antaño al "fracasar" en medio de una participación récord, a la que él mismo había apelado durante la campaña ('Que hable la mayoría', rezaba el eslogan). No había excusas. "Creo que no contribuyo a sumar", reconoció en otra amarga noche electoral.

La apuesta de Iglesias había sido audaz y desesperada, pero también personalista. El pasado 15 de marzo, tras autodescartarse Enrique Santiago y Alberto Garzón, puso en juego su carrera política y dejó el cargo de vicepresidente segundo del Gobierno para intentar no perder la plaza de Madrid para Unidas Podemos. Las encuestas internas preveían entonces que no iban a llegar al umbral mínimo de votos para tener representación.

Aunque logró salvar los muebles (cosechó diez escaños, tres más que en 2019), no cumplió el objetivo de sumar con las otras dos fuerzas de la izquierda y se vio relegado a una posición marginal en la Asamblea regional, con el agravante de que Más Madrid, el partido fundado por su ex mano derecha y rival por el mando del partido en 2017, Íñigo Errejón, obtuviera más del doble de asientos (24).

El líder de Podemos anuncia que pone fin a su etapa política

La lectura que él mismo hace es la de haberse convertido en "chivo expiatorio" de una derecha para la que su mera presencia en la campaña sirvió para movilizar al electorado en contra de él y su partido. En solo dos meses pasó de vicepresidente del Gobierno a líder del último partido de Madrid.

El martes por la noche, tras reunir a su equipo de urgencia, anunciaba que dejaba todos los cargos del partido que fundó en enero de 2014, también la política institucional y que no recogería el acta de diputado de la Asamblea madrileña, pese a haber prometido lo contrario durante la campaña electoral.

Su ascenso fue uno de los más vertiginosos que se recuerdan, al igual que su ocaso. Siempre a lomos de un liderazgo implacable y feroz con la disidencia interna, siempre hizo gala de un discurso agresivo, constante y en todo. Estrategia que también utilizó contra sus rivales y sus socios de Gobierno del PSOE, sobre todo en asuntos como la monarquía, la vivienda o cualquier tema que no se adaptara a la literalidad del pacto firmado tras el abrazo con Pedro Sánchez.

La legislatura, que había comenzado con su promesa de "tragar algún sapo" y el reconocimiento de la posición minoritaria de Unidas Podemos dentro del Ejecutivo, derivó en un constante aireamiento público de las diferencias internas del Consejo de Ministros.

Parecerse a la casta

Antes de fundar Podemos en el Teatro del Barrio, en Lavapiés, se había hecho un nombre como presentador y tertuliano en diferentes tertulias. La televisión le ofreció una vía de promoción que la izquierda siempre había mirado con recelo. Él supo exprimirla gracias a su dominio de la retórica y su extrema confianza en sí mismo. Ahora volverá al medio para hacer, según avanzó, "periodismo crítico" de la mano del productor catalán Jaume Roures. También quiere volver a dar clases a la universidad, su verdadera vocación.

En aquellos comienzos, Iglesias pregonaba que su final se iba a producir "cuando nos parezcamos mínimamente a la casta". Una reflexión que al parecer caló en los barrios del cinturón rojo madrileño, que dieron la espalda a Podemos este martes. Antes de que llegara el chalet en Galapagar y que Vistalegre 3 confirmara que la formación morada ligaba su rumbo al del resto de partidos tradicionales -un movimiento forzado, en parte, por la presencia de ministros entre sus filas-, los morados llegaron a estar a punto de dar el sorpaso en 2015 al PSOE con más de cinco millones de votos. Ahora, su destino es mucho más modesto. Él no estará para verlo en primer fila.

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