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Nacional

cambio climático

¿Se quedará Salou sin playa?

La creciente frecuencia de los temporales hace que reponer la arena sea cada vez más insostenible económica y medioambientalmente, lo que redobla la preocupación por el futuro de las costas y el turismo de sol y playa.

Imagen de la playa de La Pineda tras el paso de la borrasca Gloria.
Imagen de la playa de La Pineda tras el paso de la borrasca Gloria.
Jordi Ramírez

¿Podría quedarse Salou sin playa? La pregunta, que hasta hace poco podría sonar impensable, comienza a no serlo tanto. La brutal borrasca Gloria, que azotó el noreste español -con especial virulencia los pasados 20 y 21 de enero- ha dejado  pérdidas humanas y económicas, pero también una honda preocupación sobre el futuro de las playas, grandes perjudicadas del paso de un temporal que ha devorado cientos de metros de arenales de la costa mediterránea, destino principal de las vacaciones de muchos aragoneses. 

Un problema medioambiental, pero también económico, que obliga al Estado a invertir cada año más dinero en rellenar las playas de la arena que se llevan el mar embravecido, el viento y las tormentas.

El temporal Gloria, calificado por la AEMET como histórico (si bien ha habido otros dos muy fuertes en los últimos nueve meses), ha supuesto un aldabonazo para muchas conciencias al ver adelantadas al presente algunas de las más nefastas predicciones de los efectos del cambio climático y la acción del hombre sobre las costas y el mar.

¿Qué hacer y a qué coste para conservar las playas de unos temporales a los que todo apunta que habrá que acostumbrarse?

El meteorólogo José Miguel Viñas explicó recientemente en una entrevista en HERALDO que el clima "se está volviendo más extremo y situaciones meteorológicas como las de Gloria van a ser más frecuentes". "Estamos en una región del mundo vulnerable porque nos afectan estos temporales atlánticos que últimamente son bastante virulentos; las sequías recurrentes incidirán más; los ciclones tropicales que empiezan a acercarse cada vez más al continente europeo son otro signo de que está cambiando la dinámica atmosférica. Hay que estar alerta", advertía.

Coincide en la idea de estar atento a estas señales Josep Pardo quien, junto a Jesús Palomar y Carlos Cabezas, es miembro del grupo de investigación de Cartografía Geoambiental y Teledetección del Departamento de Ingeniería Cartográfica, Geodesia y Fotogrametría de la Universidad Politécnica de Valencia. Pardo y sus colegas, tomando como fuente de información las imágenes del satélite Sentinel 2 (de la Agencia Espacial Europea), en tres fechas -dos anteriores al temporal (días 6 y 16 de enero) y una posterior al mismo (26 de enero)- y utilizando una herramienta informática desarrollada dentro del mismo grupo -la SHOReline EXtraction- han demostrado que, solo en la Comunidad Valenciana, Gloria ha hecho retroceder hasta 32 metros las playas.

"Las playas son cambiantes por naturaleza y es bueno que lo sean", explica Pardo, quien cree que es pronto para sacar conclusiones. Si bien, señala que "hay que ir vigilando qué está pasando; existe una preocupación creciente por el futuro de las playas y así ha de ser, hay que comenzar ya a iniciar procesos de análisis realistas", indica el estudioso.

Y así, con los pies en el suelo, surge el aspecto económico del problema. Porque reponer la arena que se lleva la furia de los temporales supone un enorme gasto. El trocito de arena que ocupa cada toalla sale cada vez más caro. Un precio que pagamos entre todos. 

Según datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, "debido a que los temporales son cada vez más habituales, se han hecho necesarias inversiones extraordinarias cada vez mayores en los últimos años".

Así, en 2014 se destinaron desde el Estado a reposición de arena y reconstrucción de paseos marítimos 35 millones de euros; 21,3 millones en 2015; 37,millones en 2017, 40,9 millones en 2018 y  11,4 millones el año pasado.

Ante este panorama, localidades como la valenciana Bellreguard han tomado la pionera decisión de plantearse no reparar las zonas devastadas por Gloria.

Al habla con el alcalde de la localidad, Álex Ruiz, explica que lo que realmente pretende con la idea es "abrir la reflexión" sobre la necesidad de  "devolver a la naturaleza lo que es suyo y de no malgastar millonadas cíclicamente tragadas por el mar". En este caso, los 580.000 euros que, calcula el consistorio, costaría reparar su paseo marítimo. 

"Lo que hay que intentar es buscar una solución definitiva en lugar de poner parches a la evidente regresión de las playas que se ha venido produciendo por el impacto de un urbanismo que va en contra de la naturaleza en lugar de a su favor", se lamenta. En el caso de Bellreguard, por ejemplo, ilustrado por un retranqueamiento de la primera línea de playa ordenado en los 90 por Fomento que no es suficiente. "Lo próximo serán las casas", avisa Ruiz. "El debate que quiero abrir -insiste- no es si arreglar el paseo o no, sino qué tipo de paseo, si hacerlo sostenible, también para proporcionar seguridad a la ciudadanía".

"Hay buscar una solución definitiva a la evidente regresión de las playas, que se ha venido produciendo por el impacto de un urbanismo que va en contra de la naturaleza en lugar de a su favor". Álex Ruiz, alcalde de Bellreguard

Asegura el edil que la grave situación la puede ver cualquiera, no hace falta ser un experto:  "Basta con observar el litoral cada día". Pone de ejemplo los dramáticos efectos de la escollera que en los 80 se construyó para ampliar el puerto de Gandía, que lleva arena a las playas de esta localidad mientras las de más al sur se quedan sin ella. La obra, recuerda Ruiz, se hizo con la promesa de rellenar de arena periódicamente las cinco playas afectadas. "Pero solo se hace puntualmente, con un coste para el Estado de 2 millones de euros cada vez". La última fue en abril de 2019. Esa arena ya no está.

Ruiz es consciente de que el debate que ha abierto ha generado todo tipo de opiniones, muchas a favor y algunas en contra, pero, sobre todo, se congratula de que se haya sacado algo del  duro golpe de Gloria: "Creo que ha ayudado a la gente a visualizar el problema y cómo se malgasta el dinero":

Pero las circunstancias de cada localidad costera del Mediterráneo son muy diferentes y la mayoría no pueden ser ajenas a la principal actividad económica de la zona: el turismo.

En España, más del 80% de los turistas extranjeros y el 50% de los nacionales tienen las playas como principal destino vacacional.

Entre las más visitadas están las de Barcelona donde, tres días después del azote de Gloria, la alcaldesa, Ada Colau, calculaba una pérdida media de arena de un 30%, que llegaba al 44% en la de la Mar Bella.

Tras recordar que llevaban años avisando de la disminución progresiva de arena en Barcelona, Colau urgió al Estado a intervenir: "Es una reclamación de muchos años y ahora es una urgencia que no puede esperar". En un informe, que valora los daños en unos 12.5 millones de euros, se estima que se debería realizar en la capital catalana "una aportación extraordinaria de 500.000 metros cúbicos" de arena.

Los estragos fueron tanto o más importantes en Tarragona. En los días inmediatamente posteriores a la borrasca, una mancha en el agua de color marronáceo, de cerca de doscientos metros de ancho, era la prueba de la gran cantidad de arena que el mar arrastró.

Playas listas en Salou para Semana Santa

En Salou, para que en Semana Santa los visitantes puedan extender su toalla en la arena se habrá de hacer un gran esfuerzo técnico y económico previo. Fuentes del ayuntamiento de esta localidad de la Costa Dorada (donde también han quedado arrasadas zonas como La Pineda) confirman a HERALDO que su Playa Larga ha sufrido "un importante daño" y "tendrá que recomponerse una duna natural que se llevó la fuerza del mar".

El alcalde, Pere Granados, estima que la inversión económica para regenerar la Playa Larga y otras como la cala de Llenguadets, "desaparecida bajo las aguas", será de 420.000 euros. En unos 10 días, añade, "se llevará a cabo una intervención que consistirá en transportar arena sobrante de la playas de Levante y de Poniente (que han recibido arena del temporal) a la Larga. Concretamente, se llevarán 12.000 metros cúbicos de arena. "A finales de marzo, unos 20 días antes de la Semana Santa, se empezará a extender la arena para que las playas estén completamente listas y se puedan instalar los chiringuitos", asegura.

Destrozos e inundaciones en Salou.
Destrozos e inundaciones en Salou tras el paso de Gloria.
Olivia Molet

En el caso de Salou, Gloria ha sido un episodio grave, pero que se añade a otros como el padecido el pasado mes de octubre y que viene a abundar en una preocupación que viene de atrás. Ya hace dos años, el consistorio decidió encargar un estudio a la Universidad Politécnica de Cataluña-Barcelona-Tech sobre el estado del litoral en su término municipal en relación con el cambio climático.

Según los primeros resultados, "no todas las playas y calas del litoral salouense presentan el mismo comportamiento y, por tanto, no se encuentran afectadas en la misma intensidad por los efectos de una posible regresión". En el horizonte cercano y a la luz de estos estudios, se quiere poner en marcha un plan de protección.

"Hace tiempo que en Salou tenemos preocupación por nuestras playas, que son nuestro principal patrimonio", dice su alcalde. "Estamos concienciados de que tenemos que trabajar

"Hace tiempo que en Salou tenemos preocupación por nuestras playas, que son nuestro principal patrimonio". Pere Granados, alcalde de Salou

Todo apunta a que aún hay tiempo, si bien la situación es ya muy grave.

La geógrafa física Carla García-Lozano, miembro del Servicio de SIG y Teledetección e investigadora del grupo de Análisis y Gestión del Paisaje de la Universidad de Gerona, publicó el pasado noviembre su tesis doctoral titulada 'Los sistemas dunares de la costa catalana. Evolución histórica, estado actual y potencial de restauración'.

Según los datos que recoge, la degradación dunar en las playas del litoral catalán ha afectado al 90% de sistemas playa-duna durante las últimas décadas (el 60% de playas donde había dunas a principios de siglo pasado hoy han desaparecido, mientras el 30% ha disminuido de extensión). Cifras alarmantes si se tiene en cuenta que estos sistemas son repositorios de sedimento fundamentales para paliar los efectos erosivos en las largas playas de arena.

Edificaciones y falta de sedimentos

Esta situación es producida por muy diversos factores, como la acción del hombre y la edificación masiva del litoral, que dificultan o impiden el movimiento natural de la arena. Pero también, y sobre todo, por la disminución de sedimentos aportados por los ríos durante las últimas décadas (cuyas catastróficas consecuencias se ven bien a las claras en el delta del Ebro, particularmente castigado por Gloria). La construcción de espigones o puertos deportivos son otro obstáculo añadido a los flujos naturales de las corrientes y de la arena.

El cambio climático actúa como la puntilla en este panorama. Según la tesis de García-Lozano, no solo por un eventual crecimiento del nivel del mar, sino principalmente por el incremento de la frecuencia de los temporales, que no dan tregua para la regeneración natural de las playas.

Así, explica la investigadora, "en la actualidad, se necesita la regeneración artificial de playas para mantener vivo el turismo de sol y playa, lo que cuesta millones de euros. Sin ella, no existirían la mayor parte de playas urbanas".

"Se necesita la regeneración artificial de playas para mantener vivo el turismo de sol y playa, lo que cuesta millones de euros. Sin ella, no existirían la mayor parte de playas urbanas". Carla García-Lozano, doctora en Geografía

Según explica García-Lozano en su tesis, "la erosión en los episodios de temporal es muy severa y estos disminuyen el tiempo de regeneración, tanto en lo que se refiere a la acumulación de arena erosionada por las olas tanto al crecimiento vegetal al pie de la duna". Ante esta situación, continúa, una de las medidas más ampliamente adoptada es "la construcción de grandes obras de ingeniería para contrarrestar la erosión y proteger el litoral". Pero, a menudo, los espigones arreglan unas playas mientras estropean otras.

A juicio de esta estudiosa, la mejor adaptación al cambio climático sería "permitir el avance de los sistemas playa-duna hacia el interior de la costa, deconstruyendo y renaturalizando zonas urbanizadas". Precisamente lo que se acaba de plantear en Bellreguard. «Debemos recuperar el medio natural, que las dunas y las motas actúen de barrera», dijo el alcalde de esta localidad.

Pero este tipo de medidas, admite la propia Carla en su trabajo, tendrían que lidiar con los intereses del sector turístico y una población creciente. De momento, la experta aboga por "integrar el conocimiento científico en la toma de decisiones" y tratar de conservar lo que aún queda de estos sistemas sin dejar de trabajar en los sistemas dunares que pueden todavía ser recuperable.

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