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El 'déjà vu' del Rey, un Gobierno en funciones y una investidura fallida

Felipe VI aprieta a los partidos para resolver el bloqueo y evitar que se repita la parálisis de 2016 que sometió a una dura prueba a las instituciones

La familia Real en su tradicional posado en Palma.
La familia Real en su tradicional posado en Palma.
Efe

"En este verano atípico toca adaptarse a lo que ocurre en España". La frase es de Felipe VI en agosto de 2016 durante su tradicional posado de verano en el Palacio de Marivent pero bien podría ser de este año. El Rey acababa de aterrizar en Palma de Mallorca para iniciar sus vacaciones familiares con la mirada puesta en las negociaciones que en Madrid mantenían a puerta cerrada PP y Ciudadanos para desatascar la investidura de Mariano Rajoy y acabar con la parálisis de la interinidad.

La incapacidad de las fuerzas políticas para formar Gobierno sometió a una dura prueba a las instituciones del Estado, empezando por el Monarca que afrontaba en los primeros compases de su reinado una situación inédita en casi cuarenta años de democracia. Dos candidatos propuestos para la investidura fracasaron en el intento y fueron necesarias dos elecciones y la amenaza de unas terceras para salir del bloqueo.

Diez meses de zozobra política en los que la preocupación se instaló entre los muros del Palacio de la Zarzuela. Quienes conversaron con Felipe VI calificaron su estado de «preocupado» y su gesto como serio. Su propio padre, el Rey Juan Carlos, así se lo reconoció al expresidente peruano Ollanta Humala. El bloqueo puso de manifiesto el vacío legal que encerraba la Constitución, al no establecer el mecanismo que el jefe del Estado debía aplicar en caso de que no hubiera ningún candidato con opciones de ser elegido presidente del Gobierno. A esa dificultad se añadieron las presiones de los partidos, que trataron de aprovechar ese vacío legal para interpretar la ley a su favor. Pero el Rey no cedió. Don Felipe siempre ha buscado un equilibrio entre el papel que le otorga la Carta Magna como árbitro y moderador del "normal funcionamiento de las instituciones" y el principio de no injerencia en las decisiones políticas.

Con la agenda paralizada -Casa Real tuvo que congelar los viajes previstos a Reino Unido, Arabia Saudí, Japón y Corea y descartar su asistencia a los Juegos Olímpicos de Río-, el jefe del Estado siguió muy de cerca el devenir de los acontecimiento instando a los líderes de los partidos a resolver el bloqueo. "La pluralidad, expresada en las urnas, conlleva una forma de ejercer la política basada en el diálogo, la concertación y el compromiso, con la finalidad de tomar las mejores decisiones que resuelvan los problemas de los ciudadanos», remarcó el Monarca tras la segunda investidura fallida de Rajoy. Poco después, en una conferencia en la sede de las Naciones Unidas, reconocía la "coyuntura compleja" que vivía entonces España y volvía a demandar "diálogo".

Tres años después la historia se repite. El Rey llegó hace unos días a la isla balear con el país inmerso en un nuevo bloqueo, con un Gobierno en funciones y sin que Pedro Sánchez obtuviera el pasado 25 de julio la confianza del Congreso para ser investido presidente. "Ya tenemos experiencia en esto", aseveró a los periodistas en los jardines de Marivent acompañado de la Reina Letizia y de sus hijas.

Sin visos de que el PSOE y Unidas Podemos lleguen a un acuerdo y activada la cuenta atrás hacia unas nuevas elecciones, don Felipe volvió a mostrar su preocupación como jefe del Estado. Como hiciera en el pasado, llamó a las formaciones políticas a aplicarse y buscar una «solución» que permita evitar volver pasar por las urnas. "Esperemos que haya margen para que los partidos que tienen la confianza de los ciudadanos después de las últimas elecciones puedan encontrar una solución y si no la encuentran, pues también hay una solución dentro de las previsiones constitucionales", dijo el Monarca en alusión a la convocatoria de elecciones, prevista en la Carta Magna.

Felipe VI no fue más allá ni señaló a quién le correspondería dar el primer paso, pero dejó claro que, en su opinión, impedir una nueva cita con las urnas sería "lo mejor". Un deseo que comparte Sánchez, que no pierde la esperanza ni tira la toalla para intentar una segunda investidura antes del 23 de septiembre.

A finales de agosto el líder socialista reanudará los contactos con los grupos susceptibles de facilitar su reelección y compaginará esta ronda con los encuentros con entidades sociales para presionar a Pablo Iglesias y que acepte un Gobierno monocolor apoyado desde fuera por Unidas Podemos. Si llegado el plazo Sánchez no da con la llave del poder, España celebrará sus cuartas elecciones generales en apenas cuatro años.  

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