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Nacional

Barcelona multa a partir del martes a los coches viejos y contaminantes

La capital catalana se transforma para combatir el cambio climático con medidas restrictivas.

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau.
La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau.
EFE

Barcelona pone coto a los coches viejos. Desde este martes, la capital catalana prohíbe la circulación, a través de multas, de los vehículos de más de 20 años en el caso de que sean de gasolina y de 15 años para los de motor diésel. Todos estos turismo tienen vetada su circulación por el interior de la ciudad de Barcelona, en el espacio que transcurre entre la ronda de Dalt y la Litoral, las dos vías de circunvalación que engloban toda la ciudad. La prohibición es de lunes a viernes de 7 a 20 horas. Si un coche sin el distintivo medioambiental de la DGT circula por la ciudad en el horario prohibido se enfrenta a multas de 100 a 500 euros. La medida afecta a la ciudad de Barcelona y a los consistorios de Cornellà, Esplugues, L'Hospitalet y Sant Adrià de Besòs, integrados en la llamada zona de bajas emisiones. Es el área por el que no pueden conducir quienes vayan al volante de un coche viejo y contaminante. El consistorio barcelonés estima que el 3% de los coches que componen el parque móvil que circula por las calles de la capital catalana tienen más de dos lustros y ellos son los responsables del 11% de la contaminación del ambiente.

Inicialmente, estaba previsto que el régimen sancionador entrara en vigor el 1 de abril, pero su implementación quedó paralizada temporalmente debido al estado de alarma y a la crisis sanitaria. La zona de bajas emisiones funciona desde el 1 de enero pero hasta ahora el Ayuntamiento solo notificaba la infracción sin la correspondiente multa. A partir de mañana, las cámaras que capten a un coche viejo circulando por la capital catalana harán llegar la sanción. La Autoridad Metropolitana de Barcelona, la entidad que agrupa a todos los consistorios del área de Barcelona en el que viven casi cinco millones de personas, recuerda que la nueva Ley del cambio climático que propone el Gobierno central indica que todas las ciudades de más de 50.000 habitantes deberán tener zonas de bajas emisiones antes de 2023, siguiendo el modelo de Barcelona.

Las sanciones entran en vigor con algunas moratorias. Los autónomos con coche o moto de rentas bajas, «atendiendo a las consecuencias socioeconómicas derivadas de la crisis de la covid», según el consistorio barcelonés, tienen hasta el 1 de abril de 2021 para cambiar de vehículo. Para las furgonetas, los plazos de la moratoria son similares.

El Ayuntamiento de Barcelona estima que la reducción atribuible al confinamiento fue del 43% en el caso del NO2 y del 21% en el caso de las partículas PM10. Durante este periodo los niveles medidos de NO2 en la ciudad cumplieron el nivel anual recomendado por la OMS, «lo que pone de manifiesto la importancia de reducir el tráfico en la ciudad», señala el Ayuntamiento.

No obstante, la tendencia de la recuperación del transporte público está siendo mucho más lenta que la del vehículo privado (turismos y motocicletas). La demanda del transporte público se ha reducido un 40%, respecto a la reducción del 10% de la movilidad en vehículo privado. El consistorio barcelonés estima que con el escenario actual de desconfinamiento y de nueva normalidad, la situación de bajos niveles de contaminación se revertirá hasta alcanzar los niveles de contaminación que había en Barcelona antes de la crisis sanitaria, «o incluso a niveles superiores , si no se aplican medidas que favorezcan la reducción del tráfico de manera permanente». «La voluntad y el compromiso sigue siendo preservar la salud de la ciudadanía con las medidas consensuadas con anterioridad a la crisis sanitaria», apuntan.

Estas medidas no solo tienen que ver con las multas. Durante la pandemia, la capital catalana ha sufrido una transformación viaria que no se había conocido en décadas. Casi de la noche al día, la ciudad condal ha reducido el espacio para los coches a través de obras en la calzada. Donde antes había largas y amplias avenidas para circular en turismo o en moto, como algunas de las principales calles del Ensanche, ahora son vías con más carriles bici, más espacio para los peatones y menos carriles para los coches. Es el caso de las calles Valencia, Consejo de Ciento, tramos de la Diagonal, Gran Vía o Girona. Las bicis han ganado al coche 21 kilómetros y los peatones, 12. Todo ello impulsado con un galimatías cromático que ha provocado controversia entre la ciudadanía. La polémica está servida, pero el Ayuntamiento lo tiene claro: se propone favorecer los desplazamientos a pie, en transporte público y en bicicleta. Lo que hasta la fecha no se plantea el ayuntamiento de Barcelona es poner en marcha peajes de entrada a la ciudad como hace Londres. Pero tiempo al tiempo.

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