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Casado fulmina a Alonso, recupera a Iturgaiz y sume al PP vasco en el desconcierto

Nombra al histórico dirigente candidato a lehendakari tras defenestrar al exministro por sus críticas al pacto con Ciudadanos.

Pablo Casado conversa con Alfonso Alonso y Borja Sémper.
Pablo Casado conversa con Alfonso Alonso y Borja Sémper en una imagen de archivo.
Efe

Alfonso Alonso estaba sentenciado desde que el viernes se enfrentó públicamente a la dirección nacional del Partido Popular. Mantuvo el pulso 48 horas. "No se va a ir, lo van a tener que matar ellos", advertían desde su entorno más cercano. Y así fue. Pablo Casado fulminó a media tarde de ayer a Alonso mediante una llamada telefónica en la que le comunicó que no será candidato a lehendakari el 5-A, un liderazgo que Génova le había otorgado apenas trece días antes. El sustituto será Carlos Iturgaiz, abanderado del PP en los años más duros de ETA y referente del sector más crítico con el nacionalismo. Vuelve a la primera línea tras anunciar que abandonaba la política hace menos de un año entre reproches a la ejecutiva de Casado. El presidente popular le recibió asegurando que es "un referente moral".

La ejecutiva nacional sofoca así, a las bravas, la rebelión de Alonso y buena parte de los populares vascos, que habían puesto el grito en el cielo al haber sido excluidos de la negociación para aliarse con Cs para las elecciones autonómicas. Un pacto que abre la puerta del Parlamento a la formación naranja -le otorga puestos "de salida" en las planchas de Vizcaya y Álava- pese a su irrelevancia en la política autonómica. También les otorgará libertad de movimientos: podrán presentar sus propias iniciativas y romper la disciplina de voto. Unas cesiones que la inmensa mayoría de los populares del País Vasco consideran "una barbaridad" que puede acabar por "hundir" a la marca conservadora.

Pero el PP de Casado no ha negociado con Cs pensando en lo que pueda pasar en el País Vasco el 5-A sino en ganar músculo en el resto de España con "pactos de largo alcance". Lo confirmó ayer el secretario general de la formación conservadora, Teodoro García Egea, en la rueda de prensa en la que oficializó la salida de Alonso y la llegada de Iturgaiz. Llamó a "reunificar" el centroderecha frente a "los nacionalismos radicales", grupo en el que incluyó al PSOE. Y para eso reconoció la necesidad de hacer "renuncias".

Génova, que recupera su discurso más duro, busca un "cierre de filas del constitucionalismo" para plantar cara al Gobierno PSOE-Podemos y al desafío independentista que, asegura el entorno de Casado, puede fortalecerse con Sánchez en La Moncloa. El PP busca, en primer lugar, a ganar presencia en Cataluña, donde las últimas autonómicas redujeron su representación a la mínima expresión. La coalición con Cs en el País Vasco abre la puerta a un pacto idéntico para las catalanas que la formación naranja, mucho más poderosa en el territorio, había puesto en solfa tras el portazo de Feijóo en Galicia. De ahí que los guiños en Euskadi sean tan relevantes. "Es un acuerdo generoso de futuro", insistió García Egea.

Pero, sobre todo, el PP aspira a medio plazo a fagocitar lo que queda de Cs tras su debacle en las últimas generales. El proceso, consideran en Génova, pasa por reforzar a Inés Arrimadas, que el mes que viene se juega el liderazgo del partido naranja. A diferencia de otros miembros de la formación, Arrimadas mantiene la puerta entreabierta a una futura fusión si Cs no remonta el vuelo a medio plazo.

Carlos Iturgaiz
Carlos Iturgaiz
Efe

Liderazgo interino

El primer jalón de toda esa estrategia diseñada por la cúpula popular pasaba por tomar el mando en Euskadi, rehacios a "revivir" a Cs y donde los apoyos a Casado son mínimos. Entre sus fieles se encuentran la diputada Bea Fanjul, la presidenta del PP de Vizcaya, Raquel González, su 'número dos' en el Ayuntamiento de Bilbao, Carlos García, y algunos históricos como Carlos Urquijo. Todos salieron ayer en tromba a criticar la postura de Alonso y su pulso a cuenta del pacto con Cs horas antes de que fuera defenestrado. Luego dieron la bienvenida a Iturgaiz después.

Alonso, y casi toda la ejecutiva del PP vasco, apoyaron la candidatura de Soraya Sáenz de Santamaría en las primarias que venció Casado hace dos años. Aunque no se recuerde tanto, también Iturgaiz. Ahí arrancó una tensa relación que ha acabado por desbordarse. Alfonso Alonso viajó este domingo a Madrid para reunirse con la ejecutiva nacional. La idea era reconducir el acuerdo con Cs. Nada de eso. Casado le anunció que no contaba con él horas después por teléfono. «Es una decisión acordada", dice Génova. "Le han echado", defiende el entorno del aún presidente de los populares de Euskadi. "A él y al proyecto que tenía el PP vasco".

La sensación general en el seno de la marca en el País Vasco era este domingo por la noche de desconcierto. Incredulidad por un terremoto de semejante intensidad a mes y medio de las elecciones. Hay temor a un varapalo electoral, pero también la certeza de que Iturgaiz no es la persona adecuada para liderar el proceso de reforma y modernización al que el PP del País Vasco había abierto la puerta desde hace unos meses, por ejemplo abrazando la foralidad, para sobrevivir. Consciente de la tormenta que iba a suponer llevarse por delante a Alonso, Génova pone al mando a un histórico al que las bases no pueden poner ni un 'pero' porque es un emblema de la resistencia a ETA en los momentos más duros. Iturgaiz, en todo caso, es una apuesta interina para pasar el trago de las autonómicas, pero el futuro del PP vasco quedará en otras manos a partir de abril. Esa será otra guerra, aunque la favorita de Génoa para asumir el mando es Bea Fanjul.

 

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