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Últimos años de abdicación y pesadilla

Los problemas de salud, las amistades inconvenientes y las acusaciones de negocios opacos en Suiza han diezmado el crédito de Juan Carlos I en la última década

Juan Carlos I decide abandonar España
Juan Carlos I en una foto de archivo
Francois Lenoir

Don Juan Carlos jamás imaginó que los aplausos y homenajes que recibía hasta hace pocos años por su intachable trayectoria se convertirían con ávida rapidez en sombras de sospecha. La imagen de un rey casi heroico que salvó a España de un golpe de Estado ha transitado en la última década en una etapa de declive que parecía imparable. Cacerías de elefantes, amistades controvertidas e incluso la imagen de su hija en el banquillo de los acusados supusieron un punto de inflexión en su figura, que desembocaron primero en su retirada de la vida pública hace un año y, ahora, en su marcha de España ante el descrédito causado por sus presuntos negocios ocultos en Suiza. Para colmo de males, la salud tampoco le ha acompañado -de hecho, fue uno de los argumentos que se blandieron en su abdicación en junio de 2014- pues el emérito ha pasado hasta 18 veces por quirófano, la última de las cuales, hace ahora justo un año, fue una operación a corazón abierto para implantarle un triple ‘bypass’.

Figura clave para la democracia, don Juan Carlos ha pasado a ser cuestionado por una parte de la clase política a la espera de si los fiscales del Tribunal Supremo deciden si hay o no motivos para abrirle causa penal por supuestos delitos cometidos cuando dejó de ser inviolable al ceder el trono.

"Momento de pasar página"

Desde su abdicación, el rey emérito ha tenido un protagonismo en actos oficiales que desembocó en su decisión de poner fin a su labor institucional en junio del pasado año con una carta enviada a su hijo, Felipe VI. "Ha llegado el momento de pasar una nueva página en mi vida y de completar mi retirada de la vida pública", le comunicó don Juan Carlos, quien se "despidió" en una corrida de toros en Aranjuez, días después de su último acto oficial en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

Una decisión madurada desde que cumplió 80 años y tras el homenaje que se le rindió en el Congreso por el 40 aniversario de la Constitución de 1978. Aquel fue el último gran acto en el que participó don Juan Carlos, después de que un año antes aireara su malestar por no haber sido invitado a la conmemoración de las primeras elecciones en España y tener que verlo por televisión.

"Una democracia que impulsó mi padre de forma tan decisiva y determinante", elogió Felipe VI ante un hemiciclo que, en su mayoría, rindió una prolongada ovación al rey Juan Carlos, ya con Pedro Sánchez como presidente. Meses antes, en su 80 aniversario, don Felipe también dio las gracias por "tantos años de servicio leal a España".

Entre medias, empezaron a surgir las sospechas de negocios opacos cuando afloró una grabación entre Corinna Larsen y el excomisario José Villarejo en la que se acusaba al rey emérito de tener cuentas en Suiza y de utilizar a Larsen como testaferro.

Caída de popularidad

El monarca, durante una cacería en 2006
La imagen de la cacería en Botsuana
Heraldo

Uno de los mayores errores reconocidos por el entonces monarca fue el que le llevó a pedir disculpas públicas a los españoles. Aquel "lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir" parecía obligado después de que trascendiera que el monarca se había roto la cadera en una cacería de elefantes en la República de Botsuana en abril de 2012, cuando España atravesaba una cruenta crisis económica.

Este escándalo coincidió también con los momentos más delicados de la investigación del caso Nòos, en el quien parecía el yerno perfecto, Iñaki Urdangarin, fue acusado de diversos delitos económicos. En diciembre de 2011 ya se había apartado a Urdangarín de todos los actos institucionales por su "conducta no ejemplar", pero el marido de la infanta Cristina afirmó ante el juez que la Casa Real estaba al tanto de sus irregularidades ya en 2006.

Iñaki Urdangarin, este martes, tras salir de prisión.
Iñaki Urdangarin tras salir de prisión.
Efe

En su mensaje de Navidad aquel año, un auténtico ‘annus horribilis’ para él, don Juan Carlos afirmaba que "la justicia es igual para todos porque vivimos en un Estado de Derecho y cualquier actuación censurable deberá ser juzgada y sancionada con arreglo a la ley". Finalmente, en abril de 2013, la propia infanta Cristina fue imputada y la popularidad de la monarquía se desplomó. Si lo habitual en las encuestas del CIS era que el índice de confianza de los españoles en la Corona rozara el 7, estos años de zozobra descendió hasta su mínimo histórico: un 3,68 sobre 10 en abril de 2013, que sólo se iría recuperando tras su abdicación.

Antes de la renuncia al trono, aún llegaría el escándalo de la herencia de don Juan, conde de Barcelona, en cuentas suizas: a su muerte en 1993 su padre dejó a don Juan Carlos 1.100 millones de pesetas, entre varios inmuebles y tres cuentas en dos entidades del país helvético.

Escasos encuentros familiares

Don Juan Carlos saluda a Corinna Larsen
Don Juan Carlos saluda a Corinna Larsen
SCHROEWIG

Esta sucesión de informaciones comprometidas y la sospecha de que Juan Carlos I podría haber obtenido comisiones ilícitas del AVE a La Meca hicieron que Felipe VI decidiera distanciarse de su padre al renunciar a su herencia el pasado marzo. Meses después la brecha se ha agrandado y este distanciamiento se ha reflejado también en sus apariciones juntos, que se han limitado a algún encuentro familiar, el último de ellos, el funeral de Pilar de Borbón en enero de este año.

Desde la abdicación, Juan Carlos se ha prodigado más en su vida privada que en la pública, al refugiarse sobre todo en sus amigos y en aficiones como la gastronomía, los toros y, en especial, la vela. En varias ocasiones ha disfrutado del fútbol, en el palco del estadio del Real Madrid y del Atlético de Madrid, y del tenis, animando a Rafael Nadal.

También ha conservado su afición por la Fórmula 1, aunque, cuando estuvo en el gran premio de Abu Dabi en noviembre de 2018, le generó un quebradero de cabeza su saludo al príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman, envuelto en la polémica por entonces por ser el principal sospechoso de ordenar el asesinato del periodista de su país Jamal Khashoggi.

Tras su delicada operación en agosto de 2019, la última vez que se le ha visto fue precisamente cuando acudió a una clínica madrileña para someterse a un chequeo médico el pasado 16 de junio protegido con mascarilla.

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