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Nacional

¿Quién pagará los platos rotos de la abstención el 10-N?

Los partidos asumen que la participación caerá el 10 de noviembre y los expertos calculan que puede descender hasta diez puntos.

Las negociaciones debieran respetar el resultado de las urnas.
Foto de archivo de las anteriores elecciones.
Raquel Labodía

Que la abstención va a crecer el 10 de noviembre, nadie lo duda. Las discrepancias surgen al señalar qué partido va a pagar los platos rotos de la repetición de las elecciones. Los expertos apuntan a que el votante de centro y el de izquierda va ser el más absentista. No así el de la derecha, que acudirá a los colegios electorales en igual número o mayor que hace cinco meses.

El regreso a las urnas como desenlace de la investidura era la opción peor vista por los ciudadanos. Seis de cada diez consultados, según un estudio de Ipsos, rechazan la repetición. Este amplio colectivo tendrá que decidir el 10 de noviembre si castiga al partido que votó en abril, si se mantiene fiel o si se abstiene. Esta última opción ha ganado enteros en las últimas semanas, y el tamaño de su crecimiento puede ser determinante para el resultado electoral.

En la repetición de elecciones del 26 de junio de 2016, la participación fue casi tres puntos y medio inferior a la registrada seis meses antes. El principal perjudicado por la menor afluencia a las urnas fue Podemos, que se estrelló en su pretensión de rebasar a los socialistas, perdió un millón de votos, aunque había sumado a IU a su alianza electoral, y sacó los mismos escaños, 71, pese al refuerzo. El PSOE se dejó cinco diputados y Ciudadanos, ocho, pero ambos mantuvieron un respaldo en las urnas similar al de seis meses antes. Los tres fueron los protagonistas de aquella frustrada investidura. El PP, que fue un espectador, resultó ser el beneficiario con 14 escaños más.

Diez puntos

El 10 de noviembre la abstención será superior, y según la encuestadora Celeste Tel llegará al 34%, diez puntos por encima que la del 26 de abril. Aunque otros expertos aconsejan cautela porque faltan más de siete semanas para la votación, hay coincidencia en que se va rebasar con diferencia la abstención de hace cinco meses, que, por otra parte, fue baja porque la participación fue de las más altas desde la recuperación de la democracia.

Francisco Camas, de Metroscopia, no duda de que el absentismo engordará y apunta que será relevante entre los votantes de centro. Un segmento que en abril respaldó a Ciudadanos y al PSOE. Celeste Tel, en cambio, sitúa en el campo de la izquierda el mayor impacto y calcula que uno de cada cinco de los que en noviembre no vayan al colegio electoral serán votantes socialistas. Narciso Michavila, presidente de GAD3, cree a su vez que el absentismo se va a repartir por el estilo a izquierda y derecha. Pero, añade, no va ser determinante en los resultados, a diferencia de lo que ocurría en los años de hegemonía del bipartidismo, cuando no existía el voto refugio de Podemos y Ciudadanos.

El análisis de los partidos reconoce que subirá la abstención. El pesimismo es mayor entre las fuerzas de izquierda, si bien también dicen que a medida que se acerque la fecha de las elecciones repuntará el interés. Sobre todo, porque es previsible que la campaña sea a cara de perro y ese clima tiene un efecto movilizador entre los suyos. El reverso de la moneda es el PP, donde reina la tranquilidad basada en la confianza de que sus seguidores no encontrarán motivos para abstenerse. En Ciudadanos el discurso oficial también es sosegado, pero de puertas para dentro hay cierto cosquilleo, sobre todo por la difícil comprensión del volantazo de Albert Rivera con su oferta de abstención a Pedro Sánchez tras meses de negar el pan y la sal a los socialistas.

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