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Nacional

Las últimas cartas de Nieves a Francisco

Las postales que recibió de su mujer un fusilado valenciano tras la Guerra Civil salen a la luz casi 80 años después con su exhumación en Paterna.

Foto de archivo de cartas antiguas
Foto de archivo de cartas antiguas
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Francisco Sanz Herráez fue zapatero en la pedanía valenciana de Benimàmet y murió con 40 años. Sus días terminaron, como los de tantos otros, fusilado en el Paredón de España, en Paterna. Fue el 13 de julio 1940. A quienes sufrieron este fatal destino tras el fin de la Guerra Civil les confiscaban sus pertenencias antes de ser horadados por las balas y abocados a la fosa común. Pero Francisco se llevó a la muerte las últimas postales de su mujer, Nieves Monzó. Ahora salen a la luz, casi 80 años después, con las exhumaciones en la fosa 127.

Según Pepe González, presidente de la Asociación de Víctimas del Franquismo de la Fosa 127, el hallazgo se produjo el miércoles. Su importancia radica en que son "las primeras cartas que aparecen tras haber sacado, hasta la fecha, aproximadamente 700 cuerpos de los 2.338 represaliados que yacen en varias fosas comunes del cementerio de Paterna".

Las misivas estaban en el bolsillo interior izquierdo del grueso chaquetón que llevaba Francisco cuando lo pusieron ante los fusiles. "Había cinco tarjetas postales escritas, cuatro de la mujer y una de un amigo suyo, Antonio Pons", enumera González. Otras seis estaban vacías, sin rellenar y con sellos.

Su contenido revela la angustia de la esposa por su marido preso. Ella le contaba que pensaba llevarle una manta y una cuchara, y que había ido al juez a pedirle ayuda. En otra de las misivas, Nieves se refiere a un vecino que le podría ayudar. "Son postales en las que, por delante, aparece el águila franquista, el destinatario arriba y, debajo y detrás, el remitente. Las podía leer cualquiera".

El paquete contiene un papel que la mujer le dio a un guardia para que le hiciera llegar ciruelos a la antigua cárcel Modelo de Valencia, en la que permaneció preso antes de morir. Por las fechas, se sabe que se enviaron dos o tres meses antes del fusilamiento. Antes de morir, Francisco supo que sus hijos le mandaban besos. Que preguntaban por él. Y que su esposa y amigos hacían lo imposible por salvarle. Ahora buscan a sus descendientes para entregárselas.

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