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Lady Madrid asciende a los cielos

Ayuso ha construido un discurso populista y conservador que le ha catapultado al estrellato político nacional

Díaz Ayuso durante la noche electoral.
Isabel Díaz Ayuso
Jesús Hellín / Europa Press

Con Isabel Díaz Ayuso se ha agotado el fondo de armario de los adjetivos. Unos para alabar, otros para reprobar. Pero qué más da. Lo importante es que hablen de ti, que diría Ivy Lee, el publicista al que se atribuye esa reflexión. Con ella no hay hueco para la indiferencia. Los 'isabelinos' son acríticos e incondicionales, diga lo que diga y haga lo que haga. Los no afectos se indignan con sus decisiones y ocurrencias pero no pueden reprimir una sonrisa sardónica ante su locuacidad.

La impagable líder de Nuevas Generaciones, Beatriz Fanjul, la bautizó como 'Lady Madrid', título de una canción de Leiva de hace 12 años que habla de una mujer que era "la estrella de los tejados. Lo más rock & roll de por aquí", la que "ponía a la peña de pie". Es un fenómeno sin paragón, y si no fuera cierto más parecería el argumento de una novela sobre una dirigente que en dos años pasa del anonimato de una diputada regional que ocupa la segunda o tercera fila en las fotos de grupo, al estrellato en el firmamento político nacional.

Sus credenciales de 2019 eran un discurso desacomplejado y el buen concepto que tenía de ella Pablo Casado en un momento de vacío en el PP de Madrid tras el descenso a los infiernos de Cristina Cifuentes. Estaba en el sitio adecuado en el momento oportuno. Aquel dedazo frunció el ceño de más de uno en los pasillos de la calle Génova 13, y los peores resultados del PP en las autonómicas parecieron darles la razón. Pero ahí estaba Vox para abrir la puerta de la Casa de Correos en la Puerta del Sol.

La pandemia fue su ventana de oportunidad para darse a conocer en toda España y convertirse en la referencia del PP en la crisis sanitaria. Ha eclipsado al club de barones de su partido, donde no tiene el mejor cartel, pero también a Casado. Jaleada por la derecha, desde la centrista hasta la extrema, por ejercer con ahínco de ariete contra Pedro Sánchez, ha sido martillo pilón del sanchismo y abanderada de un anticomunismo superfluo pero que excita atávicas inquinas.

Todo ello con un lenguaje zarzuelero con acento cheli -"porque me da la gana"- que ha hecho furor en Madrid. En la comunidad más jacobina, y quizá más antinacionalista de España, donde cuatro de cada diez habitantes es foráneo, ha despertado a golpe de conceptos vacíos un inexistente orgullo madrileño. "Vivir a la madrileña es madrugar y pelear cada día"; "es ir a los toros, a misa o a una discoteca" y, por supuesto, es "poder pasear sin encontrarte con tu ex". No se le caen los anillos para recurrir a los resortes sentimentales y victimistas del nacionalismo para denunciar una supuesta "madrileñofobia"

Madrid, "city bar"

Ha elevado Madrid al rango de "city bar" con su elogio de "las cañas después del trabajo" y la defensa a brazo partido de los bares y restaurantes abiertos desde el fin de la primera ola de la pandemia. Es la reina del gremio hostelero, no solo de Madrid, que se lo ha agradecido con "las papas a lo Ayuso", con muchos huevos, la cerveza "la caña de España" con su rostro en la etiqueta, y hasta la pizza "madonna Ayuso" con una bola de burrata, mortadela trufada y pistachos que se sirve en una establecimiento de la calle Fuencarral.

Junto a ese lenguaje desenfadado y descarado, encabeza una cruzada implacable contra la izquierda a la que niega el pan y la sal. Su respuesta a la propuesta de Más Madrid de implantar la semana laboral de cuatro días y 32 horas fue un displicente "son unos vagos". O quienes acuden a las colas del hambre son "mantenidos y subvencionados". Pablo Iglesias "nació del mal para hacer el mal". Tampoco concede nada a Sánchez y sus socios 'bilduetarras', bolivarianos, comunistas y separatistas. Populismo a raudales y conservadurismo extremo.

Con estos mimbres se ha construido una imagen política autónoma que vuela sola en el PP. Ha demostrado que no acepta injerencias de la calle Génova, y si no que se lo pregunten a Toni Cantó, que ya se ha ofrecido a irse a colaborar con los populares valencianos después de haber comprobado lo poco que tiene que hacer en Madrid a pesar del padrinazgo de Casado. A diferencia de lo que ocurre en el PSOE, el líder del PP no tutela a su candidata. Sabe que su futuro político pende del éxito de ella.

Es una evidencia que Ayuso tiene por delante un porvenir prometedor, aunque su heterodoxia y su protagonismo de rompe y rasga despiertan recelos domésticos, no solo entre la izquierda.

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