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El juego de las sillas

Ciudadanos ha pasado de 57 escaños a solo diez, mientras que Vox ha doblado su número de diputados, de 24 a 52. El choque de trenes por el espacio vital se veía venir.

Marcos de Quinto ha tenido un rifirrafe con un diputado de Vox que se ha sentado en el que fuera su sitio.
Marcos de Quinto ha tenido un rifirrafe con un diputado de Vox que se ha sentado en el que fuera su sitio.
Efe

El bipartidismo tendría cosas buenas y cosas malas, pero una ventaja que nadie le puede discutir es que los diputados, del partido que fueran, tenían claro en qué pupitre tenían que sentarse cuando llegaba el primer día de colegio en el Congreso. Ahora eso no pasa y la cosa, a veces, acaba en trifulca.

Los de derechas o de centro derecha, llámese UCD, AP o PP, se aposentaban a la diestra de la Presidencia. Los de izquierdas, léase PSOE, PCE o IU, buscaban sitio en la bancada de ese lado, mientras que los nacionalistas y regionalistas de todo pelaje y condición se sentaban hacia el centro del hemiciclo.

Si esos nacionalistas apoyaban al Gobierno de turno se les reservaba un puesto central y no muy lejos de sus socios del banco azul, para que estuvieran cerca de los ministros con los que tenían que ir cuadrando enmiendas o partidas en muchos debates.

Si no tenían ese privilegio, los minoritarios acababan casi siempre en el denostado gallinero, medio ocultos por las columnas del salón de plenos, aunque más cerca de la antigua cafetería.

Así ha discurrido la cosa durante cerca de 40 años en los que había pocas disputas por el reparto de los escaños. Si acaso las había dentro de los propios grupos parlamentarios, por eso de sentarse cerca del líder, lo más cerca posible del Gobierno o de las cámaras de televisión.

Esa costumbre, fruto de décadas de aplicación silenciosa de la llamada cortesía parlamentaria, se rompió en el momento en que la "nueva política" llegó al Congreso.

El primer día de pleno los escaños no están asignados y cada uno se sienta como puede. Tiempo atrás, se respetaba más o menos el espacio de cada grupo, pero ahora, con más peces en el mismo acuario y de distintos colores, buscar un escaño libre ese primer día se convierte en la ley de la selva.

Todo comenzó en las elecciones de diciembre de 2015, que trajeron al Congreso a Podemos y a Ciudadanos, formaciones que nunca se habían sentado en el hemiciclo y claro, no tenían referencias de dónde colocarse.

Desde primera hora de la mañana del 13 de enero de 2016, horas antes de que comenzara el primer pleno tras esos comicios, diputados de Cs y Podemos se aprestaron a tomar posiciones para conseguir la máxima visibilidad en la sesión que abría aquella XI legislatura y, desde luego, que algunos lo consiguieron.

La escena de este juego de las sillas llegó a ser por momentos cómica, cuando los diputados de ERC estuvieron varios minutos deambulando por el hemiciclo para buscar un hueco. La mayoría tuvo que sentarse por separado, lejos del resto de sus correligionarios.

Tras alguna leve disputa y más de una negociación, al final terminaron por acomodarse los 350 diputados aunque, en realidad, terminó habiendo 351 personas en el hemiciclo, si contamos al bebé de la todavía entonces dirigente de Podemos Carolina Bescansa.

El bebé de Bescansa, al que hacían carantoñas por turnos Pablo Iglesias y su otrora "mano derecha" Íñigo Errejón, fue el gran protagonista de aquella jornada.

Desde entonces ha habido otros tres primeros plenos de legislatura, gracias a las dos repeticiones electorales que acumula la democracia española desde entonces.

Sesiones igual de movidas, con acatamientos a la Constitución de lo más variopintos y hasta con políticos presos sentados en los escaños, escoltados por policías de paisano hasta la misma puerta del hemiciclo. Lo nunca visto.

Si aquella sesión del 13 de enero de 2016 fue la del sálvese quien pueda, la de este martes 3 de diciembre de 2019 no iba a ser menos.

Ciudadanos ha pasado de 57 escaños a solo diez, mientras que Vox ha doblado su número de diputados, de 24 a 52. El choque de trenes por el espacio vital se veía venir.

Los mermados diputados de Cs pretendían sentarse más o menos donde hasta ahora pero Vox, que ahora ocupa el doble de bancada y antes estaba marginado en el gallinero, no estaba ni mucho menos por la labor.

Minutos antes de que arrancara el pleno, el diputado naranja Marcos de Quinto ha ido a sentarse en su viejo escaño y se ha encontrado con que ya estaba ocupado por un parlamentario del partido de Santiago Abascal. En ese momento se ha producido un breve rifirrafe con algún empujón de poca importancia sin más consecuencias.

Un incidente que parece una metáfora de la batalla por el espacio ideológico de la derecha, una lucha trasladada también ahora al espacio físico de este nuevo Congreso de la XIV legislatura. 

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