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Rocío Monasterio, dama de hierro con guante de seda

La dirigente de Vox no se resigna a que la popular Isabel Díaz Ayuso sea la prima donna de la campaña mientras ella se limita al papel de monaguillo.

Rocío Monasterio, candidata de VOX a la presidencia de la comunidad de Madrid.
Rocío Monasterio, candidata de Vox a la presidencia de la comunidad de Madrid.
Europa Press

Tiene aspecto de no haber roto un plato en su vida, su rostro rezuma serenidad, pero es capaz de lanzar los ataques más feroces y las críticas más aceradas con la más beatífica de las sonrisas. "Una monja con látigo", resume un diputado de la Asamblea de Madrid.

Rocío Monasterio apenas es conocida fuera de los lares madrileños, pero en la arena política regional se ha ganado a pulso una peana. Sus intervenciones en la Asamblea autonómica no pasan inadvertidas, no tanto por la altura intelectual como por la rotundidad de sus palabras. Atesora un desparpajo imbatible, del que hizo gala en el debate del pasado miércoles en Telemadrid, en el que se permitió decir que ella le había explicado lo que es la covid a Mónica García, la candidata de Más Madrid y médica anestesista en el hospital 12 de Octubre.

Prescinde de la corrección política en los debates y no se achanta por la soledad que acompaña a sus planteamientos. "La ideología de género es el nuevo marxismo", "en los colegios se anima a que los niños jueguen y prueben la transexualidad" o se dan "cursillos de zoofilia" son algunas de las reflexiones que su parroquia jalea.

Producto Vox

Es un genuino producto Vox, pata negra del partido, al que se afilió en 2014, cuando eran cuatro y un tambor. Forma parte de la guardia pretoriana de Santiago Abascal, junto a Iván Espinosa de los Monteros -su marido-, Javier Ortega-Smith y Macarena Olona, y ha sido un martillo pilón contra la oposición al Gobierno de Isabel Díaz Ayuso, a la que también ha dedicado algún pellizco de monja pero nada que cortocircuitara su colaboración.

Arquitecta de profesión, su breve carrera política se vio sacudida hace un par de años cuando afloró que junto a su marido, promotor inmobiliario, habían vendido entre 2003 y 2004 en Madrid varios lofts rehabilitados en suelo industrial sin permiso de habitabilidad, con el agravante de que ella firmó los planos de las reformas sin estar titulada. Un detalle a su entender irrelevante: "No me acuerdo si en 2003 era ya arquitecta". Consiguió el título en 2009.

La cruzada contra los menas

La candidata, que presume sobre todo de ser madre de familia numerosa (tiene cuatro hijos), es el paradigma de la extrema derecha. Mujer de fuertes convicciones católicas, es antiabortista ferviente, beligerante con los inmigrantes -"tenemos derecho a caminar con tranquilidad sin miedo a ser atracados o asaltados por una manada de menas"- afirmó en un acto en Sevilla en referencia a los menores extranjeros no acompañados-, hostil también a todo lo que huela al movimiento LGTBI o al feminismo.

Y, dice de sí misma, "muy española" con raíces cubanas, isla de la que su familia, propietaria de una compañía azucarera, huyó tras el triunfo de la revolución de Fidel Castro. Esta españolidad, y su audacia, le llevaron a protagonizar un vídeo en esta campaña en el que da un par de capotazos a una vaquilla al alimón con el torero Morante de la Puebla mientras Abascal observa desde la barrera fumándose un puro. "Toreando por Madrid", se titula.

Su agresivo comportamiento en el debate de la cadena Ser no es impostado, ella es así, pero también hay que leerlo en clave política y personal. A Vox le va mal en las encuestas, el PP se ha comido buena parte de su electorado y, por otra parte, no está dispuesta a resignarse a que el papel de prima donna de la campaña sea propiedad de Ayuso mientras ella se limita a llevar los cirios dos pasos por detrás, como un monaguillo.

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