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Juan Carlos I, el rey que asentó la Monarquía parlamentaria

El rey emérito instauró la democracia garantizando el sistema de libertades amparadas por la Constitución. Llegó al trono en un momento convulso pero se ganó su legitimidad, dentro y fuera de España.

(FILES) -- A file photo taken in February 1976 shows King Juan Carlos of Spain and his wife Queen Sophia of Greece, playing with their children Crown Prince Felipe, 8, and daughter Elena, 12, in Zarzuela Palace in Madrid. Spanish King Juan Carlos will abdicate in favour of his son Prince Felipe, the nation announced on June 2, 2014, ending a 39-year reign that ushered in democracy but was was later battered by royal scandals. The 76-year-old monarch, crowned in November 1975 after the death of General Francisco Franco, is stepping down dogged by health woes and with his popularity deeply eroded by scandals swirling around him and his family. AFP PHOTO SPAIN-ROYALS-ABDICATE-POLITICS-FILES
Don Juan Carlos junto a doña Sofía.
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El de Juan Carlos I fue el sexto reinado más largo de la historia de España. Más de 38 años en el trono que en la dinastía de los borbones solo habían superado sus antepasados Felipe V y Alfonso XIII. Trayectoria que contrasta con que en círculos de todo signo político en la Transición le pronosticaban como 'Juan Carlos I el Breve'.

Casi cuatro décadas de historia que comenzaron en Roma, la urbe donde nació en enero de 1938. La que llaman ‘eterna ciudad’ fue el refugio del exilio convertida en cuna para don Juan Carlos. La situación de esos primeros años de vida continuó en una juventud en Suiza y Portugal. Ya en España, se formó en Madrid y en la Academia General Militar de Zaragoza.

Se curtió en el campo de batalla que se consideró la Transición, caminando por el borde del precipicio junto a Adolfo Suárez, un empeño que consiguió la instauración de la democracia de España.

"La Corona asegurará el acceso al poder de las distintas alternativas de Gobierno, según los deseos del pueblo libremente expresados"

En junio de 1976 las dudas terminaron y comenzaron unos años de reconocimientos nacionales e internacionales. Fue en el Capitolio de Washington, durante el primer viaje oficial de los Reyes a Estados Unidos. La clase política de aquel país no las tenía todas consigo respecto de lo que el joven monarca –en ese momento, 38 años– iba a hacer. En un célebre discurso, Juan Carlos I anunció que "la Corona asegurará el acceso al poder de las distintas alternativas de Gobierno, según los deseos del pueblo libremente expresados". Era la piedra angular de su intervención y le valió para regresar a España con el apoyo expreso de la Casa Blanca. La oposición al franquismo, tanto la interior como la que todavía no había vuelto a pisar el país, empezó a pensar que podía ser así. Que iba en serio. Cuando apenas unas semanas después cesó a Carlos Arias Navarro reforzó esa impresión.

Con su celebrada campechanía, un sentido del humor peculiar, una cercanía que cautivaba incluso a los críticos, mano izquierda y el apoyo de Suárez, hizo posible una transición pacífica. Que no fue perfecta, pero según los historiadores fue la mejor de entre las posibles. Y que se cerró cuando el 23-F, paró el golpe de Estado. Empezaba el período de gloria.

La jornada más larga

La noche del 23 de febrero de 1981 alcanzó la cima de su prestigio cuando salió vestido con uniforme militar a parar el fracasado golpe de Estado. "La Corona, símbolo de la permanencia y unidad de la patria, no puede tolerar en forma alguna acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático que la Constitución votada por el pueblo español determinó en su día a través de referéndum". Esas palabras fueron parte del fragmento que los españoles escucharon al otro lado de las radios y televisores.

Una gloria que coincidió casi exactamente con el paso de Felipe González por la Moncloa. Por paradójico que parezca por tratarse de un socialista, no ha habido otro presidente del Gobierno con quien se haya llevado mejor. Porque si con Suárez compartió los riesgos de los años del ruido permanente de sables, con el político sevillano vivió la gran transformación económica, social y cultural de España. El trato que tuvieron Juan Carlos y González fue excepcional.

Fueron años de tranquilidad para el monarca. Ya no había dudas ni debate en torno a su figura. Los ‘juancarlistas’ de toda condición, monárquicos sobrevenidos, parecían legión. Los republicanos aceptaban al Rey y situaban la discusión sobre la forma de Estado en un futuro más bien lejano.

Impulso internacional

El 12 de junio de 1985 España y Portugal firmaron el Tratado de Adhesión a las Comunidades Europeas con un doble acto en Lisboa y en Madrid. Don Juan Carlos pronunció entonces un discurso que fueron las primeras palabras de la incorporación al año siguiente. La presencia internacional y la política exterior fueron dos de las preocupaciones del monarca durante su reinado. De hecho, en 1991 impulsó la primera edición de la Cumbre Iberoamericana. Ese mismo año participó en importantes actos que apoyaban y respaldaban su objetivo: la Conferencia de Paz para Oriente Medio en Madrid y el viaje a Marruecos. Este último se tradujo en la confirmación de la excelente relación que existía entre ambos jefes de Estado con la firma del Tratado de Amistad Hispano-Marroquí.

A finales del año 1995, don Juan Carlos presidió la reunión del Consejo Europeo en Madrid, coincidiendo con la presidencia de turno de España en la Unión Europea. Y en octubre de 1998, enunció un discurso ante el Parlamento Europeo, reunido en Estrasburgo.

Las relaciones internacionales continuaron. A finales del siglo XX abrió camino con Cuba, protagonizando el primer viaje al país de un monarca español.

En noviembre de 2007, durante la Cumbre Iberoamericana celebrada en Santiago de Chile, Hugo Chávez interrumpió reiteradamente a José Luis Rodríguez Zapatero, entonces presidente. En tono airado, el Rey se volvió hacia el mandatario de Venezuela y le defendió: "¿Por qué no te callas?". Una intervención para tachar la conducta muy poco educada.

Don Juan Carlos pidió "unidad, firmeza y serenidad" 

Durante su reinado pronunció claros mensajes contra los movimientos independentistas y contra el terrorismo de ETA. También tras los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid. Don Juan Carlos pidió "unidad, firmeza y serenidad" en su discurso. En los casi 40 años que ha estado en el trono ha acompañado en el dolor de catástrofes, como la visita que realizó a Biescas tras la riada de 1996 o su presencia en el funeral por los militares muertos en el accidente del Yak en 2003.

La cara más humana

A principios de la década de 1990 todos los españoles vieron cómo las lágrimas se deslizaban por su rostro durante el funeral por su padre, en abril de 1993, unas imágenes que destaparon su lado más humano. Era el hijo que, pese a las desavenencias que tuvo con su progenitor, lloraba su pérdida. Veinte años más tarde, en una entrevista con Jesús Hermida, confesaría que en ese momento estaba haciendo balance de lo que su padre había supuesto para él y tomaba conciencia de que quedaba "en la primera línea del frente".

Mostró su alegría en los Juegos Olímpicos de 1992, cita deportiva en la que el entonces Príncipe Felipe fue abanderado. También estuvo en la Expo de Sevilla del mismo verano.

En los años sucesivos se vio la cara más familiar del monarca con los enlaces matrimoniales de sus hijos. Primero del brazo de su primogénita, la infanta Elena, de camino al altar en la catedral de Sevilla y dos años más tarde en Barcelona con la infanta Cristina. Nacieron sus primeros nietos y también lamentó la pérdida de su madre, doña María de las Mercedes. El anuncio, la pedida de mano y la boda de don Felipe y doña Letizia marcaron los siguientes acontecimientos de la Casa Real, que le llenaron de orgullo, tal y como demostró entonces.

No faltó al nombramiento de su hijo don Felipe como nuevo Rey. Se asomó al balcón del Palacio Real también junto a doña Sofía, doña Letizia y sus nietas, doña Leonor y doña Sofía. Eran tres generaciones juntas saludaron al país que don Juan había reinado durante casi cuatro décadas de su vida.

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