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Nacional

Aragonès toma el mando en Cataluña con perfil bajo y sin la retórica independentista

El líder de ERC asume funciones de jefe del Ejecutivo pero deja claro que tras la inhabilitación de Torra "no hay presidente".

Pere Aragonès en el Parlamento de Cataluña
Pere Aragonès en el Parlamento de Cataluña
Efe

Esquerra Republicana camina con pies de plomo ante el temor de que una parte del independentismo acuse a Pere Aragonès de usurpador del poder y de aprovecharse de la represión para alcanzar la Presidencia de la Generalitat. Por ello, cogió hoy las riendas del Gobierno catalán con un perfil muy bajo. El que le obligan la ley y el pacto al que han llegado JxCat y ERC para pilotar el relevo de Quim Torra y el que el propio líder independentista ha querido adoptar.

Aragonès es desde este miércoles la primera autoridad política de Cataluña, pero sin admitir que es presidente. Lo dejó claro en su primera intervención en la Cámara catalana, después de encabezar su primer Consejo de Gobierno. "Tras la inhabilitación de Torra no hay presidente", afirmó para que no haya equívocos. "No lo habrá hasta que el Parlamento escoja a uno. No normalizaremos la situación", añadió.

Aragonès asume funciones limitadas del presidente de la Generalitat durante un periodo de transición que debería concluir el 7 de febrero próximo con la celebración de unas elecciones catalanas. «No hay cambio de presidente», recalcó la consejera de Presidencia, Meritxell Budó. La prueba del nueve de lo fino que han tenido que hilar JxCat y ERC su pacto para no herir sensibilidades es el nombre del cargo de Aragonès tras la firma del decreto que sustituye al inhabilitado Torra: "Vicepresidente del Govern en sustitución de la presidencia de la Generalitat y consejero de Economía y Hacienda". Ni puede convocar elecciones ni nombrar ni cesar consejeros ni se ha instalado en el Palau de la Generalitat. Está por ver si participa en la próxima conferencia de presidentes autonómicos convocada para fin de octubre por Pedro Sánchez.

Para escenificar que no hay presidente, JxCat y ERC han decidido mantener vacío el despacho de Torra en el Palau de la Generalitat y la silla que usaba en el Consejo de Gobierno.

Que Aragonès marcara perfil bajo y que tenga las funciones muy limitadas, no quiere decir que no tenga margen de actuación. Lo visualizó en el breve discurso que pronunció en el pleno que celebró la Cámara catalana de despedida del anterior jefe del Ejecutivo. El presidente interino marcó distancias desde el primer momento de la línea radical de su antecesor y también de la que sigue JxCat. Cerró filas en lo personal con su antecesor, calificó el gobierno que encabeza como el 'Govern del presidente Torra' y como objetivo se propuso seguir trabajando en "la libertad y la dignidad del país", en el "día a día" de los catalanes y en la lucha contra la pandemia hasta las elecciones. También cargó contra la justicia y denunció la "represión del Estado", pero evitó los ataques directos contra el Gobierno central y no compró la propuesta lanzada por Torra de convertir las próximas elecciones catalanas en un plebiscito sobre el mandato del 1-O. "Este Govern en funciones se ha de limitar a los asuntos ordinarios", dijo. Ni una mención a la mesa de diálogo.

Mesa de diálogo

Budó, horas antes y tras la reunión del Gobierno, había afirmado que la inhabilitación de Torra dificulta el diálogo entre Madrid y Barcelona. E insistió en que si el orden del día no incluye por escrito que se puede abordar la amnistía y la autodeterminación, la parte catalana no participará en la mesa.

Aragonès cerró filas con Torra, pero no encontró reciprocidad. El expresidente de la Generalitat se despidió de la Cámara catalana, donde compareció como invitado en un pleno monográfico sobre su inhabilitación, con un discurso muy contundente contra el Estado español al que acusó de orquestar un "golpe de estado" judicial para "derrocarle". Llamó a las fuerzas secesionistas a la "revuelta", a defender con uñas y dientes y hasta las últimas consecuencias la soberanía de Cataluña y a convertir las elecciones en un plebiscito sobre el 1-O.

El PSC se ausentó del plano al considerar que los grupos independentistas pretendían hacer un uso partidista y degradante de las instituciones.

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