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Los partidos cierran la campaña del 4-M con apelaciones a la libertad y la movilización

La crispación y la bronca han provocado que la gestión de la pandemia y la crisis desaparezcan del discurso electoral de los candidatos.

Ayuso, Gabilondo, Monasterio, Iglesias, Bal y García, en el último día de campaña.
Ayuso, Gabilondo, Monasterio, Iglesias, Bal y García, en el último día de campaña.
Agencias

Los partidos cerraron este domingo la campaña en Madrid con emotivas apelaciones a la movilización en las elecciones del martes y a la defensa de libertad. Pusieron así el punto final a la campaña mas bronca que se recuerda desde la recuperación de la democracia, con amenazas de muerte, mítines reventados, debates frustrados, lenguaje guerracivilista y denuncias judiciales a mansalva.

Los candidatos escogieron escenarios emblemáticos de la capital para sus cierres de campaña. Isabel Díaz Ayuso escogió Madrid Río, la joya de la corona de la gestión municipal del PP. El socialista Ángel Gabilondo se fue a Entrevías, un barrio de clase trabajadora. Pablo Iglesias también optó por territorio amigo en Vicálvaro. La ultraderechista Rocío Monasterio estuvo, como no, en la plaza de Colón. El liberal Edmundo Bal se asentó en la Plaza de la Villa, un centro de "concordia". Y la candidata de Más Madrid, Mónica García, eligió la Cuesta de Moyano, el mercado de libros escenario de los mejores mítines de Manuel Carmena.

La presidenta madrileña martilleó con su discurso de que en estas elecciones "está en juego la libertad". La aspirante de Vox insistió en su discurso anticomunista y también pidió que se acuda "en masa a votar para decir basta a los violentos y los totalitarios". Gabilondo reclamó una presencia masiva en las urnas porque "nuestro voto es decisivo. No basta con aplaudir, hay que votar". El líder de Unidas Podemos quiere ver "colas electorales" que demuestren "el orgullo democrático" de la izquierda. Bal animó a los madrileños a que "vayan a votar naranja" porque Ciudadanos es "tolerancia, moderación y futuro". García se reafirmó en su discurso cotidiano, ecologista y feminista para demostrar que "vivir a la madrileña" es algo distinto a lo que dice Ayuso.

Fue un cierre que compendió los argumentos de una campaña en la que la pandemia, su gestión y la multicrisis que lleva aparejada ha quedado eclipsada por el discurso recio de la mayoría de los candidatos. Los mensajes moderados y conciliadores de Más Madrid y Ciudadanos merecieron el ninguneo de sus adversarios y se tuvieron que conformar con las migajas mediáticas.

Conceptos históricos como democracia, libertad, fascismo, comunismo o socialismo, que han desatado guerras con millones de muertos, se han convertido en calderilla electoral en boca de los candidatos, que se han arrojado a la cara todo tipo de intenciones totalitarias con las excepciones ya citadas. Este lenguaje descarnado ha marcado la agenda nacional y ningún debate ha logrado emerger sobre la dialéctica autonómica. "Madrid es España", suele decir Ayuso con otra intención, pero en el ámbito político así ha sido a lo largo de este mes y medio de campaña.

Un fenómeno solo comparable con las elecciones autonómicas de Cataluña en 2017, un plebiscito independentista convocado al amparo del artículo 155 de la Constitución, o las del País Vasco en 2001, en las que el frente nacionalista y constitucionalista midieron sus fuerzas para enjuiciar en las urnas la deriva soberanista del PNV de Juan José Ibarretxe y su reivindicación del derecho a decidir.

Amenazas y debates

Ha sido una campaña convulsa desde el primer minuto. Convocadas las elecciones por sorpresa con la excusa de una moción de censura en Murcia, la polarización de las posturas ganó en decibelios con la irrupción de Pablo Iglesias. Alcanzó cotas imprevistas con un mitin de Vox que acabó en batalla campal, al que siguieron las amenazas de muerte a dos candidatos, dos ministros, un expresidente del Gobierno y a la directora de la Guardia Civil. Siete cartas, quince balas y una navaja enviadas por correo.

Una dosis de violencia que desembocó en la suspensión de los debates por la negativa de la ultraderecha a condenarlas porque se trataba, a su entender, de un montaje urdido desde el Gobierno para favorecer, victimización mediante, a la izquierda. Entre medias, de una trinchera a otra volaban consignas bélicas: "Democracia o fascismo" frente a "comunismo o libertad".

Nadie discute que son unas elecciones con lectura nacional, el temor es que el esperpento se contagie.

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