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Un órdago a Ayuso para rescatar a Podemos, la nueva misión de Iglesias 

La decisión del líder de Podemos deja detrás una crisis de Gobierno a Pedro Sánchez, para quien no está claro si la salida del vicepresidente del Ejecutivo es un alivio o un problema por tener que decidir quién le sustituye.

El vicepresidente Pablo Iglesias en una imagen de archivo
El vicepresidente Pablo Iglesias en una imagen de archivo
EP

Podemos miró su entrada en el Gobierno como un salvavidas para el partido. Esa era su apuesta desde que nacieron en 2014 pero, una vez conseguido el objetivo, quedarse en La Moncloa ya no parecía impulso suficiente para reactivar a la formación morada, que ha seguido perdiendo apoyo elección tras elección en casi todos los territorios.

Salvaron los trastos en Cataluña en las últimas autonómicas, aunque las pocas encuestas que se conocen no les pintan un panorama favorable, tampoco en Madrid, que fue uno de los principales graneros de votos en el inicio de aquella formación que montaron en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense un grupo de profesores, de los que dentro ya sólo queda el propio Iglesias.

El divorcio con Íñigo Errejón y la posterior división -otra vez- de la izquierda en Madrid, dejó a la formación morada en una posición casi marginal en las elecciones de mayo de 2019, y los más pesimistas se preguntaban ahora si serían capaces de superar la barrera del 5 por ciento de votos necesaria para tener presencia en la Asamblea de Madrid.

La candidata de Unidas Podemos en las anteriores elecciones, Isa Serra, no lo consiguió y que repitiera en estos comicios suponía casi un problema estando pendiente de que el Tribunal Supremo resuelva su recurso contra la sentencia que la condenó a 19 meses de prisión e inhabilitación para el derecho de sufragio pasivo por los incidentes en el intento de frenar un desahucio.

Y a grandes males, grandes remedios. Mientras en las redes se disparaba otra vez el debate de si para vencer a la derecha era mejor una candidatura de unidad o varias desde la izquierda, y después de días de deliberaciones internas en las que se ponían sobre la mesa nombres como el de Rafa Mayoral, la conclusión ha sido que para competir con Isabel Díaz Ayuso y recuperar terreno el único capaz de conseguirlo es el propio Pablo Iglesias.

Igual que siempre.

Era el único que no había sonado en las quinielas y quizá por eso era el primero en el que se tenía que haber pensado. Iglesias ha demostrado que le gustan los órdagos y esta vez ha elevado a máximos la apuesta, dejando detrás una crisis de Gobierno a Pedro Sánchez, para quien no sabemos si la salida de Iglesias del Ejecutivo es un alivio o un problema por tener que decidir quién le sustituye.

El objetivo de esta maniobra, dicen en el entorno del vicepresidente, es ganar Madrid. Piensan que solo él podría provocar un revulsivo así, que en ningún otro partido tienen a nadie que pueda desencadenar este efecto y que Iglesias puede asumir este movimiento teniendo la posibilidad de que la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, asuma la vicepresidencia segunda.

Más aún, miran lejos y colocan ya a Yolanda Díaz como posible candidata de Unidas Podemos en las próximas generales, para aglutinar el voto de la izquierda y, quién sabe, llegar a la Presidencia de España. No en vano es la ministra de Unidas Podemos mejor valorada por los ciudadanos en las encuestas del CIS, y además es una jugada que muchos dentro del partido tenían en la cabeza hace meses.

Iglesias no deja mucho a medias en el Gobierno, siempre se ha quejado de la falta de competencias de sus ministerios, y entre las que tenía ya ha conseguido sacar adelante la ley de infancia, y vuelve al Madrid que fue cuna de Podemos.

Así que lo tienen claro, piensan que se abre una oportunidad que no existía ayer cuando todas las encuestas hablaban de que Ayuso arrasaría en Madrid y daban por segura la entrada de Vox en el Gobierno regional.

"Había que hacer algo para intentar evitarlo", recalcan en Podemos dando por hecho que Iglesias es la vacuna frente a la ultraderecha.

Otra cosa es que en ese camino puedan encontrarse con la guerra fratricida de siempre en la izquierda. Pablo Iglesias será capaz de aglutinar a los más fieles, quizá recuperar algo del voto perdido, sumar a los militantes de IU contentos con la coalición de Unidas Podemos, pero está por ver que pueda sellar viejas cicatrices y atraer a su candidatura al partido de Errejón, para formar un frente común contra Ayuso.

De momento, la candidata de Más Madrid, Mónica García, ha dado la "bienvenida" a la llegada de Iglesias a la competición electoral y ha asegurado que hablarán de la posibilidad de concurrir juntos a los comicios, pero le ha pedido "respeto" para encajar posturas.

Errejón, de momento, silencio. Él hizo el camino inverso, dejó Podemos para concurrir con su nuevo partido a la Comunidad de Madrid, y cuando era portavoz de Más Madrid en la Asamblea, dejó su puesto para concurrir a las elecciones generales como candidato de Más País, formación con la que logró dos escaños en el Congreso de los Diputados.

Hay otros cercanos a Iglesias que interpretan de otra forma la reacción de Mas Madrid, y entre ellos uno de los cofundadores y aún hoy persona muy cercana a Iglesias, Juan Carlos Monedero, quien ha lamentado que Errejón “no quiera” unir a las izquierdas de cara a las elecciones en la Comunidad de Madrid del próximo 4 de mayo al preferir un “proyecto personal”.

Del otro lado, algunos reconocen a Efe que la candidatura de Iglesias puede "rechinar a mucho votante progresista".

Y mientras muchos otros no pueden evitar recordar aquel Vistalegre II en el que Iglesias derrotó a Errejón tras una competición encarnizada.

En fin, todo nuevo y mucho ya viejo. Incluidas las primarias que tendrá que hacer Podemos, en teoría, para confirmar de forma exprés lo que ya han dado por seguro. Iglesias será su candidato en Madrid. ¿Y quién en Podemos puede votar en contra?.

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